Otilia Yunima

Martes, 24 de enero de 2006

Siempre son los buses los que me incitan a la contemplación de la especie humana. Que tendrán los transportes públicos que hace que gente tan aparentemente disímil se encuentre con decenas de personas irrumpiendo drásticamente en el espacio personal? Porque en un bus, podés estar nalga con nalga con un desconocido si estás de pie, muslo contra muslo con el que va sentado a la par, de tal forma que la única razón por la que la gente sabe que no son pareja es porque los brazos los tienen lo más pegados al cuerpo y nadie anda abrazando a nadie más. Vas sentada, mirada al frente y alguien de pronto está ahí con sus genitales a escasos centímetros de tu hombro, y cuando alguien suelta el grito de “puerta!”, esos escasos centímetros se convierten en inexistentes mientras la filosofía de la “doble fila” se ve retada por el hecho que para que alguien salga tiene que convertirse por unos momentos en triple fila. Vas ahí sentado con tu cabeza apoyada donde cientos de otros han puesto su cabeza. Algunos con su Wet look de Famo, otros con su crema para peinar Suave, algunos con un mousse caro de Herbal Essences, y los más oldschool con su brillantina y agua florida.

Cómo será la vida de los que limpian los buses? Que tantos fragmentos de vidas ajenas encontrarán? Notas de papel que los muchachos sordos se estaban pasando, un arete que se le cayó a la secretaria del Interfin, un chicle que pegó el del Dobles debajo del asiento. No me gustan los buses “cómodos”, esos que tienen asientos rellenos y con “cojines” peluditos. Siempre que viajo en los de asientos de madera o plástico moldeado me imagino que le dieron su buena lavada a manguerazo, pero con los de peluchito sé que no es así. Nadie va a pasar una aspiradora por los asientos de un bus… o si? Lavarán alguna vez los descansa cabezas de los buses interprovinciales? Se dedicarán a sacar las boronas petrificadas entre las costuras de los asientos de vinil? Los limpiarán cada día o de vez en cuando? Que productos usarán? Windex para las ventanas o a punta de detergente y agua?

Después analizo los “altares” que se arman los choferes en “su” bus. Las cortinas en crochet con el nombre de la ruta tejido en diferente color de lana, los flecos trabajosamente amarrados que con cada bache vibran y se mecen de lado a lado. Quien decorará el bus? Será el chofer en un arranque de diseño interior que le compra una marcha de acrílico transparente con la imagen del Sagrado Corazón de Jesús en el interior? O será la novia quien les pega las calcas de Bob Esponja que seguramente les regaló un maromero que se subió en nombre de una organización de caridad?

El chofer se acomodó en su silla satisfecho. Por primera vez en muchos años, ya tenía SU bus. Sería el único que lo manejaría, quien lo chinearía. La Silla estaría siempre a la altura y distancia indicadas, La espuma de los pases quedaría en el bus, no tendría que andarla jalando de adentro para afuera. Podría dejar un rollo de papel, un menudillo para comprarse el cafecito. Hasta podría guardar un termito para llenar con café durante el viaje! Se inclinó sobre el motor y agarró el maletín de mano que había dejado ahí encima descansando…Con una sonrisa plena metió la mano y sacó una bolsita blanca plástica, cerrada con dos grapas. Con los dientes le arrancó un pedazo a la bolsa y sacó una bola de billar. El número 8, la bola negra. Sosteniéndola en la mano izquierda, usó la derecha para desenroscar la marcha de madera, y la intercambió con su nueva compra. La bola de la suerte. Probó como se sentía en su mano. Limpia, seca, lisa. Nada de astillas, ni esa sensación pegajosa donde la vieja se unía con la palanca. Esta estaba reluciente, brillante. Y así la mantendría. Limpia. Porque nadie más la tocaría excepto él. Se levantó para acomodar el espejo retrovisor, y notó el hueco donde podría meter una radio. Todavía no decidía si quería una radio con CD o con cassete, o prefería nada más tener las frecuencias FM… Estaba ahí de pie estudiando el agujero cuando alguien le rascó el vidrio. Miró a la puerta y ahí estaba su mujer. Traía una sonrisa que le hacía eco a la que él tenía pegada al rostro. En sus brazos sostenía una cobija de lana en sus colores favoritos: rojo y negro. Los colores de la Liga. Él le abrió la puerta y ella subió contoneándose. Lo saludó de beso y pasó su carga a sus manos. Él abrió la manta y vio que le había tejido un parasol, para colocar en la parte alta del parabrisas para no quemarse mucho con el sol. Y era de la Liga. Quitó el deslucido cortinaje café estándar que estaba ya desteñido, y ella le ayudó a pasar la varilla por las puntadas para que quedara bien estiradito. Con una pequeña acrobacia lo volvió a colocar sobre el riel y estaba perfecto. Iría genial con las banderitas de la Liga deportiva alajuelense.

Se sentaron ahí sobre el motor juntos, y vieron hacia el fondo del bus, hasta los últimos asientos. Después de años de manejar buses ajenos, este era de él. Ella le haría una caja para la espuma, y había prometido que ésta si diría La Liga y tendría al león en lana café, ya tenía el patrón y todo. Que lo acompañaría en la ruta y lo ayudaría con los pases, por lo menos esta primera vez que hacía la ruta en su propio bus. Con un beso el regresó al asiento del chofer, ella se acomodó a un ladito de la tapa del motor y con unas cuantas revoluciones del motor, arrancó Otilia Yunima, en su viaje inaugural.

Narnia

Lunes, 23 de enero de 2006

Hace 15 años probablemente fue la primera vez que escuché de Narnia. Devoré “The Lion, the Witch and the Wardrobe” pero el día que me pusieron a ver la película casi que entro en huelga. Me pasó el síndrome Mafalda: ya teniendo en mi mente una imagen de los héroes, no quería aceptar que me pusieran a una Lucy tan fea y tan mamulona, y una Susan tan ineficiente. Refunfuñé cuando me pusieron las películas, y no quería sentarme a ver a mr. y mrs. beaver tan mal disfrazados y a un Aslan que parecía Falcor de la historia Sin Fin. Después vi las otras películas que seguían y como todo lo que es forzado, me sentaron mal.

Sin embargo, ahora que salió esta nueva versión de The Lion the Witch and the Wardrobe recuperé el amor por las adaptaciones. Me doy cuenta que ahora es la época perfecta para las adaptaciones, la tecnología es tal que se pueden lograr efectos increibles. Pudimos viajar con Frodo hasta Mordor y verlo esconderse de Sauron. Pudimos seguir las aventuras de Harry Potter en la copa de Quidditch y después en el Triwizard tournament. Y ahora regresé a Narnia y desee tener un ropero de esos en mi casa…

La adaptación es magnífica. Muy fiel al libro y explota elementos que son para mí muy valiosos: la escena que abre la película de los pilotos de guerra bombardeando la ciudad, el horror de la guerra, el pánico, miedo, la desesperación de las madres exiliando a sus propios hijos para salvarlos de los horrores de los bombardeos. Uno entiende la crisis de Peter y su obligación en proteger a sus hermanos para mantenerlos a salvo. Una escena que garantizó que en esos primeros 5 minutos ya estuviera con lágrimas corriéndome por las mejillas.

La película mantiene la inocencia de las antiguas historias de fantasía. Es una historia fantastica narrada de una manera lineal y fácil de seguir. Se concentra en la aventura, en ese mundo de Narnia de guerras, tristeza, esperanza, crueldad y de promesa. No vemos los recursos modernos de meter chistes para hacer más amena la historia… quien no tenga imaginación y necesite ser “entretenido” durante una película con chistes escatológicos la va a encontrar lenta. Los personajes que se manejan son de la fantasía clásica: sátiros, ninfas, minotauros, grifos, centauros, arpías, duendes, gigantes, enanos. Tenemos a la zorra con su estigma de traidora, a los animales que hablan, a una bruja que aunque vaya de blanco es mala, a los clásicos lobos como fuerza del mal. Tal vez para nosotros sean elementos un poco pasados de moda, pero para las nuevas generaciones probablemente sea la primera vez en contacto con estos seres mitológicos, y creo que no se perderán de la magia que una historia bien contada trae consigo.

El elenco me encantó. Una mejora definitiva si lo comparamos con la horrorosa versión de la BBC:

y que me dicen del profesor? Por un momento juré estar viendo a Count Olaf:

Así que si no la han visto, anímense a ir a pasar un muy buen rato al cine.

coolhunting

Viernes, 20 de enero de 2006

Hace unos meses me contaron de un concepto interesantísimo: el cool-hunting. Esa búsqueda de tendencias, de lo que va a estar de moda, de las cosas que van a ser bestsellers antes que siquiera salgan a la venta. Entonces más tarde que temprano me pongo a investigar y resulta que la tortilla se ha volcado y pareciera que ya el cool hunting pasó de moda.

Ahora dicen que lo “cool” está out… que lo que está IN es lo “quirky”… lo eccéntrico, extraño, distinto, diferente. Entonces me pregunto…

a quien le importa?

a la deriva

Jueves, 19 de enero de 2006

Tengo un bloqueo mental. Tengo un bloqueo laboral. Me prometí ser más feliz en el 2006 y pareciera que no estoy cumpliendo. Perdí la energía en el trabajo. Me siento obligada a seguir aquí sencillamente por falta de algo mejor. El jefe dice que es un problema mío de actitud, pero qué más quiere que haga? Sé que lo que hago es importante para la empresa, pero no es importante para mi. No es ningún reto, ningún aprendizaje nuevo. Parte de mi me quiere dar un cachimbazo por no comprender que trabajo es trabajo y no es divertido y por eso le pagan a uno por hacerlo.. pero la otra parte sabe que es posible y que hay muchos que viven felices de lo que les da de comer. De salud dinero y amor tengo 2… si quiero recuperar salud sufrirá el dinero. Si no tengo dinero nuevamente entraré en problemas de salud. Tengo que sentarme, meditar, replantearme una estrategia a futuro de lo que quiero y puedo hacer.

Creo que mi problema sigue siendo ese.. me quejo y me quejo de no saber que hacer con mi vida pero no hago por donde solucionarlo. No tomo decisiones, no me comprometo, nada más sigo con lo que me tira la corriente. Pero no sé como salir de ese ciclo. Porque heme aquí haciendo exactamente lo mismo. Prometiendo y no cumpliendo.

Alguien tiene opciones de trabajo en las que la habilidad de yours truly sean de utilidad? Escucho ofertas.

hikikomori

Miércoles, 18 de enero de 2006

En Japón hay jóvenes anti-sociales no son violentos, mafufos y mafiosos…Simplemente se convierten en asociales que se alejan completamente del contacto real con personas. Algunos se encierran en sus cuartos y no salen ni a comer, sencillamente compran algo en el super de la esquina convenientemente abierto las 24 horas… y hacen esto por semanas, meses, años y aún décadas.

En otros países los jóvenes sacan pistolas y le disparan a sus compañeros en ataques de ira, muchas veces como represalia contra aquellos quienes los hicieron sentir menos que ellos, poco populares, tontos o feos, como sucedió en Columbine. Otros deciden convertirse en góticos y aceptar todo eso que los hace diferentes.

No sé por qué me llegó particularmente esta diferencia. Que jóvenes de un lado del planeta se consuman en si mismos y que al otro lado del planeta más bien consuman todo lo que se les atraviesa. Será que en los países “mediocres” (que estamos en el medio) los jóvenes se pasan de un bando al otro? O que sencillamente no escuchamos de los casos de adolescentes hermitaños así como no escuchamos de la cantidad de adolescentes que se suicidan al año en Costa Rica? O será que en realidad es algo TAN cultural que solo se convierten en hermitaños jóvenes japoneses, y no existe la posibilidad de hermitañas ticas de 20 años?

Tal vez haya algo de ocultar el polvo debajo de la alfombra, de limpiar por donde pasa la suegra, de teñir las canas y ocultar esqueletos en el armario. Me pregunto si es más preocupante el joven que se rebela dejando su rastro pintando graffittis en paredes ajenas, tatuandose, embriagándose como parte de una manada humana en la vía pública, que aquel que simplemente decide dejar de existir para los demás y se dedica paulatinamente a desaparecer.

Cada vez pareciera que los medios y la gente solo hablan de un tipo de adolescente problemático.. y creo que escogieron al que les da más oportunidades de señalar con el dedo a “obvios” culpables como la música rock y los juegos de video. Quisiera saber a quién acusarían como culpable del fenómeno hikikomori. La iglesia? Los padres involucrados y exigentes? El cálculo diferencial? La meditación trascendental?

wtf!?

Martes, 17 de enero de 2006


Un matamoscas de 75 USD.

Pronto sacarán las bolsas plásticas de diseñador para llenar con agua y guindar del techo, los gatos de papel con diseños postmodernistas que combinan con la decoración y los mobiles inspirados en Alexander Calder, con cada pieza pegajosa que atrape moscas.

Aunque la mona se vista de seda, la mona, mona se queda.

La Cruz de Alajuelita

Lunes, 16 de enero de 2006

Nota para los que quieran subir a la cruz:

Lleven ropa extra en bolsas plásticas.
Lleven comida preparada: sanguches, chocolates listos para comer. Armar un sánguche donde hay que partir el pan, echarle mantequilla, abrir el jamón, echarle el pollo arreglado, cortar el queso es una tarea poco envidiable bajo un aguacero.
Lleven bolsas plásticas para echar el celular, billetera y llaves.
Si no tienen ropa extra, no se pongan el sweater durante la caminata. Si lo dejan guardado, cuando terminen pueden quitarse la camiseta mojada y meterse en el sweater seco y calientito. Mucho mejor que tener que andar jalando un sweater empapado por toda la ciudad.
NO vayan en sandalias. Nunca.
Una gorrita es una salvatandas. Te proteje del sol, o en su defecto, evita que te caiga la lluvia directo en la cara. Además aunque esté mojada ayuda a mantener el calor corporal.
Lleven chocolates. Coman chocolates.
Un bulto que va en la espalda es mucho más práctico que un maletín de una sola tira.
Disfruten la vista, disfruten el proceso.
Saluden a Don Armando!


Subí a la Cruz de Alajuelita ayer. Nunca había hecho esa caminata y fue toda una aventura. Éramos 13 los que nos atrevimos a ir en un día oscuro y mojado como ayer hasta la cima. Salimos del parque central a las 930 y caminamos hasta la parada de Alajuelita donde tuvimos que esperar como 30 minutos para que llegara el bus de El Llano. Ese momento fue aprovechado por algunas para comprar tenis de una distribuidora y guardar las sandalias que habían llevado puestas. Mientras esperabamos debajo de ese alero y las sombrillas dudamos de nuestra sanidad mental. Qué tanto queríamos salir de San José para ir a pasar frío a otro sitio? Ya en el bus el ánimo cambió. Teníamos comida, bebidas y ánimos para enfrentarnos a lo que nos tuviera el destino preparado, y como señal de buena fe, el sol salió esplendoroso sobre Alajuelita y nos apuramos a sacar bloqueador, anteojos oscuros y gorras. Sin embargo, al llegar al Mirador San José, el punto de partida para la caminata, ya el sol había regresado a su posición detrás de las nubes y una garúa comenzó a caer.

La caminata inicia con un kilómetro de calle asfaltada hasta que uno llega a un restaurante italiano y se desvía por un trillo rodeado de flores silvestres. Caminamos por ese camino pantanoso y húmedo por 45 minutos y llegamos a la primera cruz. Hicimos una parada para comer chocolate y rehidratarnos, y continuamos cuesta arriba por un sendero que rápidamente iba desapareciendo entre marcas de patinazos con las tenis. Nos agarrábamos de ramas, raíces, zacate, piedras y cualquier cosa que estuviera en los bordes del trillo y apretando dientes seguíamos la escalada, buscando dónde poner el pie sin poner en peligro nuestra vida. La pendiente era pronunciada y varias veces uno tenía que meter la doble tracción y utilizar manos y rodillas para seguir escalando. Cuando terminábamos segmentos particularmente difíciles teníamos la satisfacción de levantar la mirada y apreciar todo el valle central frente a nosotros, por lo menos hasta que se cerró la montaña y la neblina nos impidió seguir disfrutando de la vista. Eventualmente llegamos a una parte del sendero mucho más plana y rodeada de potreros. Con un grito de “fresas” unas compañeras se lanzaron a recoger bayas. Nos detuvimos un momento a esperar al último segmento del grupo y entonces comenzó la garúa. El pelillo de gato que nos había estado acompañando agarró más fuerza y apuramos el paso para llegar a la segunda cruz, que por las ganas de llegar lo más pronto posible simplemente pasamos de largo. Al rato de estar caminando llegamos a lo que sería la parte más complicada de todo el trayecto: una grieta de barro amarillo por donde deberíamos subir, pero con el adicional punto que las paredes eran también de barro: no habían ramas ni matas de donde agarrarse. A punta de balance fuimos subiendo, las caídas no se hicieron esperar. Había que escalar poniendo todo el peso en una pierna para subir la otra a un nivel más alto, pero no había lugar firme ni seguro done apoyarse. A punta de fricción y ganas subimos las primeras, cuando todavía había lugares un poco rugosos, pero a nuestro paso esos lugares donde habíamos colocado nuestros pies dejaban de ser seguros y se convertían en un parche resbaloso más.

Brincando, arrastrandonos y balanceándonos llegamos a un llano donde como por acto de la divina providencia hay un tubo abierto para lavarse las manos y tomar un poco de agua fresca. Una amiga nos comentó que esa era “la casa del extraño hermitaño que presta el baño”, y el hermitaño salió a saludarnos. Pues resulta que no es tan hermitaño ni vive ahí: cuida el lugar de 8 a 5 todos los días, y vive un poco más abajo de la montaña. Don Armando nos contó que nos faltaban unos 200 metros para llegar a la cruz, así que decidimos esperar al resto del grupo para llegar juntos a la cima. Poco a poco iban llegando los más rezagados, y cuando ya estaba subiendo el último grupo, una compañera dio el grito de “cuidado con la vaca”. Ahí venía rebotando y patinando cuesta abajo una vaca con una notable cornamenta, e iba directamente hacia la resbalosa zanja de barro. Por pura casualidad, o porque es una vaca inteligente, se desvió a último momento y se adentró en el monte, pero no sin que los que venían trabajosamente subiendo la vieran ir directamente hacia ellos, con los consecuentes brincos, pérdidas de equilibrio y taquicardia. Ya casi llegábamos. Todo el grupo fue subiendo los últimos 200 metros y llegamos hasta la Cruz. Era hora del picnic. Nos sentamos en un pretilito de concreto y sacamos la comida. De pronto arreció la lluvia y hubo que sacar sombrillas y tratar de comer con una sombrilla en una mano y tratando que la comida no se llenara de agua. Fue el picnic más corto de la historia: a los pocos minutos estábamos tiritando, helados, empapados, con la comida atravesada y ganas de bajar lo más pronto posible, con el sueño personal de llegar a ponerme ropa seca… Ropa que había estado conmigo acompañándome desde el interior de mi maletín impermeable.

Las tenis estilaban agua con cada paso que daba, estaba llena de barro de las rodillas para abajo y yo era de las que mejor estaban: algunas amigas habían resbalado en el barro y estaban casi que cubiertas en arcilla. Conseguí un bastón y me lancé al regreso. Quería llegar lo más pronto posible a cambiarme. Bajamos hasta la casa del hermitaño y la mayoría decidió utilizar el baño, y como sorpresa para nosotros, Don Armando decidió acompañarnos. Nos preocupaba el grandísimo tobogán de barro, así que nos fuimos por un potrero suicida. Un tobogán de niños tiene menos pendiente que esa ladera, pero nos lanzamos detrás de nuestro improvisado baqueano, quien al llegar a la segunda cruz nos recomendó otro camino para bajar, mucho más corto y seguro. Nos tiramos cuesta abajo en un camino que estaba en mucho mejor estado que el anterior, o por lo menos hasta que llegamos a donde vivía Don Armando y nos despedimos. A partir de ahí era un solo charco de barro en la calle, con un borde con unas ramitas de zacate. Una hora después llegamos a la carretera: golpeados, con frío, los pies congelados y adoloridos y muchos sacándose astillas y espinas de las manos. Parte del grupo decidió subirse en el bus que salía para San José inmediatamente, otros decidimos que necesitabamos tomarnos algo: algunos tequila o whiskey, otros cerveza, chocolate o agua dulce. Así que regresamos a nuestro punto de partida y nos sentamos en el mirador Linda Vista a recuperar energías.

Salí en piyama. Era lo único “seco” que tenía, y lo que quería decir es que no estilaba agua y fango. Envuelta en mi sweater húmedo y medias secas disfruté de una sopa de mariscos, buena conversación y la satisfacción de haber concluido exitosamente la caminata. Si hubiera estado perfecto el día, no hubiera sido tan divertido. Eso es lo que me gusta de las caminatas. Es un esfuerzo placentero, un sufrimiento que se disfruta. La sensación que tuvimos esos 3 minutos en la cima antes que empezara el vendaval fue maravillosa.

balance

Viernes, 13 de enero de 2006

No hay mal que dure cien años, pero el mío parece que resiste unos 5 días más o menos.

Malo: Pasar una tarde agónica en una sala de emergencias con mucho dolor.
Bueno: Estar acompañada
Re bueno: La compañía

Malo: Pasar la tarde en la sala de observación en una clínica con una vía de suero y antiespasmódicos goteando directamente en mi torrente sanguíneo,
Bueno: Momento Kill bill en rayos x cuando la sangre se regresó a la vía, se safó la aguja y todo quedo bañado en sangre, sin el más mínimo dolor a mi persona. Gory, pero cada cuánto ve uno eso??
Re bueno: Sentirme mucho mejor después.

Malo: tener sed y no poder tomar nada
Bueno: tener hambre y ganas de comer por primera vez en días.
Re bueno: salir a comer sushi y una maravillosa sopa miso que me sentaron muy bien.

Lecciones aprendidas? No esperar hasta que se salgan las cosas de control antes de ir al doctor. Cuidarme más, identificar las causas del estrés y evitarlas, aprender a aceptar que el cuerpo se enferma y no sentirme culpable por ello, y que es genial tener alguien en quien contar en momentos difíciles y poco glamurosos al igual que en momentos donde todo marcha bien.

se busca

Jueves, 12 de enero de 2006

Si mi cuerpo fuera un carro ya hubiera comprado otro.

Nada más que no me decido si cambiarlo por uno con más o menos kilometraje.


Desde ayer me agarró una colitis que no me ha dejado tranquila. Siento el estómago tenso como un tambor, tengo espasmos musculares y una espalda que me duele de una manera indescriptible. Quisiera llevarme al taller a que me hagan un overhaul.

Madrugadas artísticas

Miércoles, 11 de enero de 2006

Camino al trabajo inició una conversación sobre el arte contemporáneo y mi inhabilidad de fascinarme por el expresionismo abstracto. No tiene nada que ver con si es bueno o malo. Sé que hay cantidades de teoría respaldando las decisiones artísticas de los autores, que no es simplemente gente manchando lienzos por mancharlos ni que es “algo que podría hacer mi hijo en el kinder”… pero simplemente no me mueven ni conmueven. Entonces llega la pregunta del millón: qué es lo que si me mueve y me gusta? Acá va una lista de las corrientes que si han logrado sacarme reacciones. Aclaro para los lectores detractores que NO pretendo ser compendio de historia del arte y que NO estoy haciendo un resumen sobre lo que es cada corriente. Estoy expresando lo que cada una representa para mi, y algunas conclusiones sacadas a partir de lecturas y estudios. Es un recuento personal y es 100% subjetivo.

El hiperrealismo:

La técnica artística me fascina. Voy con la definición práctica del arte como “algo bien hecho”. El virtuosismo me impresiona… con el hiperrealismo, se presenta arte más real que el objeto mismo, arte más precisa que una foto. El hiperrealismo ha sido tomado por Eco y Baudrillard como la manera de explicar el mundo postmoderno donde vivimos los signos como si fueran el objeto. Como lo explica sucintamente Borges, es como si tuvieramos un mapa del mundo hecho tan detallado que cubre el mundo real, y que nos dedicáramos a vivir en el mapa en vez del mundo. Como ejemplos podríamos tomar la bebida energética para deportistas con un sabor que no existe en la naturaleza, el arbol de navidad artificial que es mejor que uno de verdad, y por supuesto, RPGs hardcore donde un universo virtual es creado y vivido con más energía que el “real”.

El Kitsch

Para mi, el kitsch transgrede la barrera del hiperrealismo. Tiene que ser más brillante, fuerte, colorido, espectacular e impresionante que cualquier otra cosa. Es dejar de tratar de ser auténticos y quedarse con la apariencia de lo auténtico. Puertas metálicas impresas y grabadas con venas y textura de madera, la madre teresa impresa en una sombrilla, la tarjeta de cumpleaños con escarcha, platinitas holográficas, perfume y musiquita. La naturaleza del arte kitsch me encanta por su mordacidad. Por su cinismo. Por presentar esa cosa horrible sabiendo que es horrible y que a pesar de eso “gusta”, incluso a pesar del artista. Porque la virgen que brilla en la oscuridad en sí es kitsch, pero no llega a ser arte. Hasta que alguien pone a la virgen en un altar con candelitas eléctricas, flores plásticas escarchadas, un cuadro metálico con una catarata que se mueve y una caja de música plástica con algo de Richard Clayderman en el centro de una gran sala. Oh éxtasis de la incomodidad! En el kitsch me siento con permiso de disfrutar siendo pola, barroca y rococó en el presente, por un instante. Creo que nunca he disfrutado una visita a un museo tanto como cuando estuvo la exposición en los bajos del museo de Kitsch de lo Cotidiano. Ese vuelco de la panza al ver algo espantoso y maravilloso. Kitsch y Camp… una yunta deliciosa. Y para muestra, un botón: Boris Vallejo y sus superhéroes y Coolidge y sus perros jugando poker.

Surrealismo

Magritte en específico. Dalí es un genio, pero no logro identificarme. Magritte me llega, me apasiona, me pone a pensar y asumir y meditar. El dadaismo
también lo logra conmigo. Por ser tan tostado y tan molesto y representar el ridículo de los que se creen conocedores como para establecer la línea entre arte mayor y arte menor.

Pop Art

La cultura de lo popular. El estudio del humano pero sin irse hacia el pasado sino tratando de agarrar hilos para entenderlo sobre la marcha. Un poco kitsch, un poco masivo, un poco

El límite nebuloso

El arte que es difícil de separar. Instalaciones, performance art, intervenciones, arte a gran escala, happenings. Christo y Jean Claude, art brut. Lo que sea impactante, diferente, ocurrente. Robert Smithson,

Pero cuando me ponen algo así, o así, puedo apreciarlo, saber que es de buen gusto, arte mayor.. pero no logra hacer mella en mi. Seguramente es un defecto en mi, en mi incapacidad de síntesis, en cómo me cuesta eliminar lo superfluo y dejar lo básico. Tal vez en el momento que me deje de sentir amenazada por esa falta de forma les agarre cariño. Tal vez.

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