Acción Ciudadana

Lunes, 8 de agosto de 2005

Ayer iba tranquila por el mall. Bueno, tan tranquila como es posible un domingo en la tarde en un centro comercial lleno de gente, y pasando al cajero vi algo que me detuvo en seco.

Una tienda del Mall San Pedro, localizada por la entrada principal del centro comercial tenía un maniquí vestido con una camiseta de Formula Uno. Como muchas de las blusas o jackets que se ven en tiendas en san josé centro, esta también tenía marcas conocidas medio pureteadas estampadas a su largo y ancho. Qué fue lo que me sacó de base? El hecho que una de las camisetas, con un grandísimo logo centrado de Marlboro lo tenía puesto un maniquí de niño. En la vitrina. Padres se quedaban viendo y pude escuchar a uno comentar que que chuzo de camiseta para el chiquito.

No hay nadie que haya notado que no es correcto que un niño de 5o 6 años tenga puesta una camiseta que anuncia cigarrillos?

Como me sentía con ganas de hacer un cambio en el mundo, pues entré a la tienda a preguntar por el gerente o representante, para preguntarle si no consideraba equivocado vender y tener expuesta ese tipo de mercadería. Claro, obviamente la gerente no iba a estar un domingo en la tarde en el mall, así que dejé mi número para que me contactara con la excusa que era una escritora que buscaba hacer un comunicado de prensa, y no mencioné nada de la camiseta. Ahora esperaré para hablar con la señora. No con intención de armar pleito, pero para que la quite. Yo no soy ninguna inocente, y hay noches donde parezco la dragona de Shrek d tanto echar humo. Pero no le ando vendiendo el vicio a niños. Yo decidí fumar ya estando adulta, una tonta pero conciente decisión. Los niños no tienen todavía la cognición para tomar esas decisiones.

La camiseta pareciera ser original según la calidad del producto, las marcas aparecen tal y como están registradas incluyendo Ferrari, vodafone y Marlboro. O sea, es la camiseta de Scuderia de la Formula 1. Alrededor de internet no he sido capaz de corroborar si hay a la venta camisetas similares. He encontrado esta, la más similar, pero solo en tallas para adulto. De hecho, en cualquier producto infantil que he visto de la Formula 1, no hay nada de marlboro. Ni siquiera el carro del Lego de Scuderia… eliminan totalmente el logo de Marlboro. Acá lo pueden ver en grande.

Philip Morris según su página de Costa Rica especifica:
“Algunas de las provisiones de nuestro código de mercadotecnia podrían resultar sorprendentes:
No distribuimos, vendemos u ofrecemos ninguna mercancía, como camisetas, gorras o paraguas, con el nombre o el logotipo de nuestras marcas de cigarrillos. ”

En la ley de derechos de propiedad intelectual de Costa Rica encontré varios artículos que hablan sobre la propiedad de imagen de marca, entre ellos el artículo 40 del Capítulo 3 que habla que cambios pequeños que no alteren la identidad de la marca son reconocidos como marca, en el artículo 44 mencionan de la protección del uso falso de marca aprovechando la notoriedad de la marca principal, y en el 66 habla de los derechos para proteger la imagen de uso de marcas idénticas o similares si se puede prestar a confusiones.

Pareciera que Philip Morris ya tiene a la tienda denunciada, y podrán estar tomando ellos acciones por su lado. Marlboro y F1 tiene un entendido para uso de marca, lo que me parece un poco extraño de su declaración absoluta de no utilizar su marca en ropa… cuando obviamente si hay productos a la venta con el logo Marlboro. Y quién no se acuerda de las mil y una promociones Marlboro de viajes, premios, camisetas, bolsos y otros?

Y cuántos niños usarán sus camisetas de Marlboro, sus naipes de cerveza imperial, utilizarán las latas donde viene el whiskey de alcancía improvisada? Y pensar que el pleito legal mayormente sería por usurpación de marca.. no por promoción de tabaco a la niñez.

Seremos víctimas de piratería tabacalera? Tendrán futuro los niños consumistas de Joe Camel? No se lo pierdan.

Continuará….

Visual

Sábado, 6 de agosto de 2005

Me pongo los audífonos y cierro los ojos.

El conformismo de este lugar me enferma.

Me siento comprimida.

Como si existieran muchas medeas en mi.

Quiero dejarlas salir.

Buzón de Correspondencia

Viernes, 5 de agosto de 2005

Me irrita que me irrite. Estar revisando si alguien dejó notas. Siento una gran curiosidad por saber si les gustó lo que leyeron, leer lo que tengan que aportar, un comentario, un chile, una anécdota, una crítica constructiva, sugerencias de temas nuevos, o una nota de “hey, pasé por acá”. Como que a pesar de haber estado cultivando una autosuficiencia, e independencia del qué dirán, momentos como estos me hacen reconsiderar qué tan cierto será que no me importa lo que piensen otros de mi. Por un lado está el pensamiento de “debería escribir para mi” y por el otro siento que sin comentarios, es difícil mejorar.

Gracias a los que dejan comentarios… se aprecian un montón. Gracias a los otros que por msn o por email u otros medios me comentan algo que leyeron y les gustó.

Asumo que habrá gente que pasa por acá y no se reporta… no hay nada de malo con lurkers, pero ante tanto silencio, a veces preferiría que aunque sea tiren tomatazos! Que si no les cuadró algo expresen su desacuerdo, su indiferencia, su crítica mordaz. O un “nunca se me había ocurrido” o “no se ofusque, relax” o lo que fuera. O un “mejor escriba de tal cosa”.

Sale vale?

la chanson

Jueves, 4 de agosto de 2005

Ayer tuve una audición para cantar en un grupo. Casi nunca me atrevo a contar sobre estas cosas, pero en este caso tampoco espero que vaya a ser elegida como vocalista, sobre todo con la competencia y voces de las otras chicas. Canté con una muchacha que estudia ópera en la UNA después de haber llevado infinidad de cursos en la Academia de Música Moderna, y sinceramente, serían unos chapas si no la escogieran a ella. Inicialmente yo fui nada más a saber más del proyecto, de la música y a ver si necesitaban ayuda de algún tipo, la promotora me había comentado que estaban alguien para ayudar con unas voces, como back up… nunca pensé que me considerarían como posible cantante.

Los “cabecillas” del colectivo, me recuerdan demasiado a una pareja que conocí en Monteverde. Él estaba de sabático estudiando sobre el teatro foro y Augusto Boal, y su aplicación en Costa Rica para teatro comunitario, y ella era instructora de yoga. La pareja que conocí esta semana parecieran haber sido producto de las mismas influencias sanas, de cambio, de hacer algo para mejorar la sociedad más allá de quejarse. El proyecto que manejan tiene mucho que ver con música de tono político, protesta, hacia un cambio positivo en la sociedad. La filosofía de arte como vehículo de cambio. Además de la voz, también hablamos de un posible freelance ahí para escribir con ellos, para diversas páginas de tono más ecológico, asistir en lo que son compus y comunicación escrita.

Así que para hacer algo que me trae mucha satisfacción, además de estar en un ambiente político-social-musical… creo que se acercaría mucho a mi trabajo ideal. Y siempre podría recibir entrenamiento por parte de los que sí cantan y pegan las notas. Tal vez inclusive me anime a llevar cursos de canto, para darme un gusto.

Memorias

Miércoles, 3 de agosto de 2005

Ciertas cosas me dan una sensación alegrona en la panza, y una de esas es ver imagines retro y de archivo.

Algunas me hacen gracia.. otras me dan pánico. Y otras, me generan una sensación de nostalgia.

Por ejemplo, el jabón decorado con alfileres que estaba en el baño de mi abuela. También siempre recordaré ese baño con ese olor a lux rosas y la muñeca que cuidaba el papel higiénico.

El misterio de por qué la gente tendría algo así en la sala:

O mi mamá arreglándose para una cena formal, y yo sentada en la cama viéndola maquillarse y alistarse:

Los cubrebotellas del bar de mi casa:

Mi mamá mostrándonos los delantales que había cosido para su ajuar antes de casarse, en una época donde una mujer hacendosa hacía sus manteles, servilletas, ropa y delantales, además de bordar fundas de almohada, sábanas y toallas para uso del hogar.

Pero mayormente, recuerdo con cariño el juego de pyrex que hizo decenas de lasañas de carne, souffles, queques, quiches… Desde que no están, la comida ya no sabe igual. Algo en un pyrex de esos me sabe a hogar.

Seré yo maestro?

Martes, 2 de agosto de 2005

El domingo conversaba con un amigo y me hizo replantearme algunas cosas (si, es posible que medea cambie de opinión y le de la razón a otra persona). Una cosa es tener defectos y conocerlos, y otra es que alguna persona te los mencione como características personales que me hacen “yo”, y que no las vea como parte de lo que me hace ser Medea y no otra persona. Si las corrijo.. que tanto cambiaría mi esencia? Sería un cambio para bien o para mal? Qué tanto son simplemente defectos y no hay cómo justificarlos, y qué tanto serán características individualizantes?
Cosas que se mencionaron: que soy concha. Digo las cosas como son y no me detengo mucho a pensar en como le sonarán a la persona que las oye. No es con la intención de herir.. solo se me salen así sin suavizar.
Cómo ser directa y honesta sin rayar en lo grosero?
Me creen elitista y exclusiva, que soy exigente en quienes escojo como amigos. Es cierto. Tengo pocas personas a quienes considero “amigos” de verdad. Creo que en este momento no tengo ninguno así como “amigo del alma” como ha sucedido en el pasado. Tengo compañeros, compas, amiguillos, pero por ahora, el puesto de mega compa así de aventuras, desventuras y confesiones está libre. Algo irónico es que mientras soy lo más aguantador, alcahueta y comprensible con mis “mejores amigos”: a los conocidos, compas y similares no les aguanto mucho. Si me cancelan salidas varias veces, dejo de invitarlos. Si me doy cuenta que nunca llaman, que siempre soy yo la que levanto el teléfono a saludar, tampoco vuelvo a hacer el esfuerzo. Pero a mis “mejores amigos” les perdono casi que todo. A veces rayando en lo ridículo.
Cómo alcanzar ese balance de confianza, paciencia y comprensión equitativa?
Me gusta dármelas de autosuficiente e independiente. Y ciertamente, en muchas cosas lo soy. Pero hay otras donde odio pedir ayuda. Generalmente trato de arreglármelas sola, sin intermediarios o asistentes. El problema es que uno necesita de otros. Soy independiente en muchas cosas, hermética con muchos de mis problemas personales. Los problemas serios me los callo, los leves que sé que tienen solución son los que a veces comparto. No tanto por una respuesta o solución sino para quitarles peso e importancia. Me cuesta mucho admitir cuando necesito ayuda en serio, como que tengo dos modos: modo “en realidad no es tan importante” y modo “se me está desbaratando el mundo”. En uno pareciera que estoy contando algo que sucedió y no es para nada una petición de ayuda, y el otro es un grito desesperado con lágrimas y mocos por ayuda que pareciera de actriz de novela de 3ra categoría. No he aprendido a pedir favores con gracia y elegancia. Parte puede ser debido a rezagos abandonados que no he cultivado y mejorado de mi personalidad: en otras palabras, inmadurez. Tal vez no me gusta pedir cosas porque corro el riesgo que me digan que no, y prefiero que sea un no para algo no tan importante, y no para algo vital. Y sé que me ha generado problemas en el pasado cuando no pedí ayuda o compañía en momentos muy difíciles.. y mis parejas pensaron que no los quería conmigo, cuando simplemente no quería arriesgarme a que me dijeran que no podían acompañarme o estar conmigo.
Cómo reconocer que pedir ayuda no significa que uno no puede hacer algo solo?
Se aceptan sugerencias. Por favor.

Medea en su fin de semana

Viernes, 29 de julio de 2005


Esta vez

Jueves, 28 de julio de 2005

Después de un fin de semana espectacularmente maravilloso… y bastante extenso, estoy de regreso en el trabajo.

Creo que el exceso de fiesta del finde me afectó las neuronas más de la cuenta, ya que Medea inteligentemente estaba trabajando, como es usual, en 2351351 cosas a la vez. Y. No. Salvó. Nada.

Obviamente, adivinen que sucedió? Se crasheo el gajo, mi trabajo de horas perdido, un deadline encima y digamos que estaba un poco más que estresada. Y lo que más me dolió? Mi EXCELENTE recuento de la noche del lunes en Bamboo. Les juro que leer esa maravillosa obra era como estar ahí­ mismo, viviendo la noche en la compañía de Yours Truly. Entonces a falta de energía, cerebro y memoria para reescribirlo, voy a hacer un resumen crestomático.

Bamboo Reggae Nights
Ingredientes:
6 pachangueros
1 carro
1 caja de vino
1 porro
una dosis generosa de reggae
una pizca de arena

Mezclar los ingredientes hasta conseguir una masa un poco lenta pero con mal de risa. Cuando haya bailados suficiente y nombrado todos los pasos de baile con nombres tan corrongos como: majando cucarachas, el “no estoy pijiado”, “muñeco triste”, “pogo stick”, entre otros, incorporar los ingredientes húmedos, tales como cerveza regada de vasos, sudor y lluvia torrencial.

Al congregar a todos los elementos dentro del bar, súmele unas gringas bailando arrepellado con los rastas, pensando que esa es la manera tradicional de bailar reggae, revuélvale una dosis de bañazo por un compa subido en un parlante pseudo incend¡ándose la camisa en sus intentos fallidos de impresionarnos con su baile del pene erecto, espolvorée un drag queen vestido de spandex con lentejuelas azules con un toque de machos interesados.

Meta al horno y saque cuando está tostado.

Provecho

Recuerdos de Playa

Viernes, 22 de julio de 2005

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Una niña colochuda sonríe a la cámara. Tiene un afro aureo, le faltan los dientes del frente y sus ojos parecieran desaparecer detrás de unas mejillas totalmente rojas. Su traje de baño de 2 piezas azules con letras y números negros está cubierto de arena, y pareciera que parte de la playa migró a vivir en la parte trasera del calzón. Una palita amarilla cuelga de su mano mientras la otra saluda al fotógrafo. Un castillo de arena yace a medio construir a un lado, y atrás se ve una chiquilla igualita pero en traje de baño amarillo en vez de azul que viene cargando un baldecito con agua.

La vida era tan sencilla entonces! Con una palita o tortuguita playera era feliz. Mi anhelo era que mis papás me ayudaran a cavar un hoyo para enterrarme, pero les parecía anti higiénico y decidieron no alentar mi vocación de sepulturera. Teníamos unas tablas de estereofón que siempre nos acompañaban en el carro con su distintivo chirrido destemplador de dientes cada vez que una rozaba contra la otra. El mar peruano es toda una experiencia. La gélida corriente Peruana, anteriormente conocida como “Corriente del Humboldt” causaba que la temperatura del agua de mar fuera como estar metiendo los pies en un río que baja de una montaña. Frío es piropo. Era todo un espectáculo ver a las personas salir moradas del agua. Aprender a nadar y apreciar el mar cuando sientes que tus dedos se van a caer a pedazos crea carácter.

Santa María era una playa “pituca”. Veías las casas de los millonarios que daban a la playa, con escaleras de cuerda para ayudar a bajar hasta el arena. Otras playas limeñas eran largas extensiones de arena que no se acababan.. Podías seguir las dunas y arena hasta llegar al comienzo de la Sierra, únicamente interrumpida por la Panamericana. Si no llevabas sombrilla, te tostabas. No hay árboles en las costas limeñas, eso es un lujo de estos países tropicales. Allá habían ranchos de metal, lona o esteras, porque ni palmeras existían cerca para usar las hojas como material para taparte del sol.

Y pensar que ahora voy a un lugar donde la jungla se une con el océano, donde el agua es tibia, te puedes sentar debajo de una palmera y disfrutar de un aguacero en la tarde desde la comodidad de tu hamaca. En estos momentos me doy cuenta porque vivir en este país es un sueño para tantos. Cuando estás de vacaciones, pocas cosas se parecen más al paraíso que Costa Rica.

Mercado

Jueves, 21 de julio de 2005

En estos días han sido varias las personas con las que he hablado sobre San José, y la experiencia de estar por ahí caminando de compras, dando vueltas por ahí, viendo gente o simplemente apurándose para agarrar un bus. Una de las paradas que me encanta hacer es visitar el Mercado Central.

El mercado central de San José me recuerda a la plaza de mercado en Lima, y cómo mi mamá nos llevaba a comprar frutas y verduras. “Caserita, que necesita?”, “En que le ayudo seño”, y las voces que hablaban en quechua, un idioma tan líquido y rítmico que me imagino que debe ser posible saborearse cuando se habla. Me impactaban las gallinas: como estaban en jaulas cacareando hasta que alguien las escogía.. Entonces con una mano firme les cortaban el pescuezo, las dejaban colgando para escurrir la sangre y las metían en una olla con agua hirviendo para desplumarlas, y todo eso lo hacían en minutos. Por muchos años trataba de ver si a las vacas y chanchos les habían hecho lo mismo, y me preguntaba como harían para meterlos en el agua caliente. Algo repugnante, pero impactante.

Mi mamá regateaba con las cholas, conversaba con ellas sobre crianza de hijos cuando las veía con los bebés a la espalda, asomando las diminutas cabezas por encima de las coloridas llicllas con los que su madre los transportaba. Mi mamá se sabía los nombres de las tendederas y de qué parte del país provenían. A veces con solo ver el traje típico ya podía preguntarles si eran de tal o cual zona y hablar sobre la situación política, los desplazados, la situación. Tengo la impresión que los tendederos y tendederas querían a mi mamá, y a pesar de no tener mucho le regalaban a la “seño” siempre algo: naranjas, limones, uvas, tunas, zapotes o lúcumas, además de las aceitunas de botija que mi mamá insistía en probar antes de comprar, rellenas de almendras, chile dulce o así nomás, con o sin semilla. En el mercado vendían de todo: unos bellos canastos multicolores con o sin tapa que en mi casa lo usaban para el mercado, ropa sucia, guardar naranjas, meter los paños y otras necesidades para la playa, globos para llenar de agua en los carnavales, chucherías, hierbas medicinales, habían tramos que solo tenían diferentes variedades de papas, granos, cereales. Podías comprar fideos, salsa china, y mantequilla como también oyukos, chuño y charqui, comidas tradicionales incaicas.

Creo que parte de esos recuerdos son la razón por la que me gusta ir al mercado central de San José. La cantidad de personas que se mueven ahí, el calor humano que se siente, el sabor de un helado de sorbetera con barquillos sentada a la barra, viendo a las parejas cuarentonas compartiendo un granizado con helado y gelatina, o un heladito grande con los guilas. Ver a los meseros emocionados cuando se acerca la muchacha que trabaja en algún otro chinamo a conversar. El hecho que uno pueda conseguir de todo en el mercado: flores, adornos, regalos, pasamanería, comida y arena para mis gatos, ollas, plásticos, juguetes tradicionales y los no tanto, ropa, zapatos, piñatas. Sentarse a comer un casado en una soda o comer comida colombiana a la salida del mercado, viendo pasar la gente y disimuladamente observando a los demás mientras comen. Otras veces abro un libro y me siento a degustar literatura y alimento a la vez, balanceando el libro con una mano mientras me llevo la comida a la boca con la otra.

Tal vez sea un poco extraño para muchos, pero me siento mucho más a gusto almorzando sola en el mercado que en un mall. Inclusive los ingredientes que compro en el mercado para las raras veces que cocino.. saben más rico cuando han sido escogidas en el mercado central y no en el automercado.

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