Meditaciones

Aparente ausencia

Sábado, 13 de noviembre de 2010

A ratos pienso que tengo este blog abandonado, que ya no escribo, que a dónde se habrá ido mi disciplina para publicar a diario… pero entonces recuerdo que no era disciplina sino una necesidad fulgurante de plasmar mis pensamientos velozmente sobre algún medio, como si fueran un fósforo que después de encendido tenía tiempo contado antes de apagarse para siempre.

Pero resulta que no he dejado de escribir: más bien mi trabajo consiste específicamente en hacer eso.  Y que me encanta y también lo hago en mi tiempo libre, pero está repartido en muchas otras plataformas: en twitter, facebook y en los diferentes blogs y foros en los que participo.

Y mi pecado es que soy mala cacareando mis huevos.  O pienso que los aburriré. O que nada tiene que ver con ustedes, pero recuerdo que se han mamado mis posts bulímicos de cuanta conferencia tengo la oportunidad de ir y todavía algunos no me han abandonado.

O son artículos en otro idioma, y no estoy segura de qué tanto vayan a entender o crean que se confundieron de blog. En fin. Tampoco me crean que me la paso trastornada pensando en Oh Dios Mío Qué Haré Con Mi Blog.  Hace muchos años dejé de revisar las estadísticas y de la misma manera como yo ya casi no dejo comentarios en ninguna parte, asumo que sucede lo mismo con ustedes, que podrán leerme pero es en otra parte, en otro lugar o no van a dejar tampoco un comentario y ya.

Pero muy adentro considero que tal vez perdí la chispa. Que dije todo lo que tenía para decir sobre mi. Que el hecho de que ya todos sepan mi nombre y apellido, o que si no lo saben lo puedan averiguar súper fácil también me intimida un poco. Ya no puedo hablar de mis fantásticos enamoramientos crónicos si mi novio lee esto, o de lo horrible que es trabajar cuando disfruto un montón mi trabajo y lo que hago y mi vida. Creo que era más fácil publicar cuando estaba insatisfecha. Cuando las cosas me indignaban más, cuando pensaba que mi opinión valía mucho y tenía peso y no me preocupaba mucho de lo que decía. Porque les he de confesar: yo no leo lo que ya he escrito. No sé si estará bueno o malo. Si ha perdurado en el tiempo.  No tengo ese índice cerebral de saber qué escribí y cuándo, pero de pronto me acuerdo de algo y sospecho que ya lo he dicho. Y tal vez no. Y eso que pienso que es lo más novedoso desde que se inventó la mantequilla de maní que ya viene con mermelada ya lo he escrito todos los años.

Todo esto para contarles que intentaré de cacarear más los huevos que pongo en otros nidos. Mis artículos repartidos. Esos que he enlazado como quien no quiere la cosa indirectamente a través de la lista de otras páginas que está ahí a la izquierda de estas palabras.

Y en fin. Espero que sigan leyendo.  Aunque ya no sea tan entretenida como antes.

Gracias Internet

Lunes, 30 de agosto de 2010

Hace un rato estaba sentada viendo feliz las fotos de The Big Picture de gente celebrando Ramadán alrededor del mundo, cuando de pronto se me vino una pregunta. De lo que sé del Ramadán porque amigos musulmanes me contaban era que entre las responsabilidades durante ese mes está el de hacer un ayuno desde el momento en que sale el sol hasta el momento en que se oculta.  Pero de pronto me pregunté si eso significa que en algunas partes del mundo, ya que existen temporadas y el largo de los días cambia según el lugar, el periodo de ayuno dura más que en otros . Viviendo la mayor parte de mi vida en una zona del mundo para la cual los días duran lo mismo que las noches nunca le puse mucha cabeza al asunto

Por ejemplo, un musulmán observando Ramadán acá en el hemisferio norte se encontrará que por primera vez en mucho tiempo, la celebración cayó en el puro verano. Temperaturas altísimas y además días larguísimos.  El sol sale a las 7 am y se oculta a las  8pm en Dallas, resultando en un día de 13 horas.  Si estuviera en Toronto, más al norte, tendría que agregarle una hora más al día, en Anchorage, Alaska  serían 14:30 horas! Por si eso fuera poco, gracias a internet se enterarán que aquellos que viven en Concepción, Chile estarán ayunando 11 horas, y si por casualidad algún musulmán está en Ushuaia, su ayuno durará 10 horas y media.

Obviamente para otros esto es más obvio que el dulce, así que incluso hay quienes han preguntado si se vale viajar al sur durante Ramadán para ayunar menos horas. Hace 2 años alguien lo preguntó y si se pudiera mirar rayado por internet (¬¬) lo hubieran hecho.  El año pasado fue la misma cosa.

Entonces no. No se puede. Ya que la intención del ayuno vale mucho, no sólo hacerlo. Incluso el que planea romper ayuno antes de poder comer tiene q repetir el día. Y hay otros lineamientos y excepciones, quién no debe ayunar, quién puede romper su ayuno, penalidades, etc.

Y nada. Que me encanta que gracias a internet no me tuve que quedar con esa duda.

Fatalismos

Martes, 1 de junio de 2010

Hay días en los que me despierto fatalista.

Hace unos meses vi Idiocracy. Es una película que aparentemente carece de valor cinematográfico, sin embargo incluye una visión distópica del futuro que poco a poco me ha ido preocupando, y que en mi mente me debato entre  imaginar a  Darwin  riéndose a carcajadas mientras se lava sus manos en seco o revolcándose en su tumba.

Luke Wilson protagoniza esta comedia acerca de un hombre común y corrriente de nombre Joe Bowers, quien posee la inteligencia menos aguda que se pueda encontrar en todo el universo. Sin embargo, cuando ante la negligencia en un experimento de hibernación del gobierno despierta en el año 2505, se encuentra con una sociedad tan idiotizada por el comercio masivo y la televisión basura, que se convierte en el hombre más brillante del planeta. (fuente: mil páginas de internet con el mismo texto y yo que no encuentro la opción que google me muestre la primera vez que esto apareció esto en línea)

Y entonces veo que esto se está cumpliendo. La gente inteligente cada vez se reproduce menos por opción, porque “que feo traer más hijos a este mundo”, porque la economía no da para más, porque están preocupados pensando en el trabajo o cambiar el mundo. En cambio, los reggaetoneros, los traquetos, los maleantes se reproducen como ratones. Los pueblos escogen candidatos sin pensarlo mucho, la televisión “educativa” cada vez educa menos cuando hasta Discovery Channel saca realities y Animal Planet inventa intrigas con animales.

Y de pronto pienso que para allá vamos. Pero no sólo eso.

Ahora veo lo del desastre en el golfo de México y siento que el pico petrolero se nos viene de golpe. Que un día despertaremos y al ir a tanquear el carro nos daremos cuenta q no hay gasolina en esa bomba. Entonces iremos a otra, y tampoco. Y encenderemos el tele y nos avisarán que se acabó el petróleo. Que habían pensado que mejor no alarmarnos mientras buscaban una solución, pero que ya, se les pasó el tiempo y se acabó y que So long and thanks for all the fish.

Que no haya petróleo no sólo significa que no tendremos carros. No señor. Tampoco habrá cómo transportar alimentos de un lugar a otro. ¿Esa fábrica? Pues lleva sus productos a tu supermercado en carros. Entonces digamos que  nos quedamos sin alimentos, sin medicinas, sin ambulancias ni  hospitales. Entonces un día, un cable de esos de telecomunicaciones se rompe en medio del océano. Y zas. Nos quedamos sin cómo comunicarnos porque no hay gasolina para transportar los equipos que arreglarán ese problema.  Y que otro día la planta generadora de energía deja de funcionar, y tampoco tendrán como ubicar a quienes las reparan y de pronto: caos total.

Y me da pánico que me suceda estando lejos de la gente que quiero. Que mis papás en su pueblo estarán bien. Tienen su huerta, saben cultivar, hay agua potable en fuentes y ríos cercanos.  Pero que me agarre a mi a miles de kilómetros de mi familia y al mejor estilo Zombieland me tocará recorrer y recorrer territorio buscando cómo reencontrarme con ellos no me anima.

Un apocalipsis tecnológico implicaría que nuevamente llegaríamos a una época de supervivencia del más apto: el fuerte, el matón, el que sabe hacer cosas manualmente.  Eso no necesariamente indica que el más inteligente sobreviva.  Entonces ya ni sé cuál será nuestro futuro. Espero que no me toque vivir ninguna de las opciones.

Creo que prefiero los días en los que mi preocupación es “espero que me depositen mi salario en el banco pronto”.

Mi vicio

Lunes, 8 de septiembre de 2008

El otro día, dejando de lado violentamente trabajo, comida, higiene personal y amigos, me abandoné al vicio, a esa adicción que sufro desde los 10 años, o tal vez antes. No me bañé, no comí, no organicé, no trabajé, no salí. Me quedé acurrucada en mi cama, obsesionada por una novela que había caído a mis manos.

Creo que me sentía como ludópata en Las Vegas. No me importara que fuera en PDF y no en el formato análogo que prefiero: incluía una historia de la que me era imposible alejarme.

Así me viene pasando. Consigo una nueva lectura, como la serie Twilight de Stephenie Meyer, y en menos de 48 horas me he devorado los 4 tomos. Neverwhere de Neil Gaiman lo fulminé en menos de 12 horas. Desde Harry Potter me di cuenta que mi bibliodependencia no solo me afectaba a mi sino también a mi familia. Podía pelear y gritar con mi hermana por quién tendría derecho a leérselo primero, y que nos interrumpieran en medio de la saga era motivo de pelea con jalada de pelo, aruñazos, patadas y manotazos: mi mamá siempre decía que las damas no se dan de puños.

El problema con ésta, como con todas las demás adicciones es que uno va creando resistencia y buscando experiencias más fuertes. Uno cierra un libro bueno y sabe que está condenado a buscar un libro mejor que los siga para alimentar la adicción. Pero justo ahora, me encuentro sin material de lectura para continuar. Menos mal. Porque ya era hora de sentarme a trabajar.

Placer Perdido

Lunes, 1 de septiembre de 2008

Mala sea la hora en que las librerías decidieron que era una buena idea de negocio tapar todos sus libros con bolsas plásticas transparentes para que nadie pudiera abrirlos y leer lo que estuviera contenido entre sus portadas.

¿Qué es lo que pretenden? No entiendo la lógica. Si es que le tienen miedo a los libros que se dañan o ensucian, está primando el interés de mantenerlos “sin leer”, y efectivamente, tampoco se irán a vender. Porque hoy por hoy, los únicos que van a una librería y salen con una bolsa en sus manos eran los que iban a comprar un libro en específico, alguno del que escucharon hablar o comentar, de esos que tienen campaña de marketing. Los libros de aquellos que no son populares, quedarán ahí en los estantes. Por desconfianza.

Que no me permitan ojear el interior de un libro antes de comprarlo me parece a engaño. No me dejan ver cosas prácticas como la calidad del papel, el tamaño de la letra, el tipo de tipografía. Tampoco me dejan revisar cómo es el estilo del autor, si es una prosa que te arrastra y te empuja y te lleva dando tumbos como un caudaloso río hasta que finalmente termina en el océano, o si es de esos libros que al leerlos pareciera que uno va reptando en un estanque lleno de brea y vidrios rotos, que uno.no. avanza. No me dejan estudiar el lenguaje del libro. Si es una historia de “entonces esto, y luego esto, y después tal cosa” o si es de esas donde te dicen “entonces ahí, miraba su dormitorio con sábanas de 350 hilos por pulgada, blancas con rayas pinceladas en ocre y marrón, sobre el colchón de crin de caballo en la cama con respaldar metálico del 1676 durante el reino de tal por cual.. y si tanta descripción es justificada, o justamente lo que corona el libro.

Si no puedo acceder al interior, siento que me están diciendo: Es que creemos que si ud. mira el interior del libro, podría leerlo acá y decidir que no se lo quiere llevar. Es el miedo a que la gente vaya a una librería a… leer.

En los centros comerciales en Costa Rica, podía pasar entre todas las tiendas, y después 45 minutos en la librería. Entraba y miraba de todo. Leía páginas al azar de libros, miraba fotos de libros de arte. Había sillones y butacos y mesas para hacerlo. En la zona de arte, siempre había un par de personas sentadas en el piso, con montañas de libros que no pueden pagar por sus presupuestos, pero ahí, soñando del día en que pudieran revisar las fotos favoritas al momento que quisieran y les diera la inspiración: en sus hogares. Leer libros en una librería te genera una necesidad de poseerlo. De disfrutarlo con tiempo. De poder mirar que el regalo que le vas a dar a tu abuelita corta de vista viene con tipografía más o menos grande. A veces encontrabas un libro con bolsa alrededor. Entonces el chico de la caja te explicaría que ese tomo está embolsado y que la versión abierta la tiene otra persona, que si gustas, está sentada allá. Pero con más frecuencia, agarraba unas tijeritas y zip. Te arrancaba la bolsa para que pudieras revisar el libro con tranquilidad y tiempo.

En las librerías colombianas entro y salgo. Me enfrento con displays poco inspirados y no puedo meterle mano a nada. A lo sumo, y aún teniendo tiempo para matar, tardo 5 minutos. Tienen si acaso una mesa vacía en el centro. O gente sentada ahí esperando que sus acompañantes terminen el trámite, mirando vacíamente al espacio. Quieren vender libros, pero no fomentar la lectura. Quieren vender libros, pero no facilitan para que uno pueda encontrar alguno nuevo. Quieren vender libros pero no quieren que uno tenga criterio para escarbar en uno, desecharlo y seguir buscando aquel que te atrape.

Que rabia que me da. Me han robado un placer.

Ud si que no tiene nada q hacer

Jueves, 28 de agosto de 2008

Usualmente cuando la gente no iniciada a la web se entera que uno vive metido en este mundo interactivo de la red, donde puedo tener amigos en diferentes países y estar al tanto de cada detalle de sus vidas gracias a mensajería instantánea, sus blogs o twitazos, cuando ven que tengo un blog en el que escribo y que publico en otro y que me la paso recogiendo “gotitas del saber” y compartiéndolas como la historia del gato con alas o el monje metalero, exclaman: Ud si que tiene tiempo, como que no tiene nada para hacer.

Lo irónico del asunto es que justamente esa gente que se deja decir ese tipo de comentarios son los que se sientan largas horas frente a un televisor y absorben todo lo que éste les mande. Farándula disfrazada de noticias, fútbol y más fútbol, novelas a granel y realities.

Cuál es la diferencia entre ver un reality y participar de un MMORPG como World of Warcraft? A mi parecer es que en el MMORPG activamente escoges caminos y rutas en vez de vivir vicariamente a través de lo que les sucede a unos patos en la pantalla y en el que la interactividad se limita a llamar o mandar mensajes de texto a un canal por 1800 pesos el minuto.

Irónico que en esta sociedad se considere tiempo bien invertido ver la tanda de novelas en la noche que actualizar páginas de la wikipedia, o subir videos de youtube, crear fotos de gatos con textos graciosos encima o escribir posts como este. Que una señora que se plante toda la mañana a ver El Arte Sano se piense que se ocupa mejor que una que se sienta a revisar en línea foros y blogs sobre las mismas técnicas, y que comparte las propias.

(Inspirado en este post)

expectativas

Martes, 26 de agosto de 2008

Ya son 27 años de experiencia, debería tener una mejor noción de cuál porcentaje de mis planes a futuro se vuelven realidad. Y planear de acorde, o más bien, dejar de planear.

Viviendo bajo la tutela paterna, en mi mente bailaban imágenes de cómo serían las cosas cuando otra vez estuviera viviendo sola. Me veía activa y deportista, saliendo a las 6am con el frío de la madrugada a calentar suela contra pavimento y pegarme las trotadas en la mañana. Después de todo, correr es gratis. Lo hice UNA SOLA VEZ. Después decidí que ya q correr no era lo mío, me matricularía en el gimnasio de la vuelta y santo remedio. Este es el momento en que todas las mañanas encuentro la excusa perfecta: que está lloviendo a cántaros y no tengo sombrilla. Que tengo migraña, que me vino el periodo, que tengo clases, que tengo cita donde el médico, que tengo pereza y mucho sueño y mejor me acurruco bajo el cobertor de plumas y sigo durmiendo.

También se desplegaron nubecitas sobre mi cabeza donde me veía como la diosa doméstica. Repisas pintaditas y adorables con mis latas de saltinas todas esmaltadas del mismo color con etiquetas retro que dijeran “granos” “arroz” “café” “azúcar”, etc. De repisa tengo la parte de arriba de la nevera y mis etiquetas retro consisten en pedazos de masking tape pintado con sharpie. Soñé con una mesita con mantel amarillo brillante y colorido donde serviría cenas para uno: que mis burritos de queso gouda, eneldo y pepino, que pasta con salsa pesto, que desayunito completo de arepa, quesito, huevo y chocolate. No tengo mesa de comedor todavía, el mantel anda guardado en el fondo de una maleta. Los chococrispis se han vuelto mi dieta Special K. Ni mencionar las noches sociales con sushi hecho en casa, o los asaditos en la terraza, siguen en proyecto. Todavía tengo 3 cuadros en blanco esperando que me llegue inspiración para pintarlos.

Tengo razones y excusas múltiples: llevo poco tiempo viviendo acá y he estado fuera la mayoría del tiempo. Todavía estoy tratando de establecerme con lo básico: sillas, mesas, nevera, cama. Que todo a su tiempo. El problema no es que estas cosas no se hagan, es que me haga la ilusión que sí lo voy a lograr, todo a la vez. Porque estos sueños son en grande.

Entonces decido conformarme con mini éxitos. Como sacar el taladro y poner el tubo para la cortina. Como cortar unas piezas de metal para hacer finalmente una banca. Como coser un par de puffs multicolores, como comprar un par de modestas sillas. Paso a paso. Sin perder la esperanza de que algún día, completaré mi lista de cosas “por hacer”.

Ejército Nacional

Domingo, 24 de agosto de 2008

Iba en el metro sentada al lado de una señora y su hijo menos de 2 años. Hay un muchacho en fatigas militares y su mochilita de visita a la casa. El niño ve al militar y esconde la cara asustado. La mamá le pregunta: Gerónimo, le tiene miedo al policía? El niño no asoma la cara ni por milagro. Creo que le hizo gracia a la mamá, porque cuando veía que el niño se olvidaba de la presencia del “policía” (como 30 segundos) la mamá volvía a preguntarle. El militar, de no más de 18 años, buscó en su bolsillo y sacó su escarapela que dice que es del ejército y al otro lado tenía una lista del código de honor. También sacó una tarjetita colorida, bastante trajineada, sobre el ejército. Al ratito se fue acercando al niño y la mamá. Le entregó la tarjetita al niño, y le dijo “para que no vuelva a tenerle miedo al ejército”, y el niño la recibió, y se la mostró a la mamá y a la señora que iba al lado. La mamá le decía: dígale gracias al señor. El niño miraba al militar y escondía la cara, pero cuando el chico le extendió la mano, el niño se la agarró. La sonrisa del militar fue de impacto.

En ese momento pensé que el joven militar debió haberlo sentido como un pequeño triunfo personal.

la cultura del ahorro

Lunes, 18 de agosto de 2008

Soy Medea, y no tengo crédito.

Por ende, las cosas las compro en efectivo, al momento, en una sola dolorosa cuota.

Ahora que leía a Arias en El Kilo, creo que él y Wilde tienen un buen punto. En Colombia, vivir con el salario de miseria que pagan y sin crédito es no poder adquirir siquiera las necesidades básicas. Digamos que un salario mínimo es de 430 000 pesos.

Eso significa que trabajo 8 horas diaras de lunes a sábado, y digamos que me transporto en transporte integrado ida y vuelta. Pongámosle que sólo para ir a trabajar, me gasto 3000 por día, y de los 30 días del mes apenas tengo 4 días libres, me gasto 76 000 pesos en transporte en un mes, poniéndole poco. Me quedan 354 mil pesos para alquiler, ropa, comida. Alguien se ha fijado en los clasificados ultimamente? Una persona no puede vivir sola con un salario mínimo. Entonces pongámosle que comparte casa con alguien y paga 200 000 pesos por su pieza. Le quedan 154 mil pesos para comida y ropa. Si le da por comer por fuera, cada vez q lo haga, serán 10 000 pesos de eso que se restarían. Apenas tendría para 10 comidas por fuera, así que le toca comprar fríjoles, arroz y huevos. Y pobre si necesita champú, acondicionador, desodorante o detergente: cada uno de esos puede rondar en 8000 pesos lo más económico.

Y si necesita comprar nevera? No le queda otra que comprarla a pagos. Todos los meses estará tallado con la plata, pero podrá tener una nevera en la casa.

En cambio, yo, para comprar la nevera debo ahorrar. Una vez que he ahorrado, puedo comprarla. Pero a veces fallo en los cálculos.

Ahora tengo una nevera nueva en casa… la ironía es que este mes, no tengo con qué llenarla.

Fe

Lunes, 11 de agosto de 2008

Abrí los ojos a las 6:50am. Mientras me acurrucaba debajo de la delgada cobija y hundía mi cabeza llena de nudos en la almohada más profundamente pensaba en si debería darme la vuelta y seguir durmiendo o… algo tenía importante que hacer. Ese pensamiento irrumpía en mi mente y fue creciendo como un tsunami en mi cerebro. Algo… algo… algo. A… Aeropuerto! Miré nuevamente el reloj: 6:50. Mierda. No me habían llamado a despertarme a las 5 y a las 5:15 como había solicitado a la recepción. Mi avión salía a las 8:05 minutos, y se recomienda estar 2 horas antes en el aeropuerto. Mierda.

Me puse la ropa del día anterior, me amarré la maraña que hacía el papel de “pelo” esa mañana y agarré cuanta cosa estaba fuera de la maleta para salir corriendo. Un sobre quedó bajo la puerta sin que me percatara de él. Tuve que devolverme a medio camino porque llamaron del hotel a avisar que lo habían encontrado roto bajo la puerta. Más minutos perdidos. El taxista hacía zigzag, se metía por calles y yo nada más rezaba porque el vuelo se atrasara. “Que se retrase el vuelo, que se retrase el vuelo”. Llegué al aeropuerto a las 7:20, corro a cambiar toda la plata en pesos mexicanos que tenía, me brinqué todas las filas y logré convencer a otros pobres que también estaban a punto de perder vuelos, pero después del mío, que me dejaran pasar. Mi cara de angustia, de “mi vuelo sale en media hora” creo que fue suficientemente convincente. Entonces el supervisor me señala a la ventanilla y me dice “ya es tarde, perdió el vuelo”. Pido por favor, me quedo en la fila, ruego que alguien se apiade de mi y de mi maleta. Estoy dispuesta a dejar mis dos botellas de tequila, mi champú, mi perfume, los líquidos con tal de subirme con mi maleta en el avión.

De pronto la chica sube mi maleta en la báscula, le pega las etiquetas y me da los pasabordos: “la puerta de embarque todavía está sin definir”. Whoa!Woohooo!
Salgo corriendo por el aeropuerto. Corro por los pasillos eternos con cuadros turísticos. Llego a información y no me sale la voz de lo agitada que estoy. Trago bocanadas de aire y mascullo la pregunta: me señalan hacia la sala y me dicen “no se agite, que tiene tiempo”. Increíble pero cierto. Había tiempo. Pude llegar a la sala, seguir caminando para recuperar el semblante tranquilo y gastarme las monedas en un chai frapuchino de Starbucks que tuve que dejar en el counter a medio tomar porque no lo podía subir al avión. Agradecí a Dios por ayudarme con esta, por no tener que pagar un tiquete extra por perder el mío, por poder estar subida en el avión, por que mi maleta iba a llegar intacta y sin problemas.

Al final de cuentas, ya en el avión, medité. Llegó un momento en el taxi, mientras el conductor calibraba la velocidad de tal manera que todos los semáforos los agarráramos en verde que me di cuenta que no había NADA que yo pudiera hacer. Nada. Si iba a perder el vuelo lo perdería. Por más que me apurara, al no ser que se atrasara, estaba tarde. Llegar con media hora antes que arranque un avión no es suficiente. Me entró una paz. De esa que da cuando ya dejaste todo en otras manos. Y al final de cuentas resultó. Ni tengo claro qué cosas me olvidé en mi salida apresurada, pero sea lo que fuere, valió la pena. Porque llegué bien.

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