Viajes

diversidad

Miércoles, 6 de agosto de 2008

Era como estar en una disco gay. Gente repartiendo condones y margaritas, música, drag queens, transexuales, trabajadoras del sexo, y de vez en cuando un plato con pasabocas para diluir el tequila. Sólo que era una fiesta organizada por el Open Society Institute de la organización SOROS para todos los becarios de su programa.

Un grupo de música con harpa y charangos y guitarras amenizaba la fiesta, y creo que podría suponer que era la fiesta más extraña donde hubieran tocado los músicos, con bailarines Camboyanos haciendo breakdance a ritmo de las rancheras.

Esta conferencia ha sido una serie de nuevos descubrimientos. Hay cosas sobre el VIH-SIDA que nunca había pensado en que fueran importantes. Hay actitudes que me cuesta entender de muchos que están en la conferencia: uno asumiría que un aliado de la causa VIH-SIDA estaría más abierto de mente para escuchar a las trabajadoras sexuales hablar por cuenta propia de cómo consideran que el trabajo sexual es eso… un trabajo más y no es explotación ni tampoco es trata de personas. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Pero acá también se encuentran a los mojigatos que no entienden cómo se maneja la situación.

Por ejemplo: en el hotel Sevilla donde me estoy quedando, segregaron la zona del comedor para delegados de la conferencia. La razón que dieron? “los demás huéspedes se sentían incómodos con los delegados por miedo al contagio”. Esto me lo contaron de terceras manos, porque yo ni me he acercado al comedor, y no lo he experimentado en carne propia. Esta tarde tengo ganas de ir a preguntar y ver qué fue lo que sucedió y qué razones dan. Pero lo que sí sucedió es que los huéspedes de la conferencia que se enteraron de esto se pasaron de hotel. Esa decisión la tomaron en una ciudad donde no queda una habitación disponible en ningún hotel, así que creo que no se lo tomaron nada a la ligera.

Ahora que entraba a la Aldea Global, una zona más relajada y personal del evento, había una manifestación en el puro corredor. A un lado, un puñado de jóvenes con pancartas diciendo que los condones no habían disminuído los contagios de VIH, pero que la abstinencia sí. Al otro lado del corredor, las organizaciones juveniles, las trabajadoras sexuales y gente aliada andaba gritando que eran responsables por sus cuerpos y nadie más, y que sí al condón y la protección. El primer grupo no tardó mucho para irse por su lado y buscar otro lugar donde manifestarse.

Por otra parte, experimento mis propios prejuicios cuando veo tanto activismo a favor de los derechos humanos de los drogadictos que viven con VIH, o los derechos que tienen las personas seropositivas para tener hijos a pesar del riesgo de contagio. Su argumento es absolutamente válido el hecho de tener esta enfermedad no nos quita lo humanos, y también tenemos deseos, sueños y aspiraciones en nuestra vida, y no queremos ser definidos por un status como lo es esta enfermedad. Y pues todo mundo, independientemente de las decisiones que toma, es un ser humano, y tiene derechos que los deberían proteger. Lo mismo con el hecho que alguien con VIH-SIDA muchas veces no tiene acceso a medicinas de cuidados paliativos y manejo del dolor.

Igual llego a las charlas con un escepticismo, pero salgo de ellas convencida que tienen razón. Sencillamente pasa que uno nunca escucha de estas problemáticas. Es como si el problema fuera con otros. Algo que me ha quedado claro durante esta conferencia es que TODOS estamos en riesgo. TODOS. Los que somos monógamos y estamos con una pareja fija también. Porque uno nunca sabe. Uno cree conocer a alguien hasta que te das cuenta que te pegó algo. Pero ya por lo menos no pensaría que es el fin del mundo contagiarme de VIH. Porque en lo que he estado acá he visto tantos modelos positivos de personas positivas. Tanta gente que sigue trabajando duro por los derechos de otros, para que todos puedan acceder a los medicamentos que les salvan la vida, para acceso a salud, para acceso a un trabajo digno, a la no discriminación. Tanta gente que no se ha dejado morir por un diagnóstico. Gente que ha buscado una salida a poder vivir con una condición que no tiene cura. Y no puedo más que admirarlos.

De vuelos y aeropuertos

Viernes, 1 de agosto de 2008

Aquella escena de Love Actually aflora en mi memoria cada vez que paso por un aeropuerto. La gente que espera a otros, aquellos que reciben a sus visitas con ramos de flores, banderitas, e inclusive, como me tocó en Bogotá cuando regresé de Costa Rica, con una grupo vallenatero. Cuando voy saliendo con mi maleta y miro a las ventanas donde se agolpan todas las personas, un montón de caritas redondas como naranjas en góndola de mercado. A veces llego y no veo a nadie, pero a decir verdad esas son muy pocas, usualmente entre el mar de personas está alguien de mi familia. Otras veces me toca esperar a mi que alguien llegue por mi, en ese caso me siento y estudio a las personas.

Me gusta adivinar qué viajero va con qué grupo. Casi nunca pego, pero me entretiene. Veo aquella familia con dos niños que sostienen flores y pienso: llegó la mamá. Y no, sale un señor bigotón y ahí queda encartado con dos ramos un poco desvencijados de margaritas africanas. Miro al chico metrosexual super fashion con zapatos impecables y anteojos oscuros gigantes que le oscurecen la mitad de su aburrido rostro. Me imagino que espera a la novia super modelo, cuando lo veo gritar emocionado “mamá! mamá! por aquí!”. Las monjas son las que más me sacan de base. Las veo ahí, tranquilas esperando. Me imagino que viene alguna otra monjita y se van a ir a subir en una Vanette. Y no. Es una chica adolescente de esas que combinan las hebillas del pelo con los zapatos y los aretes y las pulseras y la ropa y pareciera que no se perdía un sólo episodio de RBD.

Otra cara aparte del aeropuerto se ve en las salas de espera. Yo he viajado bastante, pero siempre me siento como primípara. Me entra pánico que haya metido algún cortauñas por error, que tenga algo esta vez que será considerado un peligro. “este labial no lo puede pasar”. “Esta aguja es un arma mortal”. “No puede llevar Ibuprofeno”. Antes existían reglas, pero ahora cada quien se hace una, todo depende de que genio se maneje el que te revisa el equipaje. Me compadezco completamente de aquellos quienes viajan por primera vez y miran con horror al momento donde se dan cuenta que eso de llevar solo equipaje de mano significa que tendrán que decirle adiós a TODOS los productos de belleza que llevan: champús, acondicionadores, cremas para peinar, cremas de manos, rasuradora, cortauñas, limas y demás. Pelean, lloran, patalean pero nada se puede hacer, excepto refunfuñar e imaginarse a las chicas que trabajan en esos controles repartiéndose el botín al final del día.

A veces después de migración sacan a alguien a un lado de la fila, a donde revisan a la gente por drogas, papeles que no estén en regla y quién sabe qué mas. Es una puerta que se ve poco amistosa, con una silla afuera donde se sienta el desafortunado individuo. Hoy era una nena con cartera de charol, pómulos exageradamente ruborizados y tacones altos, con aretes gigantes que se zangoloteaban con cada mascada que le daba a su chicle.

Después ahí en la sala de espera, cada quien esperando que pase el tiempo, aguantando hambre, esperando que lo que sea que den en el avión sea aceptable. Hoy hay mucha gente esperando, muchas modelos que me imagino que vienen saliendo de ColombiaModa, o que nada más habrán venido atraídas por las modas y precios bajos. Casi nadie conversa, y quienes lo hacen, lo hacen muy calladitos. Ahora es cuestión de paciencia y de mirar la tele, como si en realidad les importara.

Coincidencias

Domingo, 13 de julio de 2008

Qué contraste con solo un par de semanas de diferencia.

Cuando viajaba rumbo a lo desconocido, pasando por aeropuertos nunca antes vistos a Hungría, a verme con más de 150 personas de las que sólo conocía a 3, fue un shock increíble cuando me incliné sobre la fuente llenando mi botella de agua, sosteniendo la mochila abierta con una rodilla y escuché que alguien llamaba mi nombre. En el aeropuerto de Caracas, me acababa de reconocer un compañero de trabajo quien vio mi estuche de la portátil cosido a mano, lo reconoció de la foto del flickr y supo que tenía que ser yo, quien viajaba vía Caracas a Frankfurt y luego a Budapest. Hablamos un par de horas mientras era hora que él abordara, sabiendo que nos veríamos un par de días después.

En el aeropuerto de Frankfurt, corremos de un extremo de la terminal a otra, y nos toca pasar por unas puertitas, bajar unas tétricas escaleras y subirnos a un bus que nos llevaría hasta nuestro avión. De pronto alguien dice “Catalina?”. Resulta que era Cristina Quisbert, una participante del proyecto Voces Bolivianas que es como hermano de HiperBarrio, y había reconocido a Catalina por las fotos y por su blog. En Frankfurt. A un continente de distancia.

Cada vez que salgo a las calles me imagino encontrándome con algún amigo de esos que uno tiene tiempo sin ver y que de eso salga una tomadita de café. Pero son encuentros interrumpidos. Un amigo me vio mi primera noche acá en San José en un restaurante, pero no supo si sí era yo o era mi hermana, entonces no se animó a saludar. Amigas con las que he quedado de verme me han cancelado las salidas y quedo acá en casa. Me encuentro con la mamá de una excompañera de clases y me confirma que los años pasan y ya todo mundo va sentando cabeza. Mi compañera ya va por el 7mo mes de embarazo. Quedo a la espera de más coincidencias, de más eventos que se repiten y repliegan en la historia.

Tiquicia en gotero

Sábado, 5 de julio de 2008

Caminar por las viejas calles, pero con diferente soundtrack.

La lluvia cae a las 12 md. en punto. Acá el tiempo da el tiempo.

Mi (ex)gata está feliz, atenta y gordita. Creo que sería cruel llevármela cuando vive tan bien acá.

Arrastrar la “r” va regresando a mi. Rwapido corwen los carwos rwojos en Costa Rwica.

Vi las vacas del cowparade y pasé tomándoles fotos. Increíble verlas enrejadas, rotas, vejadas, pintadas y dañadas. Cierto segmento de la población pareciera que en vez de sentirse afortunados de tenerlas, les da rabia que ellas estén ahí. Otros será que se llevan un souvenir: un cacho por aquí, una oreja por allá.

Regresé a mis tiendas favoritas: Las de ropa americana. Ir a rebuscar en las repisas de ropa usada, de ropa con etiqueta que pasó de moda, con cosas nuevas, buenas, bonitas y baratas que uno no se explica cómo llegaron ahí.

Tomar un café en el viejo lugar de siempre, mirando la misma intersección, con los mismos vendedores ambulantes desde mi trono en el segundo piso. Lleno de ticos, con un puñadito de turistas: definitivamente un favorito entre los locales.

Ver a mi mejor amiga con un traje de novia que le quedaba espectacular, comparando notas a ver si eso de casarse daba tantos o más nervios que estrenar una obra de teatro. Creo que ganó la obra en nervios, y la boda en satisfacción.

Un perrito en tuxedo para una boda es una elegancia incomparable.


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Itinerario

Domingo, 22 de junio de 2008

Ah, sabía que la dicha no podía durar tanto. De bañarme con agua fría me enfermé, y el resto de la semana la pasé calentando agua en la cocina para bañarme a cucharadas. Aunque también la insistencia de mis padres caló, y me quedé una nochecita por allá aprovechando una interminable cantidad de agua caliente en la ducha y lavando ropita.

Ya hoy empaco maletas para irme al CampusParty, el Martes 24 a las 9pm estaré como parte del panel Blogs en Vitrina:

Blogs en Vitrina
Todavía hoy los medios colombianos tienen problemas para entender qué son los blogs. Y más problemas tienen sabiendo para qué son.

Cuando aparecieron blogs en las páginas de Semana, Cambio, El Tiempo y Caracol, hubo concursor para llamar la atención de veteranos bloggers o para animar a otras personas a que comenzaran. ¿Saben todos lo qué están haciendo? ¿Se gana blogueando para un medio reconocido? ¿Son simples rellenos o los lectores han encontrado en ellos una fuente legítima de información?

Participantes confirmados: Medea (MedeaMaterial), Apelaez (Machete), El Brujo (Tienen Huevo), Olga Lucía Lozano (Semana.com).

El Miércoles a las 8:40 estaré abordando un avión rumbo a Caracas-Frankfurt-Budapest.

El Jueves a las 2:25 pm me encontraré con Diegoeche quien como todo un héroe irá por mi al aeropuerto y nos mostrará la ciudad ese primer día, todo por la módica suma de llevarle arepas de chócolo y ron. También escribe por aquí y acá.

Ahí estaré hasta el 1 de Julio, día en que volaré a la inversa hasta Bogotá. Ahí es donde tengo una confusión: no sé si me toca quedarme una o dos noches en esa fría ciudad, el tiquete me dice que el avión lo tomo en caracas a las 11pm del 1, y llego acá a las 1230, me imagino que del día siguiente.

El día siguiente viajaré a Costa Rica. Voy a una boda, y a no hacer nada, lo que me parece fenomenal. Descansar, visitar viejos lugares, vida nocturna, internet todo el día, compañía de 3 gatas. Qué más pedir?


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Campus Party Bogotá 2008

Jueves, 22 de mayo de 2008

Es oficial. Voy al Campus Party aunque sea un par de días, para moderar un panel de blogueros el 24 de junio. Y a hablar, aunque eso sobra decirse. Es difícil lograr que yo me calle, aunque sea un ratico.

Dice así:

24 de junio. Blogs en vitrina

Todavía hoy los medios colombianos tienen problemas para entender qué son los blogs. Y más problemas tienen sabiendo para qué son. Cuando aparecieron blogs en las páginas de Semana, Cambio, El Tiempo y Caracol, hubo concursor para llamar la atención de veteranos bloggers o para animar a otras personas a que comenzaran. ¿Saben todos lo qué están haciendo? ¿Se gana blogueando para un medio reconocido? ¿Son simples rellenos o los lectores han encontrado en ellos una fuente legítima de información? Participantes confirmados: Medea(MedeaMaterial), Apelaez (Machete), El Brujo (Tienen Huevo), Olga Lucía Lozano (Semana.com).

El 25 (al día siguiente) agarraré mis petacas y me iré para Hungría si me sale la visa, a esto otro.

Sobra decir que tendrán nuevamente crónicas de la Medea Viajera. Sin apartamento, pero viajera.

36 horas de viaje después

Jueves, 28 de febrero de 2008

Tal vez es el hecho de estar sentada por 16 horas en un espacio reducido, que la luz que debía iluminar mi asiento iluminara la cara de mi vecino y por eso no pude leer, que la televisión que me correspondía tenìa rayas de interferencia en toda la pantalla y el sonido no funcionara bien… que no pudiera dormir porque cada vez que me acomodaba, alguna marte de mi anatomía quedaba en el pasillo y cuando pasaba el carrito me pegaba, o que tuviera los ojos y la nariz y la boca tan pero tan resecos que al sonarme la nariz me sintiera un poco como la dama de las Camelias. El viaje APESTÓ. Y eso fue solo la primera parte. 20 horas despuès de llegar de ese vuelo, finalmente llegué al aeropuerto de Rionegro. Las pastillas indias para el mareo no tienen el efecto somnífero de las viajesán.

Mi último día en India lo pasé leyendo los libros que me faltaban, jugando con mi sobrino, comiendo en McDonalds (donde las hamburguesas son de pollo tikka masala) y camino al aeropuerto, el mejor ejemplo del contraste que existe en Bombay.

Afuera está la calle a la que le tomè la foto el otro día, del campo minado. Es un edificio que parece un tugurio gigante. Una esfera cubierta de tierra, polvo y plásticos. Pensé que era un estadio en remodelación, pero no. Es el hotel Sahara Star.

Mi hermano me advirtió que sería algo fuera de este mundo, y resultó profético.

La entrada iluminada, perfectamente y con buen gusto. Flores naturales en adornos sobrios y depsués un maitre´d que nos preguntó que necesitábamos. Mi hermano preguntó por algo que nos pudieran servir en 20 minutos o menos, y él nos sugirió cualqueira de los buffets, o preguntarle a los chefs por especialidades al minuto. Decidimos considerar esas opciones y entrar a dar una vuelta. Lo primero que vi fue una pecera en la mitad del edificio. Una pecera que iba de pies a cabeza y ocupaba todo el centro de la estructura redonda tipo estadio. Al acercarme, mi hermano me señaló una puerta: si uno organiza un evento, ahí adentro, rodeado de peces por todos los lados , hay una mesa y un salón exclusivo. Algo como los tatamis en los restaurantes de sushi, pero con acuarios de paredes. Seguimos caminando, y el buffet estaba lleno de cocina fusión y de autor. Pequeñas ensaladas tipo francés, terrines, soufflés, torrecitas de diferentes pastas con rellenos espumosos. Por otra parte estaba la sección de comida tradicional y al otro lado lo internacional. Al seguir el camino, salimos a una laguna y había comenzado el juego láser: mientras caminaba por el borde, dos explosiones de fuego se dieron a pasos de donde estaba: era el gran final del show y el comienzo de la noche. Tienen bar para champaña, tienen bar normal, gelateria, 3 panaderías, restaurantes, diferentes ambientes y todo meticulosamente cuidado. Al rededor de toda la estructura están las habitaciones que miran hacia el centro. Pantallas gigantes mostraban algún deportista siendo entrevistado. Cascada, flores de loto, flores secas flotando en pozas con velas, era demasiado… pero en vez de verse de mal gusto, era precioso. Pero me quedó ese sabor de boca que esto es lo más cercano que he visto al término “vivir en una burbuja”. Literalmente. Las fotos no le hacen justicia. Me tomé dos whiskeys dobles y seguimos nuestro camino. Al aeropuerto, aduanas y de regreso a casa.

Ahora que estoy de regreso, pienso en lo que resultó del viaje. Por ahí me preguntaron sobre la búsqueda espiritual. Yo no investigué, no indagué ni me interesé. No sé qué será lo q inspira a la gente en alejarse de su mundo para encontrarse a si mismos. Después de todo, el yo interno siempre está con uno, o no? Así que no hice yoga, no fui a un ashram, no seguí a ningún guru, no abrí el tercer ojo ni nada por el estilo. Creo que para seguir un camino espiritual, no es necesario salir de casa. Si algún día se me ocurre, creo que será tan factible acá en medallo, en Costa Rica o donde sea que vaya a vivir.

Así que con esto termino las crónicas de viaje. Si quisieran saber algo más de la experiencia, pueden hacerme preguntas en los comentarios y les responderé. ¡Gracias por leerme estos días, por los comentarios y por compartir mis aventuras!

Kerala, La mismita tierra de Dios

Domingo, 24 de febrero de 2008

Este era el viaje que redimiría la experiencia en India. Así que en este post feliz y descomplicado les cuento de hoteles 5 estrellas, y de la ciudad con gobierno comunista donde ví una altísima concentración de gente blanca comprando parafernalia católica de la época de la colonia en medio de un pueblo judío, y de camarones más grandes que las mismas langostas.

El viaje fue a Cochin en Kerala. Después de muchos chistes sobre si la gente de Cochin son Cochinos, nos montamos en un avión rumbo a Kerala, a 2 horas de distancia. Kerala es un departamento al sur de la India cuya lengua es el malayalam que se escribe como nada que haya visto antes, puros rizos y enredos y rueditas.

En el avión me dediqué a ver un episodio de Scrubs, uno de bob esponja y The Office, desayunar alguito, tomar té y relajarme.

Al salir del aeropuerto, nos recibió el chofer del hotel con un carro doble tracción y una canastita con toallas para limpiarnos el sudor de viaje (33 grados al sol), mentitas para pasar el sabor de boca y una serie de revistas para ver si el mundo había cambiado algo mientras estábamos en el aire. 45 minutos después nos recibían en el hotel con un polvito amarillo que nos pintaron en el 3er ojo nos saludaban con un “namasté”. Check in, los botones nos llevaron a la habitación, Room service para comer alguito y después salimos a reconocer los predios. Nos contaron que había happy hour en un salón a 3 puertas de nuestro cuarto, así que ni cortas ni perezosas, para allá nos dirijimos.

El fin de semana se pasó en esas: comer, dormir, comer, dormir. Íbamos a salir a un tour de las aguas en algo llamado un “houseboat” pero al final d cuentas como que no nos organizamos para ir, así que nos quedamos en piscina y hotel. Yo leí montooooooones. El sábado sí salimos a conocer un poco del lugar. El fuerte Cochin, JewTown y las redes de pesca chinas.

El sitio web de Kerala dice:

A hundred percent literate people. World-class health care systems. India’s lowest infant mortality and highest life expectancy rates. The highest physical quality of life in India. Peaceful and pristine, Kerala is also India’s cleanest state.

Población 100 por ciento alfabetizada, servicios de salud de clase mundial. Los índices de mortalidad infantil más bajos de la India y la expectativa de vida más alta. La más alta calidad de vida física de India. Pacífica y pura, Kerala es también el estado más limpio de la India.

Pareciera que lo que dicen es cierto. Kerala es un lugar que volvería a visitar. Definitivamente que sí. Cuando vas a ver chucherías, los vendedores no te atacan para que les compres. La gente no te cobra por foto, están muy orgullosos de su comunidad y ciudad y lo demuestran. Los números de población, como en toda la India, son impactantes: 31,838,619 personas viven únicamente en Kerala, de diferentes religiones y hay armonía: entre la gente y para con el medio. Hay árboles, hay órden, las calles son limpias y no hay comunidades enteras establecidas en cualquier espacio de acera disponible.

Cómo es que han logrado esto? Algunos dirían que es siguiendo una sencilla máxima del desarrollo: la separación del estado y la iglesia. Los que están actualmente en el poder en Kerala son los del partido comunista, elegidos democráticamente. Argumentando que la religión es el opio del pueblo, decidieron establecer un estado laico, educación para todos y protección para el ambiente. Como un interesante contraste, este estado tiene un bajísimo ingreso y capital, hay mínima inversión de corporaciones, pero el desarrollo humano y educativo es altísimo… es algo conocido como el fenómeno Kerala. La gente en Kerala es participante activa de la política y governación y por ende hay bastantes huelgas, demostraciones, marchas y las elecciones son reñidas. Pareciera que la gente piensa sus decisiones y las toma a conciencia, no son votantes ignorantes.

Entonces es un lugar lindo y pintoresco. Casi no hay perros callejeros, un contraste muy notorio con Mumbai. En Agra tampoco, pero yo creo que es porque los carnívoros monos se los comen… yo los vi muy bien alimentados. En Kerala lo que hay por todas partes son cabras. Cabras en las bancas de los parques, en el muelle, en las calles, comiendo basura, podando las canchas de cricket, o alimentándose de restos de frutas. Las cabras son más adorables que los perros, hay que aceptarlo. Ver a una mama cabra comiendo cáscaras de sandía mientras su cabrito comparte fruta que interrumpe con unos cuantos sorbos de leche es algo lindo para ver. Y a cambio de los perros, las cabras suenan todas tiernas, Beeeeeeeeee beeeeeeeeeeeeeee, y uno apenas espera escuchar cantos tiroleses por ahí y ver niños con las mejillas rosadas salir corriendo por entre el edelwëiss llamando a Copo de Nieve.

Mi sobrino era todo un acontecimiento. Como si ver un niño rubio cargado por una señora rubia era como ganarse la lotería. Unos chicos se acercaron a mi hermano cuando andaba cargando a su hijo en los hombros si les podían tomar una foto. (Huy mira unos gringos! mis amigos no me van a creer que vi un especímen gringo bebé, hay que tomarle foto!) Mi hermano les dijo que sí, con mucho gusto. Que eran 50 rupías. Lo gracioso es que los chicos dijeron: 50 rupees? No, too much. Y no.tomaron.la.foto. Jijiji. (seguro que la tomaron d lejos y con zoom, pero no tuvieron el honor d aparecer en la imagen).

Almorzamos en un restaurante muy lindo cerca al fuerte donde los meseros estaban como locos con mi sobrino. Ahora leo y resulta que Kerala es conocido como un lugar donde se ADORAN a los bebés. Los bebés son honrados, amados y apreciados y es la única provincia abiertamente en contra de femicidio fetal. Cada vez me gusta más Cochin y Kerala.

Después fuimos a un museo poco memorable y saliendo por una puertita nos encontramos en la zona d la ciudad conocida como Jewtown. En ese callejón con balconcitos de madera con estrellas de david labradas vivía la comunidad judía a corta distancia de la sinagoga. Ahora está en manos de goim, como pude observar: todas las tiendas abiertas un sábado. Entramos a una tienda de antiguedades, de esas que la gente sueña encontrarse en algún lado. Puertas de 3 metros de alto labradas con aplicaciones, paredes enteras de iglesia, techos de madera labrados, baúles, santos, saris viejos, y toda la parafernalia necesaria para monarse una iglesia: biblias, ropa, sotanas y esos delantales que usan los sacerdotes. Mi hermano casi se compra uno para ponerse cuando hace carne asada, pero al final no. Ya era tarde, hacía mucho calor y mi sobrino estaba cansado y de mal genio, entonces nos regresamos con las manos vacías pero el corazón contento.

En la noche cenamos en el restaurante de comida de mar, donde pedí 4 langostinos en salsa, y cada uno de ellos se salía del plato de lo grande que era. Una de las fotos del puerto de Cochin muestra a los langostinos mutantes… Mi hermano sí se pidió la langosta que la alimentaron con lo mismo, porque también era gigante. Hm. He comido langostinos mariscos y comida de mar en general que da gusto, como para durarme el resto del año en antojos.

Hoy regresamos a Mumbai, y tomé las últimas fotos que aparecen en el flickr, de los campos minados a los bordes de la calle. No he podido agarrar a nadie infraganti en cámara, pero sí de los recuerdos que dejan.

Mañana será mi último día acá. Aunque me ha encantado compartir con mi hermano y mi cuñada y mi sobrino, creo que ya es tiempo de partir, de regresar a la vida real y a entrarle de lleno a este año que me espera en Medallo, que pinta muy pero muy bien.

The best laid plans of mice and men.

Domingo, 17 de febrero de 2008

Ayer conocí lo que cualquier turista visitando tierras mexicanas llamaría “La Venganza de Montezuma“, sólo que en mi caso creo que tendría que ser algo más parecido a “La rabia de Kali”, “La revolución de Gandhi” o “La opresión de Shiva”. Advierto: este recuento no es apto para quienes sean altamente suceptibles. Si no quieren seguir leyendo, les recomiendo dirigirse hacia blogotematico.info, donde hay un nuevo episodio con un pequeño segmento más agradable enviado con cariño desde la India para ustedes.


El caso es que amanecí con migraña… así que aprendiendo de mi jaqueca pre viaje, decidí atacarla desde su inicio con un medicamento traido expresamente para ese fin. Sin embargo, después del almuerzo, me recosté un rato y el mundo no paraba de girar. Como después de una salvaje fiesta, sólo que en mi caso no había hecho nada fuera de lo ordinario, excepto tomarme la pastilla, una combinación de acetaminofén con tramadol. Desperté del estupor, porque ni siquiera fue sueño, completamente desubicada. Pensé que tal vez eran nauseas de la medicina, así que como el dolor seguía, entonces decidí no tirarle más medicamento del anterior, pasé a algo más liviano y me tomé un antigripal normal, a ver si en vez de migraña era sinusitis o algo así. Tenía una salida pendiente, así que me alisté y salí a la fiesta. Mandé un mensaje avisando que iba de camino.

Iba sudando frío y con náuseas en el carro, pero eso no es poco frecuente. Me pasa a cada rato en Medellín, sobre todo cuando ando en bus. El chofer me iba señalando puntos importantes de la ciudad de camino. “Esta es una gran lavandería al aire libre”, “este es un secadero de pescado”, “esta es una celebración de boda hindú”. Yo cada vez veía menos, se me iba cerrando la visión. Tomaba sorbitos de agua. Deseaba abrir las ventanas para recibir aire fresco pero en esa zona de Mumbai no hay aire fresco si abres la ventana. Lo que recibes son mendigos por docenas y olor a desagüe… el aire acondicionado no era suficiente y tuve que pedir al conductor que parara el carro. Lamentablemente no sucedió a tiempo y terminé abriendo la puerta de golpe montada en un carro en movimiento, vomitando a medias en el carro y en la calle y mirando de reojo como el conductor del carro que golpee cuando abrí la puerta me sacudía el puño con una expresión como de sorpresa y rabia mezcladas.

Así que tuve que tomar una de esas decisiones rápidas, y con una gran sensación de vergüenza… tuve que decir que dieramos media vuelta y regresaramos. Aunque he de confesar que pensé que mejor era seguir el camino, ya casi llegábamos y regresar era más de una hora de tráfico antes de llegar a la casa. Pero no. Porque vomitar durante una fiesta es mal visto, pero vomitar antes de llegar a ella creo que es peor. Y estoy casi que segura que llegar vomitada a una fiesta no es la mejor manera de causar una buena impresión y hacer amigos.

Recuerdo que traté de mandar un mensaje de texto disculpándome por no poder ir varias veces, pero en vez de send le daba al boton de salir. Tampoco sabía que decir. Cuánto es demasiada información demasiada información? “Disculpa, no puedo ir porque me vomité. Gracias! Tomemos cafe estos días”. O sea. “Sorry, el cordero biryani no me sentó bien y tuve un accidente en el carro. Por favor me disculpas de toda la gente que llegó a tu casa para conocerme. Bye!!!”. Finalmente mandé algo como “Perdón. Estoy enferma, tuve que regresarme a mi casa. Mil disculpas. Hablamos despues”.

A la hora y algo sonó mi celular, y era mi amigo preocupado porque había desaparecido. Después de tanto esfuerzo para mandar el mensaje, nunca lo recibió. Así que me disculpé, pero creo que cualquier cosa suena a disculpa barata. Así que no logré conocer a los blogueros de Mumbai en este viaje, y creo que quedarán con una muy mala impresión de mi. Pero mejor que quede la duda a que se hagan la imagen que los blogueros latinoamericanos olemos a vómito.

Llegué a la casa y me recibieron con un vaso con agua y pocas preguntas. Pobres. Creo que mi hermano y mi cuñada me han visto en los peores estados de indigestión e intoxicación de la vida. Hace 3 o 4 años mi hermano me llevó prácticamente inconsciente a la clínica, por un cuadro de intoxicación severo. Estaba viviendo sola en esos días y fue pura casualidad que ellos estuvieran de visita, rumbo a un resort veraniego al norte de Costa Rica. No me quiero imaginar qué me hubiera pasado si no hubieran estado ellos.

En fin. Así que hoy me la pasé en piyamas. En cama. Leyendo y dormitando. Ahora tengo nuevamente la migraña, pero me da miedo tomarme la pastilla y que me de nauseas otra vez. Aunque no sé si más bien no tomármela fue lo que me hizo daño.

Creo que tal vez fue la mezcla de migraña, cordero biryani y las calles de mumbai que fueron demasiado para mi.

Para el martes de la próxima semana tendré que ver cómo me va con la fuerza y energía. Me espera todo un día de viaje: Creo que tomaré mareol antes de salir.

notas al margen

Jueves, 14 de febrero de 2008

Hay lugares que invitan a explorar sus calles, a conocer su gente, a sumergirse en la cultura. Hay otros lugares que no sólo no invitan, sino que te insisten que no lo hagas. Así siento a Mumbai hoy.

En el periódico hay advertencias sobre lo que en cualquier parte del mundo se llama acoso sexual o abuso, y acá le dicen “eve-teasing”. Mi hermano lo había mencionado, y asumí que era paranoia y que es porque no quiere que nada me pase mientras estoy acá. Pero cuando es un artículo largo en un periódico, pues uno como que se da cuenta que es una realidad. El asunto es que se maneja en algunos sectores la idea que las libertinas chicas blancas occidentales llegan acá con deseos de encontrar un local que les haga sentir lo que es placer, y ellos gustosos acceden. Que la responsabilidad recae en las chicas, para que no llamen atención sobre ellas, se vistan apropiadamente y no tengan comportamientos que las pongan en riesgo.

Si llamamos la atención incorrectamente, es nuestra culpa. Viviendo bajo este tipo de cultura, comprendo perfectamente que la burka o el uso del velo en realidad podría ser un alivio para la mujer. Porque puedes pelear contra el sistema y aguantar el abuso, o puedes asumirlo y adaptarte. Entonces la dupatta se usa para tapar siempre tus pechos, aunque no estés usando escote. La idea es que la tela que te cruza por el frente impida que se distinga cualquier forma debajo de tu ropa. Las prostitutas se reconocen no por el tipo de ropa que usen, sino porque ven a los hombres a los ojos.

En pocas palabras. Si algo me pasa, es completamente mi culpa.

Es una responsabilidad muy, muy grande, sobre todo cuando uno no entiende muy bien las reglas del juego. Esto hace que salir de noche sea una pesadilla logística. Con quién va uno, con quién se regresa, para donde va, dónde queda. Preguntas para las que tengo pocas respuestas. Acá lo “in” es saltar de club en club hasta que ya uno no de más. No sé a que hora termino ni donde. Conozco sólo a 1 persona de los que van. No sé en quien confiar y en quién no. Me entra miedo. Y este miedo no lo conozco.

Estoy acostumbrada a ser autosuficiente. A andar con confianza. Porque uno como que conoce un poco mejor las señales de peligro y de cuidado de la cultura propia. Uno sabe qué tipo de comportamiento es normal y cuál no. Acá no comprendo el lenguaje verbal ni el no verbal. La gente mueve la cabeza diciendo no… y eso no tiene nada que ver con un no.

La gente que conozco acá es progresiva. Es moderna. Es bastante occidental. Son locales y están acostumbrados a la manera en que las cosas se mueven acá. De ellos no me preocupo… pero debería? Los conozco tanto? Como serán sus amigos? En mi mente dan vueltas las historias de terror que uno siempre escucha. Creo que ahora puedo sentir un poco lo que siente un turista viajando a Medellín. No sé a qué atenerme y me siento como un pez fuera del agua.

Hoy por ejemplo:
Por los disturbios: mejor no ir al centro de la ciudad porque podría ser que no pudiéramos regresar.
Por ser Día de San Valentín: el Shiv Sena está en contra de estas manifestaciones y costumbres importadas, libidinosas y consumistas.
Por ser de noche: necesito chaperón.
Por ser mujer extranjera sin acompañante en San Valentín: mejor quedarme en casa.

Así que argumenté que tenía asuntos laborales, que debía encargarme de ellos inmediatamente y que muchisimas gracias, pero no podría ir.

Hoy admiro muchísimo más a todas las chicas que se han venido a viajar solas por la India. No debe haber sido nada fácil.

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