Meditaciones

Cuestiones culturales

Sábado, 14 de abril de 2012

Siento que hay una rara tendencia de engañar y mentirle a los niños con la idea que eso es “la ilusión de la infancia”.

Todo comenzó para el día de los inocentes, April Fools (1 de abril). A algunas señoras les pareció interesante pintar las uñas de los pies de los niños mientras dormían, maquillarles la cara, dejar huellitas diminutas por ahí como rastro de sus diabluras.  Cuando los niños despiertan, entonces les dicen que fueron los duendes que hacen diabluras y les muestran las diferentes evidencias de que los duendes llegaron.

Prueba #2. Día de San Patricio. La misma cosa, pero las huellas todas son verdes, y además se hacen “trampas” para atrapar a los duentes, o se les deja comida (así como a Santa Claus).

Prueba #3.  Pascua. Los niños plantan un frijol de gomita (jellybeans), y al día siguiente en vez de un frijol hay una paleta, quod erat demonstrandum que de los frijoles de goma nacen paletas.  También el mismo truco de las huellas de conejo para que sepan que pasó por ahí el conejo de pascua dejando huevos de chocolate.

Prueba #4:  El hada de los dientes. Ahora hay un servicio que te permite tomarle una foto a los niños y agregar un hada de los dientes para tener pruebas que vino a visitar durante la noche y que les deje plata a cambio de un diente. Además, la gente paga por ese servicio.

Prueba #5: los niños creen que “Santa Claus” trae los regalos, y decirle a un niño que Santa no existe, (o nunca enseñarles eso) es casi casi como robarles la niñez.

Soy yo la única amargada del planeta que cree que esto es muy raro? El mundo ES un lugar maravilloso lleno de cosas reales que pueden ser causa de ilusión, sin necesidad de inventar personajes o situaciones. Enseñarle a un niño a plantar algo real puede tener mucho más de beneficio que el placer instantáneo y completamente falso de creer que de un dulce puede salir un dulce más grande.  Por un lado se le enseña a los niños a temerle a los extraños y por otro es completamente aceptable que un extraño barrigón entre a las casas todos los años… niños que crecen pensando que los conejos ponen huevos, que las fotos aunque se vean muy mal manipuladas… no mienten. Que un ratón que quiere construir un castillo entra a la casa, anda por la cama, se arrastra por la almohada donde dormimos y escarba un diente para dejar una moneda a cambio. Tal vez de ahí venga el miedo a los dientes, y a la idea que con un poco de avaricia de por medio, no tendrían que esperar a que se caigan los dientes para poder suplir un déficit de ladrillitos de marfil. Después nos sorprendemos cuando los niños crecen y creen todo lo que leen en internet. Tal vez sea q nuestros países son tan inverosímiles que más bien nos toca demostrar que las cosas tienen lógica, causas y consecuencias en nuestros hogares.  O seguramente todo esto sucede en América Latina y yo he estado viviendo una burbuja donde pienso que es importado o muy extranjero, cuando no es ni lo uno ni lo otro.

Mis recuerdos más tempranos de navidad no son pensar que venía santa o el niño dios, sino saber que eran mis padres. Eso no evitó que escribiera cartas al “niño dios” y me asegurara que mis padres las vieran antes de yo enviarlas… pero creo que todos sabíamos como era la cosa. Recuerdo un día que vi a mi hermano y mamá escondiendo huevos de pascua por todo el jardín, y después nos pusieron a buscarlos. Es de los recuerdos más bonitos que tengo de mi infancia, y no hubo conejo de por medio. Yo no lidiaba bien con los engaños…  De hecho, una parte de los recuerdos rencorosos de mi infancia son de las mentiras que me dijeron. Que si no comía me iban a poner inyecciones de carne molida, cuando yo había visto el inyectador de carnes de mi madre en la cocina, con su aguja de .5 cm de diámetro.  Que la doble línea amarilla de la carretera era el carril para las bicicletas.  Que uno reconocía a los toros de las vacas porque tenían cachos.   Recuerdo la decepción cuando descubrí que esas cosas eran mentira, y eso que todavía era muy niña.  Todavía me da mal genio, y eso todo sucedió hace más de 20 años.  Y mejor ni me meto a explicar la confusión con la que llegué a mi primera confesión a admitir que todavía no creía en eso de Adán y Eva porque nadie había podido explicarme dónde cuadraban los dinosaurios en toda esa historia.

La niña que fui no acepta que sea visto como inocente mentirles a los niños para diversión de los adultos.  Creo que hay maneras de decir las verdades difíciles de manera que no sea más información de la que un niño pueda aceptar, pero de ahí a inventar que las cigüeñas y repollos porque el adulto no tiene la madurez suficiente para explicarle a los niños cuál es su origen es irresponsable.   Seguro le di más de un dolor de cabeza a padres cuyas hijas pensaban que los bebés venían de Europa o de repollos o de cigüeñas, hasta que yo iba por mi libro que tenía dibujos que lo explicaban y les mostraba que no, que los bebés venían de la barriga de la mamá.

Pero acepto que muchos crecimos creyendo algunas mentiras, y que tal vez hay gente que recuerda esas mentiras como con ilusión. Tal vez alguien no sabía que el pollo que se comía era lo mismo que hacía pio pio y se veía peludito y amarillito en los libros de dibujos y vivió para contarlo. O que sienta que la navidad no hubiera sido lo mismo sin creer que los regalos los compraba un viejo barrigón o un niño en un pesebre.   Sé que ya poca gente me lee por estas partes, pero si están por ahí y llegaron hasta aquí, ¿será que me cuentan de esos recuerdos suyos de las “ilusiones” de la infancia, y si la verdad era parte o no de ella?

Oda a los libros electrónicos

Domingo, 26 de febrero de 2012

Hoy pasé unas 3 horas mirando libros en goodreads y perdí noción del tiempo. Fue como regresar a las épocas en las que la librería internacional era nueva y podía pasar horas de horas mirando los estantes, pero mejor.

Desde  mi infancia fui ratón de biblioteca, y el amor por los libros de mi padre lo heredé sin duda.  Mi colegio en Perú tenía una maravillosa biblioteca, enorme y abierta a todas horas: comía rapidísimo para poder ir a la biblioteca a pasar mi hora de almuerzo y no era la única.  Cada visita podía resultar en 3 a 5 libros bajo el brazo que me llevaría a mi casa para leer en los siguientes días: en el bus, en el aula, en mi cuarto durante la tarde.   Los estantes de las recomendaciones de los bibliotecarios eran invaluables, sabía que un libro seleccionado de esas áreas tendría mayor probabilidad de ser entretenido y exitoso que de las otras zonas misteriosas donde maravillas entre dos pastas  se codeaban con ladrillos del engaño que prometían para entregar enredos incomprensibles. Había libros grandes y pequeños, pastas duras y pastas blandas, todos con su sobrecito y tarjeta en la que iría mi nombre y la fecha en la que debería devolver el libro.  Pero no había manera de saber si un libro valía la pena sin arriesgarse.

Entonces tengo que decir que esta época moderna, en la que puedo mirar en una página web una serie de libros que otra gente ha leído y puedo mirar si los han calificado bien le patea el rabo a esas épocas donde muchas veces me frustraba por no poder saber cuál sería mejor. En aquellas épocas podía sentarme entre estantes y mirar, abrir páginas, leer un capítulo y darle chance al libro. Hoy por hoy ni tiene uno tanto tiempo y ya no tengo acceso a bibliotecas, por lo que me encuentro frente a frente con un libro envuelto en plástico que no puedo abrir ni siquiera para determinar la calidad del papel, tamaño de letra, o si hay dibujitos o no. Hoy en día, sentada a mi computador puedo investigar las razones detrás de buenas o malas críticas a un libro: la gente deja comentarios y especifica qué es lo que no les gustó. A veces son justamente las cosas que también me incomodan y me ahorraron la plata, otras veces me doy cuenta que su disgusto proviene de que no le gustan ciertas cosas que a mi tal vez sí me gustarían, y le doy chance al libro.  Si veo algo que me gusta, inmediatamente puedo hacer otro click y ver cuánto costaría obtenerlo. Si viviera en algún lugar con un sistema bibliotecario decente, podría inclusive entrar en línea y ver si lo puedo descargar sin costo adicional.  Pero si alguien no tiene biblioteca o  tarjeta de crédito o si el libro que busca está bloqueado en su región… igual puede descubrir cómo obtenerlo en la mayoría de casos.  Cualquiera de esas opciones tarda entre segundos  y 3 minutos. Y ZAS. Tengo el libro en mi computador o en mi lector electrónico.

Me imagino con la tecnología de hoy en la biblioteca del ayer: mirar un libro y poder revisar qué es lo que otra gente ha comentado de él. Reconocer nombres de personas que lo han leído y les ha gustado me indicaría posibles amigos con los que me podría llevar bien si a mi también me termina gustando el libro.  Hubiera podido tener un control de todos los libros que leí durante un semestre, y lo que pensé de cada uno de ellos.  Bueno, tal vez eso último no: todavía soy malísima para escribir mis propias críticas literarias.

Hace unos años hubiera estado hoy frustrada: entre viernes y sábado me leí unos 3 libros y me quedé sin más que leer. Pero gracias a internet, a recomendaciones, listas y búsquedas, ya tengo una nueva lista y esta noche podré estar acurrucada con mis gatos, leyendo alguna de mis más recientes adquisiciones: todo con un click.

School

Viernes, 10 de febrero de 2012

Hoy grabé para un podcast en inglés, en el q me habían pedido escribir algo sobre la escuela. En una noche me senté y se me vinieron a mente muchos episodios, pero uno en particular sobresalió y tiene q ver con el uso de la imaginación, los roles de género y el ser melliza. Para el podcast se editó mucho para entrar en las restricciones de tiempo, pero acá les dejo el texto original:

My mother once said that the one easy thing about having twins is that we could play with each other, so she was free to take care of my other siblings. And I have to agree with her: that was also the best part of growing up as a twin.

Somewhat free of adult supervision, my sister and I would make up elaborate scenarios, using our imaginations to turn our backyard into the setting of dozens of adventures. We would take turns to fill the roles necessary in our games: the bad guys, the heroines, the well-meaning and awkward sidekicks who would unwittingly hinder our escape plans whenever they tried to assist us.

We would make up stories to entertain us during our chores: one of them included us being sold into slavery to a bratty boy who slobbered and who ordered us around to do his bidding with onerous tasks such as making our beds and picking up the toys, but perhaps this time we had to make the bed without using our hands, and pick up our building blocks using only our feet? And so we spent our pre-school years, having a constant playmate 24/7.

Once we went into kindergarten, we started discovering how other children played and learned that different kids did different things.

I tried playing dolls, but quickly got bored when it turned out that playing didn’t mean making up stories for adventures the Barbies could take but instead consisted of exclusively comparing who had the best accessories, combing their hair and dressing them.

There was a playhouse in the garden of my pre-school, with painted on furnishings and appliances. I’d never played house in an actual house where I didn’t have to make everything up, and I was terrily excited. The possibilities and scenarios were endless, except for one hurdle… it seemed that none of my classmates had discovered the goldmine that lay within the playhouse, sitting in plain sight. My twin sister was in another classroom in another part of the building and could no longer be my playmate, so I went to recruit a suitable companion. I tried with a couple of boys but wasn’t too successful: one went into the house, looked around and declared it was boring, the other good-naturedly humored me as far as saying a couple of phrases that I prompted him to say until I made the mistake of sending him off to work: he left, never to return. Single playhouse-hood wasn’t in my plans, so I went to recruit a girl.

I cajoled one away from her barbies to join me, and inside the house I foisted on her a lunchbox in lieu of a briefcase and a hat: now lets play. As she stood there, looking puzzled, I prodded:: we were in a house, and we were married and I did the mom things and she did the dad things. She asked… “but who is the dad? We need a boy!” I told her that I had already tried to recruit boys, but they didn’t know how to play and I was sure she would be a lot better at it. She didn’t buy it. She insisted that she was a girl and couldn’t be a daddy. I tried to coax her: daddies had it a lot easier, they just sat there and wrote behind their desks and ate food from the kitchen and then came out and picked kids up when they came from work. She didn’t budge, and I could see her slipping away as she stared out at her barbie playing friends who were now swapping tiny clothes and shoes. So I switched my tactics: “Lets take turns then, first I’ll be the daddy and you see what daddies do and then I’ll be the mommy and you’ll be the dad!”

So I went out and came back in and said that I was hungry. She replied that she didn’t have any food. I pointed to the wall above the kitchen counter where there was a painted drumstick sitting on a yellow plate besides a vase with a single red flower. She tried to peel it off. I realized this was going to be harder than I thought, and so I asked her to wait and ran out to the toy box to pick out an actual plate and cup, to help this poor unimaginative soul. At this rate I was NEVER going to get to play! While at the toy box, I discovered more props that would perhaps help the situation: I put on a tie, jacket and glasses, and with my briefcase and hat, my costume was complete.

I made a beeline for the play house, where my play-wife was still trying to pick at the painted food on the wall. My teacher intercepted me and asked me what I was doing. I explained that I was going to play house, and I had to hurry up because my friend was waiting to play. She looked concerned, and asked me to please give her the play clothes I was wearing. I couldn’t remember if I was allowed to pick out dress-up clothes at recess or not… was I in trouble? She took my costume and took me to the playhouse, and I was feeling sorry that without the clothes, it just wouldn’t be as believable. I went right back in and gave the cup and saucer I still had in my hands to my friend and was going to explain how we were going to play when the teacher interrupted, and told my friend to please go back and play with her barbies. The teacher then crouched over in front of the kitchen and proceeded to go between stating the obvious and saying things that I had no idea what they meant. That this was a kitchen and did I know what women did in the kitchens? That this was a plate and cup and that I could put it on a plate and serve it to someone. That I could cook, and I could clean. Did she think that I didn’t know how to play? It was my friend who needed to hear these things! I tried to tell her, but then she went on talking in a serious tone of voice about what mommies and daddies did in the home. That I was a girl and hence, I had to play as a mommy. It was good to play with girls, but only if I played as a girl. I was feeling uncomfortable and ashamed but my teacher kept me a while in the playhouse and tried to get me to play house with her, where we both did senseless household tasks with no purpose. The fun was gone.

A little while later I begged off and went to sit by myself on a swing, desperately missing my twin sister. As I kicked my feet and felt the wind in my face I went from ashamed into frustration and anger. As I swung higher and higher I understood: the teacher was wrong. She was just like my friend, not knowing that you didn’t actually need a boy or real plates and dishes to play house, that you just needed an imagination. That my dressing up as a daddy was not because I thought I was a boy or wanted to be one, but because when you play, you can be anything for a while: a bad guy, a sidekick, a mommy, a baby, a heroine or even a father.

That wasn’t the last time teachers took it on themselves to talk me out of doing “boyish” things, and sometimes I felt that maybe I was in the wrong. Some years later during recess I sat with other girls on the grass with my basic My Little Pony, trying to get more involved with the apparently better female pursuits my teachers kept pushing at me. I was miserable, finding out that my beloved pony failed to measure up with the other glamorous ones with sparkly rainbow colored hair, gemstones, movable wings and floor length manes. The girls didn’t care that Applejack was funny, loyal, brave and came up with the best adventures, only that he was one of the least expensive models. I looked over at the hill where I usually played with the boys in the class: although they played Transformers and insisted there were no GIRLS in Transformers, they had made the allowance to included the Renegade Gobot, Crasher, from another TV series. Sometimes we teamed up with the kids in my sister’s class who sometimes played an unknown for me game called Star Wars where my sister was required to put rubberbands around her two ponytails.

I saw my male classmates heading my way, running on the sidewalk. As they stampeded by, one of the boys stopped, doubled back and looked at me surprised. “Why aren’t you playing with us today?” “I’m playing with ponies.” He furrowed his brow for a bit, considering, and asked “is it fun?” I stood up so that I didn’t have to speak too loudly and replied that actually, it wasn’t that fun. Baffled, he asked me why I was playing that instead of with them as I usually did, didn’t I have fun with them? So I made up my mind: I handed over my pony for safekeeping to one of the girls, tightened the velcro on my shoes and sped off with my friend out over the playground: I was needed to save the Transformers from the evil Guardian Gobots.

Grandes Pasos y pequeños detalles

Sábado, 2 de julio de 2011

Llegué el 15 de junio a Colombia, a correr y alistar las cosas para la boda.

Suena tan raro decir eso… nunca planeé casarme con nadie. Cuando pensaba en mi futuro me imaginaba que sería alguien como Katherine, el personaje de Lindsay Duncan en Under the Tuscan Sun… super glamourosa, viviendo sola, usando sombreros fantásticos y disfrutando la vida, ojalá con un par de gatos. Si no saben de quién hablo, sale en el minuto 3:10 de este video y reaparece en el 5:55.

Nunca abrí una revista de novias con algo más que curiosidad que rápidamente se convertía en perplejidad y una sensación de “por qué se somete la gente a tanto estrés” y los programas de novias neuróticas me aterrorizaban… de hecho, todavía lo hacen. Sobra decir que no estaba NADA preparada para organizar una boda.  Obviamente mi boda no se parece en nada a las que salen en la tele o películas o revistas de esas y eso ha sido bueno y a la vez malo.

Bueno porque va a ser lo que nosotros queremos que sea, no lo que la sociedad o las revistas o las expectativas de otros nos indican que debe ser. Aclaro que si a alguien le gusta y le emociona la idea de la boda super elaborada y con cientos de invitados y puede pagarlo, genial. Pero qué triste que terminen haciendo todo eso por obligación y no sea algo que los vaya a hacer feliz a ellos.

Es malo porque muchas veces tenemos que explicar y lidiar con el juicio de otra gente, usualmente extraños, quienes sienten que deben opinar sobre todo lo que no estamos haciendo “como se debe”.    Desde la elección del pastel, a la cantidad de invitados, el hecho que no sea por la iglesia, por el color del vestido, por decidir no tener anillo de compromiso,  por el pelo, por casarme con gafas y no aprovechar para verme “diferente”.  Esa es la q más me revienta. Por qué querría verme diferente el día de mi boda si soy muy feliz con quien soy? Sí, tampoco soy inmune y a veces me da un poco de inseguridad sobre mi apariencia, pero no tiene nada que ver con usar anteojos y tener el pelo rizado, muchasgracias.  Afortunadamente no es algo que nos mantenga angustiados y despiertos en la noche, pero sí cositas que al momento chocan y amargan un poco hasta que me acuerdo que al final de cuentas quien se casa soy yo y no ellos y a mi me gusta mucho cómo lo vamos a hacer.

El flaco y yo estamos pagando todo, y desde el principio establecimos que no nos endeudaríamos para casarnos, o sea, que todo lo estamos pagando a contado y sólo con la plata que ya tenemos. De las cosas que nos parecen importantes y que es una meta para nosotros como pareja es la de no tener deudas de consumo  y que si nos endeudáramos, sería para pagar algo que sea una inversión, como una casa por ejemplo, o equipo para trabajar.  Endeudarnos para pagar una fiesta sencillamente no va con nuestra manera de ver el mundo y que eso signifique que tiene que ser algo sencillo y pequeño no nos molesta en lo más mínimo.

Al principio queríamos algo íntimo sólo con los padres e invitarlos a almorzar, luego mis hermanos se unieron a la fiesta y amigos solicitaron que los incluyéramos y bueno, al final no es todos los días que uno se casa así que nos pusimos a buscar salón para hacer una pequeña recepción.  Mi mamá encontró un hotel en el que se podrá hospedar mi familia que viene del exterior y además nos pueden organizar todo para un desayuno de recepción y sólo nos toca pagar por la comida. YEAH. Después de ver los datos de bodas de otras personas me doy cuenta que no tener que pagar por sillas, por cubiertos, por manteles, por mesas, por flores y por alquilar el local… es una ganga :D

Nos casaremos en una notaría, y será en las horas de la mañana.  Puesto que yo no estoy confirmada y ninguno va a misa, eso de casarnos por la iglesia como que ni nos llamó la atención.  En la notaría organizan una pequeña ceremonia a la que podemos llevar 10 invitados, que son la familia inmediata de cada uno y ya, luego iremos al hotel para el desayuno.

Tendremos torta de chocolate. Lo que para muchos es normal, pero pareciera que acá en Colombia es sacrílego eso de no casarse con la “torta de novias” que es una cosa negra llena de frutas y nueces y pasas y macerada en vino.  Les encanta tanto la torta de novias (o torta negra envinada) que en las pastelerías la gente puede comprar un pedazo y comérselo, y también es la torta que usan para bautizos, graduaciones, cumpleaños y esas ocasiones elegantes. Odio la torta envinada. La he probado varias veces… y siempre compruebo que no es idea mía, realmente no me gusta. En realidad es una ventaja, puesto que por una torta envinada le cobran a uno el doble. Entonces mandamos a hacer la torta por encargo para que se ve bonita por fuera y sea deliciosa por adentro.

Hasta después de tener todo programado es que mandamos a hacer las invitaciones… y ya dentro de una semana es la boda y apenas hoy me las entregaron (están lindísimas) . Como nos vamos de paseo de fin de semana entonces hasta el martes las repartiremos.  La ventaja es que quienes van a la boda ya están invitados y saben, nada más recibirán la invitación como un formalismo. Y por cómo las redactamos nos servirán como anuncio de la boda para los que no pudimos invitar o que no pudieron venir, ésas las enviaremos después de la boda.

Nunca me visto de blanco, de hecho no tengo ni siquiera una camiseta, brassiere o calzón de ese ¿color?.  Y como tampoco soñé nunca con una boda de blanco, pues naturalmente decidí que me casaría con un vestido de un color que me gustara y que podría volver a usar. Tuve suerte y un par de días antes de venirme a Colombia lo encontré y me encanta. Hace un par de días conseguí los zapatos y ya estoy casi lista.  El flaco ya consiguió su ropa y se ve absurdamente guapo. Como así.  Creo que lo único medio tradicional que tendré es que voy a usar un velo que tengo pendiente hacer con mi hermana.

 

Pelo y maquillaje me lo haré yo sóla… en pocas palabras odio los salones de belleza y a las estilistas que inmediatamente asumen que la única manera de verse bien es con el pelo cepillado y aplanchado.  Por lo del maquillaje, no tengo ningún recomendado de confianza que no sospeche que me vaya a dejar como bataclana o vedette cincuentona:  tengo un trauma de maquillistas y gracias, pero paso.  Es tanto mi trauma con los salones de belleza que ayer fui a que me aplicaran un tinte y aunque no sucedió nada trágico en el salón, la desatención del personal y la insistencia de todas las personas que me atendieron por que me cepillara el pelo (lo tomaban como si fuera lo más lógico del mundo) fue suficiente para que me pusiera a llorar en la casa.  Los ODIO.

Los anillos los mandamos a pedir por internet y son unos super ñoños que nos encantaron. Ninguno de los dos usamos anillos ni joyas, pero éste fue un diseño por el que los dos haremos la excepción.  Decidimos que no haríamos lo del anillo de compromiso: el compromiso entre nosotros está y no necesitamos símbolos.. y pensando en que se vienen gastos bastante fuertes para nosotros como tiquetes de avión y gastos consulares y trámites de residencia y otros, pues mejor invertimos ese dinero del anillo en esos trámites que representan mucho mejor el compromiso entre nosotros.

Estoy satisfecha. A pesar de los problemitas que han surgido ya lo importante está. Mis hermanos y mi mamá han resultado ser los resolvedores de problemas por excelencia, brindando apoyo y consiguiendo encargos imposibles. Mis suegros han sido un gran apoyo durante todo el tiempo que he estado acá en la casa de ellos.

Estamos a 8 días de la boda. Los dos emocionados.  Será fenomenal.

 

PD. He estado un toque obsesionada con las bodas de otros a través de internet. Encontré el bálsamo perfecto para las bodas de revista y películas en ciertas páginas que se centran en las bodas pequeñas, diferentes, que se salen de lo normal.  Por si alguien quiere darles un vistazo, las recontra recomiendo:  The Offbeat Bride, RockandRoll Bride, A Practical Wedding, Green Wedding Shoes.

Worst Case Scenario

Domingo, 5 de junio de 2011

Hoy hice una idiotez. De vez en cuando me tinturo (tiño) el pelo, y hoy decidí también hacerme las cejas para que combinaran mejor con el color del resto del pelo. Hasta ahí todo bien. Cuando llegó el momento de lavármelas y retirar el tinte, pues hice lo q usualmente hago, agarrar un poco de pasta de dientes en un cepillo viejo y usarlo para eliminar los rastros de tintura de la piel… Pues resulta que era pasta de dientes de esa mágica que trae químicos para blanquear los dientes y me ardió la piel de una manera impresionante. Entré en pánico y me quité la pasta y aprovechando q la botella de vinagre blanco estaba en el baño, me eché un poco en las cejas para neutralizar los químicos (si sirve con gas lacrimógeno, por qué no con químicos raros?). Aunque no cayó nada en mis ojos, los siento cansados y como que me arden y en mi mente puedo recordar con exactitud fotográfica la parte del instructivo donde advierte que no se debe usar  la tintura en  combinación con otros químicos y que si se usa en cejas ellos no se hacen responsables de la posible ceguera. Y pensé: ¿ qué sucedería con mi vida si por vanidad y estupidez quedara ciega?

Pensé que sería en la mañana que me daría cuenta. Abriría los ojos y no podría ver nada. No tendría idea de qué hora es, si todavía es de noche o ya amaneció. Gritaría a ver si está mi hermana y al darme cuenta que no está, hiperventilaría unos minutos mientras pensara qué hacer. Podría llamarla al celular… pero no me sé su número ni lo tengo en marcado automático.  No podría entrar a internet a buscarla porque tampoco podría ver dónde estoy navegando.  Tendría un par de opciones: marcar el último número al que haya llamado por mi celular, y esperar a ver quién responde. Le contaría mi dilema y le pediría que se contacte con mi hermana y le avise que venga a la casa de inmediato, que es una emergencia, que me quedé ciega.  Entonces llamaría al 911 y les pediría que vengan por mi, que estoy ciega y necesito que me lleven a un hospital a ver qué sucedió. Saldría de mi cama y buscaría ropa para ponerme, utilizando mi memoria para adivinar dónde dejé los zapatos y tanteando la ropa para saber de qué lado ponérmela y esos detalles. Agarraría la cartera y revisaría q la billetera estuviera adentro, y bajaría a esperar la ambulancia.

Digamos que no pudieran resolverlo… tendría que replantearme la vida como persona no-vidente y estoy segura q hay gente en los hospitales que te ayuda en eso: enseñarle a uno a caminar con bastón, a cocinar, a vivir. Qué haría por diversión? Ensayaría a puro tacto cómo hacer que funcione el text-to-voice de mi kindle para poder “leer”, y aumentaría la cantidad de audiolibros.  Tendría que aprender a usar la compu con algún software de lectura para seguir trabajando.

En mi imaginación llegué hasta el momento en que me tocara viajar a Colombia. Pensé que pediría q alguien me espere en el aeropuerto y que me acompañaran todo el trayecto. Pasaron unos 30 segundos desde q me ardieron los ojos hasta estar en un avión a Colombia. En la mente todo va a la velocidad de la luz.

Ya no me arden los ojos. Estoy en cama y vuelvo a ver al celular. Recuerdo dónde está por si necesitara encontrarlo a tacto en la noche.  Tengo mi visión, audición y todos mis sentidos. Sé que en un santiamén un accidente sucede y la vida cambia. Nada más espero que si alguna vez llega a suceder, yo sea capaz de enfrentarlo y seguir adelante. ¿Mientras tanto? No volver a hacer idioteces.

 

En caso de emergencia

Viernes, 18 de febrero de 2011

Un artículo en la red y un recuento de lo que he visto suceder en la red me hizo pensar en el uso que le damos a las redes sociales, qué tanto confiamos en ellas y si confiamos lo suficiente como para usarlas en caso de emergencias. Queda mucha tela por cortar, mucho por investigar  y descubrir, como por ejemplo cuál es el patrón de uso en Costa Rica de las redes sociales en momentos de crisis, pero acá va un poco de lo que me pasa por la cabeza respecto a este tema.

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Disco Duro

Miércoles, 9 de febrero de 2011

-Entiéndame -explicó-, considero que el cerebro de cada cual es como una pequeña pieza vacía que vamos amueblando con elementos de nuestra elección. Un necio echa mano de cuanto encuentra a su paso, de modo que el conocimiento que pudiera serle útil, o no encuentra cabida o, en el mejor de los casos, se halla tan revuelto con las demás cosas que resulta difícil dar con él. El operario hábil selecciona con sumo cuidado el contenido de ese vano disponible que es su cabeza. Sólo de herramientas útiles se compondrá su arsenal, pero éstas serán abundantes y estarán en perfecto estado. Constituye un grave error el suponer que las paredes de la pequeña habitación son elásticas o capaces de dilatarse indefinidamente. A partir de cierto punto, cada nuevo dato añadido desplaza necesariamente a otro que ya poseíamos. Resulta por tanto de inestimable importancia vigilar que los hechos inútiles no arrebaten espacio a los útiles.

Sherlock Holmes, Estudio en Escarlata

Tengo unos amigos que se saben de memoria la letra de cientos de canciones, y pueden hacer revisión mental para buscar esa frase o esa estrofa que necesitan para ilustrar una forma de sentirse o de pensar. Son de los mismos que no tienen que ver la letra en un karaoke, y no sólo con la canción favorita: pareciera que se las sabe todas de memoria.

Otro amigo guarda detalles. Tiene una memoria prodigiosa y se acuerda de cosas que sucedieron hace años de años de años… pero no como una nebulosa de “ay, yo creo que sí fuimos” sino que puede decirte quiénes estaban, qué película se vio y en qué restaurante se comió. Incluso puede acordarse de qué se habló mientras estaban sentados en la fila.

Están también los que cuando comparamos notas sobre alguna serie de TV, se saben el nombre y número del episodio, la temporada y pueden citar frases. O los que ve uno en cierto tipo de fiestas, que tienen una frase de algún famoso para cualquier momento “Como dijo Lacan”, “Ortega y Gasset en X año mencionó”, etc. En el pasado eran los que se acordaban de los números telefónicos de todos. Ahora estarán los que ponen passwords distintos para cada página y se acuerdan de todos. Esa amiga que conoce a alguien y nunca se olvida del nombre ni el lugar en el que se conocieron: ella le cae bien a todo el mundo.

Me pone un poco nerviosa este asunto. Porque definitivamente no tengo memoria disponible para recordar caras, ni fechas importantes ni para cumpleaños. No me sé los teléfonos de nadie, y soy pésima para saberme la letra de las canciones, si acaso me sabré 3 de memoria, las demás me las he olvidado. Lo confieso: no recuerdo los detalles de lo que estudié en la Universidad y no sé si seré la única de mis compañeros que no puede repetir de memoria los monólogos que hice. No recuerdo las citas ni salidas, en muchos casos tampoco tengo idea de “cómo fue que nos conocimos”. ¿Entonces, en qué estoy ocupando mi memoria?

Creo que mi cerebro es como el cuarto del necio, lleno de cosas que me van gustando, no tanto porque sean útiles. Recuerdo frases de libros favoritos, pero no citables sino nada más como sensaciones. Sospecho que si me pusieran un violín en las manos, mis dedos recordarían dónde posarse y poder tocar “The Long Song”. . Mis manos se acuerdan de cómo deben moverse para tejer un par de medias, o un sombrero o una sencilla bufanda. En la cocina a veces no mido ni peso ni calculo volúmenes: lo hago a puro ojo, basándome en lo que ya leí sobre la receta o las veces que la he hecho antes. Recuerdo videos que he visto, historias que me han contado, cosas sobre las que he escrito.

Recuerdo instrucciones de cómo brillar una lata de gaseosa con una chocolatina para poder hacer un espejo de emergencias o para concentrar la luz y lograr encender yesca. Sé cambiar llantas, puedo encender chimeneas, y a punta de tips and tricks he logrado salvar más de una situación. Para todo lo demás, guardo recordatorios abstractos de lo que he visto, frases sueltas, trucos, consejos, trivialidades que me hacen cosquillas en el cerebro. Datos que me intrigan o me hacen sentir bien, o noticias que me dan vueltas.

En la más reciente versión de Sherlock Holmes (recomendadísima de la BBCOne) Sherlock moderniza la frase que colgué ahí arriba cuando le dice a John que su cerebro es como un disco duro de espacio limitado. Tal vez en eso me parezca a mi cerebro: yo casi no mantengo información en mi disco duro de la compu, todo lo pongo en la red, queda conservado en la nube, disponible desde cualquier punto, e ilimitada. Nada más etiqueto algo para saber cómo encontrarlo después cuando lo necesite. En mi caso tal vez mi disco duro es externo, y se llama internet.

Pasa el tiempo

Sábado, 5 de febrero de 2011

Ya en el 2011. Inserte cliché aquí de cómo pasa el tiempo y uno no se da cuenta.

Qué ha sucedido en 2 meses de no escribir en el blog? Pues fui  a Colombia a pasar  Navidad y Año Nuevo. Me vi con familia y amigos y la verdad es que disfruté mucho. Estuve en el Nevado del Ruiz, en Medellín, en Támesis y en los carnavales de Negros y Blancos en Pasto que fueron una locura completa. Maravilloso.
Regresé a Costa Rica  y me fui a Monteverde a visitar amigos de cuando vivía por allá, y respiré aire más limpio, vi cielos llenos de estrellas,  y animales salvajes por los jardines. Me hizo gracia la naturalidad con la q mi amiga buscó a los gatos para encerrarlos en la casa una noche que salimos porque hay un jaguar merodeando en la zona y no sabe distinguir entre mascotas y almuerzo.

Ahora estoy en San José, nuevamente metiendo las manos en el teatro, escribiendo mucho para el trabajo. Creo que si hay una causa para dejar de escribir en el blog es que me la paso haciéndolo todo el día, y cuando puedo apagar el computador no se me antoja escribir más.

En twitter y facebook publico esos pequeños detalles del día a día, ya este espacio está quedando reservado para las conferencias o foros a los que voy y me sirve como un lugar para apuntar.

No prometo nada, pero si me tienen en sus feeds RSS espero que no me eliminen por inactividad.

Acá seguimos.

Manual del Amigo

Sábado, 11 de diciembre de 2010

Hacer amigos como adulto es difícil. Conservar amigos después de irse por más de 3 años a otra parte es todavía más difícil. Y tener amigos para salir de noche es diferente a tener amigos para hablar de los problemas a calzón quitado y que me peguen  un par d cachetadas si estoy sobreactuando y haciéndome la víctima. Sobre todo una tarde de sábado o domingo, porque esos son los días altamente cotizados por todos los amigos del mundo: si uno recibe invitaciones para salir a tardear en una de esos dos  días es señal  que  tiene amigos que lo aprecian.

Hay gente que tiene esa facilidad de hacer amigos inmediatos y que la gente quiere mantenerse en contacto y hablarles y conversarles e invitarlos a toda parte: esas personas tienen mi máximo respeto. ¿Cómo es que lo hacen? Yo les confieso que sospecho que soy una mediocre amiga, me cuesta mantenerme en contacto y nunca  llegó el manual del buen amigo a mis manos.  Además que ahora con redes sociales de por medio, las dinámicas amistosas cada día mutan y cambian y me es muy difícil mantenerme al día. Pero tampoco con lo moderno, hay cosas de antaño que me siguen confundiendo. Y por lo general, lo que resulta es que me confundo tanto que prefiero ni hacer el esfuerzo.

Por ejemplo, vean estos hipotéticos casos que todavía me confunden:

1. Voy a contarle algo a alguien: llamo al celular y no contesta, entonces dejo un mensaje de texto y tampoco lo contestan, ni siquiera un Ok. Gracias. ¿Qué rayos significa?

A. Están ocupados  y aunque no te lo digan apreciarán el gesto.

B. Estoy en Colombia y la persona está sin minutos y no le dio tiempo de llegar al celular, entonces agradece mucho, pero no es capaz de contestarme.

C. No tienen mi número grabado entonces no saben que soy yo la que está llamando, y como tampoco firmo el sms no tienen idea de a quién contestar.

D. Gracias al identificador de llamada se dieron cuenta que era yo llamando, y pasé automáticamente por el filtro de “no me podría importar menos lo q tenga para contar”.

2.  Me encuentro con alguien a quien no he visto en años. Quedamos en que tenemos que vernos pronto y extienden una invitación futura a su casa sin fecha determinada. ¿Cómo proceder?

A.  Esperar a que la persona haga la invitación, como se comprometió a hacer. Al tiempo, preguntarme que le habrá pasado a la persona, que parece que se le olvidó de nuestra reunión.

B. Después de un tiempo prudencial en que la persona no da señales de vida, enviar un mensaje sugiriendo una salida a tomar café o algo.

C. Olvidarte de la invitación, porque todo mundo sabe que “un día te invito” es una manera cortés de decir “no creo que nos volvamos a ver socialmente. Nunca”.

D. Un día sacar el tema y sugerir una salida, a lo que la persona nuevamente dirá que un día de éstos.

3.   Conozco a alguien, me cae bien.  ¿Quién agrega a quién al facebook?

A. Pues si me cayó bien y tengo el facebook, le mando request.

B. Espero a que me mande request, después de todo eso establece el pecking order.

C.  Qué putas importa el facebook? Mejor pedir el teléfono.

D. No importa, igual si tienen cosas en común se seguirán viendo, y si no, pues no.

Además de otras preguntas a las que no sé ni las opciones, como ¿cuántas veces es normal llamar a alguien que no contesta su teléfono para no ser molesto e insistente? ¿Las invitaciones a planes se hacen intercaladas, o es normal ser uno quien haga las invitaciones repetidas veces?  ¿Si tengo un plan pero me arrepiento a último momento: es mejor ir aunque crea que lo pasaré mal, o es mejor no ir?

La cosa es que hay gente de todo tipo, y reacciones y situaciones tan diversas que es imposible de categorizar y catalogar.  Y por eso creo que termino siendo la amiga mediocre, la que nunca llama porque no quiere ser intensa y molesta, la que no insiste con los planes nocturnos, la que espera que la inviten porque no quisiera ser “la que se invita sola”.  Sí organizo planes y cositas, y eso me salva, creo yo, de ser la amiga rémora. Y a veces a alguna gente la entiendo mejor y entiendo cómo actuar con ellos y cómo no empelicularme y sé que son de las personas que lo que piensan y dicen y hacen coincide, y mi vida es mucho más fácil.

Si alguien tiene el susodicho manual del buen amigo… ¿por favor me lo hacen llegar?

Nuevas obsesiones televisivas

Miércoles, 17 de noviembre de 2010

Todavía me encantan las series de TV, nada más que desde que escribí este post me he pasado al otro lado del Atlántico y ahora tengo un nuevo universo televisivo poblando mi imaginario. Hace poco contagié a mi hermana y ahora muchas noches nos encuentran concentradas tejiendo sentadas frente a la pantalla escuchando acentos británicos. Mucho de lo que veo no está en temporada pero se puede encontrar sin mucha dificultad en tvduck, surfthechannel o seriesyonkis.

Entonces si sus series favoritas se acabaron, está entre temporadas, está cansado de lo mismo todo el tiempo, lo invito a pasearse al viejo continente donde con presupuestos mucho menores a la contraparte gringa están haciendo cosas geniales.

Advertencia: los enlaces son de las páginas oficiales de las series y  podrían tener spoilers de todo lo que ha sucedido en las temporadas anteriores, así que prosigan con cuidado.

Un saludo para @manuelj. Gracias a su  influencia en mis gustos televisivos es que puedo escribirles este post y contarles de todo este arsenal de televisión de la que poco conocía al otro lado del charco.

1. Doctor Who: Yo lo único que sabía de Doctor Who era que mucha gente tejía una bufanda super larga de rayas multicolores porque uno de los personajes usaba una en la serie. Resulta que Doctor Who es una de las series de más larga duración en la TV y comenzó en 1963 y se siguió produciendo hasta el 89. En el 2005 decidieron resucitarla y desde entonces lleva unas 5 temporadas que son las que me he visto. Me ENCANTA. Es la que estoy viendo por segunda vez con mi hermana ahora. ¿ Qué tipo de serie es? Es entre comedia y drama, pero también tiene episodios que dan algo de miedo. Tanto que un par de generaciones de niños se criaron viendo la serie desde la seguridad que les ofrecía esconderse detrás del sillón, prefiriendo estar incómodos a perderse la serie. Para mí, el hecho que se cuente la historia de un viajero en el tiempo y el espacio que es el último de su raza es una excusa para entender uno de nuestros más grandes misterios: qué significa ser humano. Advertencia: los efectos especiales a veces son cómicos de lo malos que son, pero va a ver cómo cuando le agarra cariño a la serie, ¡eso deja de importar! Son 5 temporadas y hay episodios especiales, requerirá un poco de tiempo para ponerse al día, y ya está en producción la 6ta temporada.

2. Torchwood: Es esa prima que fuma, se viste provocativamente, se acuesta con todos y no le preocupa el qué dirán de Doctor Who.  Es lo que se conoce como spinoff: basada en un personaje secundario de otra serie, acá el protagonista es el Capitán Jack Harkness que conocimos en la temporada 1 de la nueva serie del Doctor Who. Si bien a los efectos especiales les falta presupuesto y podrían dejan mucho qué desear, eso es parte del charm. Básicamente, el equipo de Torchwood protege la ciudad de Cardiff de las amenazas alienígenas que atrae debido a que está ubicada en un punto débil de la barrera dimensional por donde se filtran todos estos enemigos.  Me gusta mucho el delicioso acento galés de vocales todas redondeadas y adorables que hablan algunos de los personajes de la serie. Son 3 temporadas y están grabando ya la cuarta.

3. Being Human: También de la BBC, pero ya nada que ver con los alienígenas y los viajes en el tiempo. Este se tira a los sobrenatural. Esta comedia dramática cuenta las historias de un vampiro, un hombre lobo y un fantasma quienes deciden compartir un apartamento. Hilarity ensues. Pero ya en serio. A diferencia de otras series con entes sobrenaturales, a éstos nadie les heredó casas y cuentas millonarias en bancos suizos. No señor. Les toca trabajar en lo que puedan, alquilar apartamentos, limpiar su casa, hacer las compras del supermercado y lidiar con vecinos entrometidos mientras tratan de entender mejor quiénes son. Hay 2 temporadas y están grabando la 3ra.

4. Sherlock: Oh. Es demasiado corta y perfecta y MARAVILLOSA. Yo nunca había leído una sola aventura de Sherlock Holmes en la vida. No había sucedido, pensaba que no era lo mío y bueno, en mi mente tenía al señor ese de la pipa, el sombrero del chavo del 8 y el “elemental querido Guatson” de la cultura general que termina permeaando todo. Hasta que vi la película con Robert Downey Jr y Jude Law fue que me di cuenta que había un sex appeal a eso de resolver crímenes que me encantó, y bueno, después por ahí averigué (creo que me contaron) que una de mis series favoritas, House, se basa en la dinámica entre Sherlock Holmes y Dr. John Watson. Eso fue suficiente para convencerme de ensayar con esta producción de la BBC. Es gracioso llamarla serie, porque nunca había conocido una serie de sólo 3 episodios por temporada, y cada uno de hora y media. Es como ver 3 películas de golpe pero sin tener que esperarte un año entre cada una. Y son geniales. Básicamente sacan al personaje creado por Sir Arthur Conan Doyle y lo clavan en el presente, y se preguntan: cómo sería un Sherlock Holmes moderno? Y la serie lo logra muy bien. Se basa en las  aventuras de Sherlock, pero con giros modernos y soluciones distintas. De todas las anteriores, es la que requiere menos inversión de tiempo. Son 3 episodios y la próxima temporada está dispuesta para finales del próximo año. Yo <3 Sherlock.

5. El Príncipe del Café: Ahora me saldré completamente del ritmo BBC y me iré a Corea. No soy muy novelera pero un día estaba leyendo en twitter que una amiga estaba enganchada en algo llamado “Coffee Prince” y me sonó que ese nombre lo había estado encontrando repetidas veces en internet, pero no le había parado mucha bola. Le pregunté y me contó que era una novela/serie/comedia coreana que estaba viendo y decidí darle un chance y me gustó. Trata sobre una chica que ayuda a mantener a su familia y le resulta que haciéndose pasar por hombre le va mejor laboralmente. Termina trabajando en la cafetería del hijo de un gran empresario y se hacen amigos y se complica entonces la historia. Lloré. Reí. Me comí las uñas. Y lamentablemente nunca me pude aprender bien los nombres de los personajes. Como para cambiar la rutina y ver otra cultura a través del lente de la novela.

6. Los pilares de la tierra: Recuerdo que fue en el 95 que encontré el libro por primera vez en una venta de libros usados y me encantó la historia y lo releí varias veces. Ahora sacaron una miniserie y me la vi completa, semana a semana, emocionada viendo cómo la imaginación de otros había hecho cobrar vida esta historia. La historia sigue las vidas de varias familias entrelazadas en la construcción de una catedral. Es la lucha entre iglesia y sentido común, entre poder y bondad, entre avaricia y pobreza. Y sencillamente, es una buena historia que la supieron llevarla bien a la pantalla. Son 8 episodios.  Creo que no logra sustituir el libro, porque hay cosas que se omiten o no se incluyen, pero es una buena experiencia por su cuenta.

Éstas son las series que ya me vi y disfruté y recomiendo. En el presente estoy viendo The Walking Dead, aunque sólo de día y me toca pausarla cada 3 minutos porque me da miedo, y en el futuro próximo veré  Merlin, también de la BBC y Single Father, con David Tennant quien fue el Doctor por varias temporadas. Y sigo abierta a más recomendaciones.  ¿Qué están viendo y qué los tiene atrapados?

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