"There is nothing either good or bad, but thinking makes it so". – (Act II, Scene II).
Lunes, 24 de octubre de 2005
Vivo peleada con el teatro. Soy graduada, directora, actriz, escenógrafa, vestuarista… y me reuso a trabajar en aquello a lo que le invertí 4 años a tiempo completo. Estoy de malas con el teatro de Cuesta de Moras, con las sexicomedias, con los shows con drag queens y playos. Me doy de frente con el teatro “formal”: La compañía nacional de teatro, el TU, los y las directoras del gremio, el público “culto” que mira con desdén al teatro “comercial”, el público que va a la Aduana y aplauden como descosidos al ver una obra mal hecha antes de admitir que no entendieron ni costra. Con los montajes caros, malos, y mortalmente aburridos. Que teatro de calidad es montar Shakespeare, Moliere, algún ruso o Neil Simon de la manera que sea. Para los directoers que piensan que si el público no entendió, entonces es inculto o ignorante. De los que hacen obras sobre problemas lejanos sin aterrizarlos en los problemas actuales y locales. Asqueada con que el actor mejor pagado en Costa Rica haya sido un extra para un papel que ni siquiera existía y con ningún parlamento. Era el caballo que apareció en Ricardo III: Un montaje donde el texto de “mi reino por un caballo” se ve ridiculizado al ver que el animal está ahí a escasos metros. Transporte, veterinario, comida de primera, camerino para él solo. Harta con los que premian una escenografía plagiada como la mejor en los premios nacionales. Con los que declaran la categoría de teatro como desierta aunque hayan estrenado 4 obras originales en cartelera ese año. Hace poco hicieron un montaje de Romeo y Julieta… al cómodo precio de 8000 colones. Cultura para todos? Creo que no.
Como si el teatro tuviera 2 únicas corrientes: la incomprendida y la “comercial”. Como si tener público y ofrecer un producto atractivo fuera un crimen artístico. Para la compañía de teatro, que no necesita del público para subsistir ya que los salarios los paga el gobierno, es obvio que no comprenden la necesidad de tener un teatro “comercial” tal como lo define la RAE: “Que tiene fácil aceptación en el mercado que le es propio.” El teatro apoyado por el gobierno esta estancado en un mundo en el que reproducen teatro como piezas de museo y escogen obras para “educar” al pueblo. Solo que pareciera que “educarlo” es sinónimo de hacerlo sentir ignorante, no en realmente tratar que aprenda algo distinto. Llega alguien a ver una obra de La Compañía para sentirse culto y disfrutar teatro bueno… y sale desilucionado, sintiéndose tonto y definitivamente re-educado: aprende que ese tipo de teatro no es para gente como él, le hablan en lenguas incomprensibles y de asuntos que no entiende. Así que regresa a seguir viendo teatro que es fácil de entender, dicho en su idioma, que toca temas con los que se identifica. Teatro que le dan a buen precio en el centro de San José, al que puede ir y reirse, disfrutar y no sentirse menos que los demás que están en la sala. De eso mismo sufre el TU. Un teatro universitario subvencionado… pueden hacer cualquier mamarracho y porque son los académicos de teatro hay que tragar entero y asumir que uno es el equivocado y el que tiene mal gusto. Los teatros independientes que montan espectáculos que unen ambos mundos se ven forzados a hacerlo con insuficiente promoción, en espacios alternativos, una sala prestada o un espacio no teatral. Por lo general no tienen dinero para alquilar una sala con público fijo y pasan desapercibidas. Pero como la calidad de un grupo a otro varía ampliamente, la gente prefiere no arriesgarse… a ver si a los grupos independientes no les gustaría ser “comerciales”. El teatro “comercial” depende del público para subsistir. Tienen un mercado definido, suplen una necesidad y el producto lo diseñan para ser atractivo para ese mismo público. Pero prescinden de la calidad. Resultados? Llenazo en “despiche en Sagrada”, Despelote VIP y Papi Chulo. “Más de 100 funciones”, gente que regresa a sus casas sin haber podido entrar a ver la obra porque no quedaba espacio. Y el contenido? Se lo quedamos debiendo. Qué sería del teatro costarricense si por un momento cada extremo bajara las barreras y se dispusieran a aprender unos de otros? Que algún académico de la Universidad de Costa Rica se dispusiera a analizar exactamente qué es lo que atrae la gente y por qué se llenan esas salas por la plaza de la democracia con gente que sale satisfecha del teatro? Que sucedería si los que se dedican a trabajar en el teatro del populacho se pusieran a ver cómo meter contenido sin espantar público?
Parece ser que muchos viven en los 70′s literarios de los que habla Coehlo, un escritor a quien también tachan como “comercial”. Culpable porque sus libros los entiende cualquiera, porque tienen un mensaje positivo que es accesibles a todos. Porque vende. Porque es popular. Acaso no es ser “comercial” la meta de cualquier artista? Que su obra sea conocida, comprendida y comentada? Y si tiene un mensaje, dice algo, se comunica con el público, se convierte además una herramienta poderosa. Lo he experimentado. Estando en la U dirigí una adaptación de una obra de Christopher Durang para un examen. El día del ensayo general el público, compuesto por estudiantes de artes y teatro, se reían a carcajada limpia, gritaban de la risa y al terminar se pusieron de pie para seguir aplaudiendo. El resultado se repitió el día del examen cuando estaba la sala llena de espectadores, tanto gente de teatro como personas comunes, corrientes y silvestres. Cuando al año siguiente estuvo en temporada en el teatro, las funciones estaban llenas, llegó gente a ver la obra varias veces y llevaban personas conocidas para que la vieran. Intentaba buscar esa comunicación entre un producto diseñado para ser atractivo al público, de tema definido, hecho con humor y calidad, pero que a la vez fuera chocante y transgresor. De la crítica negativa que recibí el grueso de ellas fue por mi decisión de no dar espacio para aplausos finales, tradicionalmente un espacio para agradecer a los actores y al director por la obra. No quería agradecimiento, lo que quería era que el público se fuera del teatro con una sensación de algo inconcluso, con ganas de comentar la obra, y la necesidad de darle un cierre ellos mismos, de hacer algo al respecto. Quise romper con estructuras establecidas y tradicionales, hacer teatro experimental que fuera comprensible para cualquiera.
Shakespeare escribía lo que la gente quería ver y lo llevaba a lugares accesibles. También fue tachado como inmoral. Tal vez era el mismísimo equivalente de los teatros de Cuesta de Moras. Si querían muertes, metía muertes. Quería amantes? Metía amantes. Pero dentro de los eventos incluia un discurso que tocaba sobre temas relevantes para todos: las luchas entre jóvenes y adultos, la responsabilidad familiar, el engaño, etc. El teatro más influyente a lo largo de la historia ha sido aquel que decide hablarle directamente al público, que dobla esquemas, que busca a la gente en su propio ambiente. Teatro callejero, teatro en cárceles, en asentamientos humanos. Teatro foro, donde se habla en el lenguaje de la comunidad. Cuál es el punto de hacer teatro dirigido a aquellos que ya tienen una educación privilegiada? Teatro únicamente como otra fuente de entretenimiento para la élite? Mucho mejor hacer teatro para aquellos quienes por cantidad pueden hacer presión, pueden descubrir cosas sobre ellos mismos que los ayuden a superar dificultades, que sea un suplemento a lo que no se aprende en los colegios públicos. Hay obras difíciles que son puestas en el lugar indicado son inmediatamente asimiladas por el público: Woyzeck de Buchner o los Bajos Fondos de Gorki montado en una cárcel, y los reos comprendiendo todo lo que hay detrás de ambas. Por qué no he hecho más teatro en salas? Me gustaría echarle la culpa a la falta de apoyo y compañerismo entre teatreros, donde el puñal en la espalda es el saludo habitual. Si te va bien, te odian, si te va mal te miran con lástima. Acusar a la falta de tiempo, al no poder dedicarle tiempo completo porque todavía en este país no se puede vivir de ninguna de las artes, a la dificultad de conseguir una sala. Al amiguismo, al nepotismo, a la corrupción. Después de todo, qué credibilidad tiene el teatro para señalar con el dedo los problemas de la sociedad si es culpable de lo mismo de lo que acusa a otros? Sin embargo serían puras excusas. En realidad descubrí que el teatro para mi no debe ser un fin, sino un medio. Me di cuenta que para lo que quiero hacer a veces usaré el teatro como herramienta y otras veces usaré algún otro medio más eficaz. Después de todo no me interesan los aplausos, las felicitaciones, una crítica floreada en un periódico. Prefiero un comentario de un espectador, positivo o negativo. Alguien que llegue a decir “Vea, yo no entiendo de teatro, pero…” y de una opinión que ve hasta la médula del problema. Inclusive que no digan nada, pero al tiempo ser perciba un cambio. Hacer teatro por hacerlo no me interesa. Lograr un cambio de actitudes en un grupo de personas, si. Seguiré dedicandome a cantar rock social-ecológico, escribiendo, dando clases o haciendo voluntariado. Y quién sabe, tal vez algún día aparezca nuevamente en las tablas.

Medea. Peruano-colombiana bilingüe, costarricense por costumbre.













