Familia

Regalos

Domingo, 4 de julio de 2010

Hoy tuve una conversación de esas corazón a corazón con mi mamá, quien me hará mucha falta cuando me vaya, y sé que yo también le haré falta a ella.  En la noche, mi papá me entregó unos audífonos inalámbricos que le había admirado con este escrito:

Cuando quieras ver la tele

sin que se oiga alrededor,

colócate los audífonos

que no requieren cordón.

Con audífonos sin cables,

cosas de ciencia moderna,

no suena la imagen que ves

pero oyes en tu cabeza.

Es un calmante de ruidos

ese aparato pequeño

puedes ponerle volumen

y a nadie quitas el sueño.

Luis Hernán Rincón

Támesis, 4 de julio de 2010.

Me hace sentir querida y me gusta poderme llevar un poquito de cada uno ahora que me vaya y quién sabe cuándo nos volvamos a ver.

De hijos biológicos y de los ideológicos

Miércoles, 14 de mayo de 2008

Hay personas que tienen hijos para dejar su huella en el universo, una versión altamente compleja del “Jhon estuvo aquí” rayado en las paredes de atractivo turístico. Otros no tenemos ese espíritu de preservar la especie y hemos decidido si dejaremos marca en este mundo, será a nivel de proyectos, ideas y vidas cambiadas. Esta es una opción un tanto más complicada, ya que cada proyecto adquiere el peso de ser el “preservador de mi memoria” y entonces cualquier fallo o bemol lo veo como un reflejo de quién soy. Así como los padres se enorgullecen en tener hijos que le sigan los pasos, me he convertido en la madre neurótica, controladora y sofocante de mis proyectos.

Soy la madre que poco acepta que su hijo siga por un camino diferente, por lo menos no antes de cumplir los 18 e independizarse y que otros tomen la batuta. Mientras estoy yo a cargo, siento que cargo con la responsabilidad de iniciativas que no salen exactamente como me gustaría. La que ve a su hijo gordito y se lo imagina, siempre por su propio bien, de atleta de triatlón, y después se decepciona cuando el hijo no quiere lo que ella quiere para él. Mis eventos son ese chiquito gordito. Para que llegue a triatlonista se requieren años de energía, de impulso y motivación además de mucho, mucho trabajo. Pero se puede lograr y es una meta fabulosa. Fabulosa y poco realista cuando me propongo a verlo en una triatón en 3 semanas. Quiero lo mejor para ellos, siempre y cuando no se aleje mucho de mi mundo conocido. Tengo expectativas absurdamente altas de lo que quiero y practicamente me estoy poniendo en una situación donde la decepción es inminente.

También pensé sobre el apartamento y la sensación devastadora que me dio saber que se había escurrido de mis manos. Fue mi equivalente de la adopción de un niño. Ya le tienes nombre, apretaste manos con los padres que lo darán en adopción cerrando el trato como caballeros, el cuarto está decorado, saliste a comprarle ropa y juguetes y muebles divinos para el cuarto, y cuando menos lo esperas, se echan para atrás los padres y deciden dar el niño a los abuelos. Porque después de todo son familia.

En mi caso, la casa o espacio del que me rodeo, mi espacio vital de creación, es basicamente una definición de quién soy, lo siento muy fuertemente como una extensión mía. Creo que donde vivo refleja mi interior. Encontrar un lugar que resonara conmigo fue fantástico, fue enamorarme a primera vista. Hice mil y un planes, mentales y en papel (un par de distribución del espacio.) El que la dueña se echaran para atrás cuando estaba todo establecido y parte pagada, fue algo que no me esperé que sucediera. Yo que usualmente me prevengo, esta vez me fui de bruces.

Ya estoy de mejor ánimo. Pasé por las etapas del duelo y ya estoy reestableciéndome. Inclusive pude sentarme y resolver este aspecto interno. Porque sé ahora que mi decisión de no tener hijos al que más beneficiará será a los futuros no-niños. Merecen una madre que los deje ser ellos mismos.

Viviendo una vida amargada

Sábado, 26 de abril de 2008

Días como hoy que antes de las 5:30 ya he pasado 10 horas en un bus refrigerado, con las rodillas inflamadas por el frío, con un asiento roto y completamente aplastada por el asiento reclinable delantero, despierta la mayor parte del viaje y por lo menos escuchando música hasta que se me gastó la batería del ipod y me quedé escuchando el espantoso reggaetón que tenían “ambientando” la cabina, llego a odiar la humanidad. En serio que sí.

Me bajé del bus sin poder doblar las rodillas rumiando las diferentes causas del odio. Odio a las personas que conversan a pulmón henchido en los buses a las 3am, a las que no saben que las cortinas de los buses se cierran de noche porque si a ud no le molesta la luz para dormir es por respeto a los que estàn al otro lado del pasillo y que sì les molesta. Odio a los de la tortura metro, la gente que estorba en las escaleras, a las que se ponen a conversar por celular en la pura puerta del metro y que vean los demás como pasan. A los que se recuestan en las barras e impiden que uno se agarre. A los que se plantan en el centro del pasillo y no se corren un pelo cuando la gente necesita subirse o bajarse. A los que le hablan a uno cuando uno tiene audífonos puestos. Pero más que todo odiaba el hecho que llegaría a mi casa y estaría llena de gente que tendría que lidiar con todo el bagaje de mi mal genio cuando lo que yo quería era nada más un buen lugar para dormir. Pensé en un motel, en serio que sí.

Soñé que llegaba a mi apartamento propio. Que la gata me saludaba y lo único que me pedía era agüita fresca y un poco de comida a cambio. Que podía tirar la mochila en la entrada del cuarto y meterme entre las cobijas. Que las cortinas estuvieran cerradas y bloqueaban toda la luz. Que pudiera desaparecerme un buen rato del resto de la humanidad para no someterlos a mi mal genio. Pero no: Llegué y las cosas no estaban tan cual las habìa dejado. En vez de una cama libre de obstáculos, bajaron mi ropa del tendedero y ahí está en montañas sobre la cama. Hay visitas entonces tampoco es como que puedo prender luces y abrir closet y guardar todo. Gente cantaba en la calle y se escuchaba por la ventana y me daban ganas de tener macetas con geranios para tirarles encima. Entonces alguien en el edificio se metió al baño y a nivel auditivo no existe diferencia entre que lo hagan en un apartamento 4 pisos arriba o en la misma pieza mía: al incompetente ingeniero o arquitecto se le ocurrió que una pared medianera es buen lugar para poner tubos de agua y desagüe y gracias a eso me doy cuenta cuando cualquiera de los inquilinos o propietarios de este lado del edificio sufren de incontinencia o les da por bañarse a las 6am un sábado.

Así que renuncié a la idea de dormir y me fui por la segunda opción: me convertí en una de las detestables que se bañan a las 6am, salí y me metí a trabajar en el estudio y cerré la puerta, rezando que se me bajara el mal genio antes que alguien me encontrara y me atosigara con preguntas:
“quetalcomotevaquetaltefuecomoestuvoelviajequetalbogota
llamastealatiapachayaltiopetateysaludasteysalistedeturismo
yvisitastelaferiadellibroydondetequedasteyquecomisteyaque
horallegasteycuantogastasteenpasajesyenbusesyentransporte
ycomoestabaeltraficofuisteamonserrateporqueteregresastetanpronto?”

No estoy de humor. Hoy en día casi nunca estoy de humor. Familia o no, necesito un letrero de no molestar mientras aparece el apartamento a donde me pueda ir con una colchoneta, unas cobijas y mi portátil. Y seré feliz. Y ellos también.

El cuarto de las bacinillas

Sábado, 29 de marzo de 2008

Ser parte de una familia con la que compartes lazos de consanguineidad te condena a un par de cosas:
1. conocerás todas las mañas y hábitos insoportables de ellos y te los tendrás que aguantar.
2. Entenderás que terminarás heredando aquellos que más piedra te den.

En mi caso es la bendita manía de llenarse de cosas. De no poder botar ninguna factura, recibo, papelito, bolsa, recuerdo, regalo o producto gratuito de higiene entregado en un hotel.

Llegué a Medellín con una mochila, una maleta y pagando un HP sobrepeso de equipaje que no es cuento. Me encontré con que mi habitación ya tenía el clóset habitado por las cosas de mis padres. Procedí a la titánica faena de guardar mis cosas en el par de repisas desocupadas, y fue complicado que entraran todas. La situación actual es la misma: la ropa hacinada en el closet compitiendo con libros, cajas, productos de belleza, lana, telas, manualidades, etc etc etc… a excepción que poco a poco logré eliminar casi que todo vestigio de las cosas de mis padres y aún así mis cosas han logrado multiplicarse para ocupar todo el espacio liberado existente.

Me cuesta tanto botar cosas! Tanta mudanza donde me he hecho la valiente y he declarado “he leído este libro 7 veces ya, yo creo que no lo necesito más” y tarde o temprano vuelvo a comprar el libro. Ropa que deshecho para luego lamentarme porque era JUSTO lo que completaría el look de la noche. Facturas que elimino sin pensarlo mucho y después resulta que era vital para poder reclamar algún tipo de permiso, documento, certificado, etc. etc. etc. Cada vez que tiro algo, lucho contra esa voz interna que me recuerda que cuando uno anda de casa en casa, son las cosas de uno lo que dan la sensación de hogar. Lucho también contra la voz de mi educación posterior que me dictamina que uno no es lo que tiene, que uno puede desapegarse de las cosas, liberarse y ser libre. Lucho contra el recuerdo que me señala que he vivido con lo básico y logré salir a delante, y la antagonista que se mofa y pregunta si era realmente vivir o apenas sobrevivir.

Miro alrededor en la casa de mis padres y veo cómo la tentación se vuelve peligro. Cada cosita de la casa de mis padres tiene su historia: sólo en el baño hay unos huevos de piedras checas, unas cerámicas chulucanas traídas desde Perú y unos cuadros de las filipinas. En. el. baño. En la cocina está una colección de platos decorativos de diferentes orígenes, teteras que han recorrido el mundo y otra serie de “recuerditos” y variedad de souvenirs que estorban pero no se botan y lo que hacen es recoger polvo. El problema es que ya no hay espacio para guardar adornos y rotarlos, como nos recomienda Martha Stewart. Las cosas están a la vista y expuestas porque en ningún clóset caben. Porque a pesar de ser 3 personas en un apartamento de 3 habitaciones más la de servicio, cada milímetro disponible para guardar cosas está ocupado.

Mi papá, que si está leyendo esto probablemente le piquen los dedos para comentar y sienta la obligación de defenderse y argumentar en contra, tiene un clóset lleno de cajas con libros. Estoy segura que ni siquiera hay una noción concreta de cuáles libros o papeles están en qué caja, y tengo la certeza que en 3 o 4 años no ha necesitado ninguno de los documentos ahí alojados como para tener que meterse a buscar algo. Inclusive creo que he visto alguna que otra caja que fue empacada antes de 1994 para la primera mudanza y que ahí ha viajado sellada, imperturbada en su travesía por 4 o 5 diferentes casas. Hay unos parlantes que no están conectados a nada. No se usan. Para conectarlos hay que pelar cables y hacer uno que otro mcguyver, para ver si es que funcionan. Tienen más de 20 años ahí sentados y cuando traté de averiguar si podía abrirlos para que reencarnaran en una cartera con parlantes para cargar mi ipod y amenizar fiestas… la respuesta fue no. Para qué quería dañar unos parlantes perfectamente buenos? Entonces ahí siguen. desconectados. seguramente por unos 20 años más. Hay videos de betamax en el clóset. Nosotros no tenemos ni hemos tenido betamax.

Yo escribo estas cosas y pienso en mi propio clóset. Yo traje desde Costa Rica cosas que no he usado, libros que no he leído y ropa que nunca me la he puesto. Algunas cosas, como la ropa, se la pasé a mi hermana en alguna de las visitas para que las aprovechara, otras a mi mamá. Unos libros volaron de vuelta conmigo y se quedaron de viaje. Pero por cada cosa que ha pasado a manos que las aprecian más, aparecen 3 nuevas que van a esa pila de cosas de “algún día las usaré”. Telas por ejemplo, o lanas. Cartulinas, pinturas acrílicas, pinceles. Muchas veces me olvido que existen, hasta que llega el momento de guardar alguna otra cosa que algún día me podría servir, o que siento que no debo botar. Como la bolsa con ropa interior y medias con huecos que quería descartar. No siendo capaz de cortar por lo sano, las puse en una bolsa plástica y fueron a parar al fondo del clóset por si acaso me arrepiento de algo y siento que no puedo vivir una vida plena y feliz sin mis rotosas medias de félix el gato, o descubra un patrón para hacer una colcha con medias viejas con valor sentimental.

En la parte alta de mi clóset encontré 2 bloques de hicopor (tecnopor). Estoy segura que venían alrededor de algún equipo electrónico, pero no tengo ni idea cual. Lo que me da miedo es que no me acuerdo si fue que los guardé yo, porque me podrían servir de algo, o si los que los guardaron fueron mis papás, probablemente por la misma razón. En este momento, cualquiera de las dos opciones es perfectamente posible.

La tía loca

Miércoles, 19 de marzo de 2008

La que se gana 6 tiquetes para un crucero a Tangamandapio y llama a la familia para invitarlos a acompañarla.

La que le regala a los sobrinos, muy a pesar de los padres, sombreros de piel de mapache y otras especies más exóticas hechas a mano a partir de roadkill.

La que llega con cajas llenas de tesoros recogidos en ventas de garaje de alrededor del mundo

La que nunca se acuerda de un cumpleaños, pero de la nada envía un paquete gigante que contiene una bicicleta hecha completamente en madera porque se la encontró y le gustó para alguien.

La que llama en fechas especiales como Halloween o pi day.

La que un año se decide criar llamas, trasquilarlas, hilar la fibra, tejer un sweater y regalarle uno a cada miembro de la familia, aunque sabe que nadie lo va a usar porque pica mucho y huele a perro mojado cada vez que llueve. Pero lo hace porque puede.

La que no fuerza a los niños a acordarse de ella o que la saluden de beso o abrazo. Entiende que siendo uno niño, los adultos importan un pito.

La que tiene una casa llena de cajones con retazos de tela, pedazos de papel, hebillas metálicas, botones, cartón, espuma y restos varios de acceso ilimitado.

Seh. Creo que eso me gustaría.

Sociedad y Familia

Jueves, 31 de enero de 2008

Una de las idiosincracias familiares es que si no estamos en la misma casa, casi nunca nos hablamos: incluidos mis hermanos, mis papás, y ni que decir de la comunicación casi inexistente con primos, tíos y la única abuela. Yo creo que es efecto de una crianza de antes que existiera internet, viviendo en otro país, donde las llamadas telefónicas eran caras y las cartas nunca llegaban, cortesía del sistema de correos peruano y colombiano. No aprendí cómo es que los adultos se relacionan con los hermanos. Ahora que lo pienso, no vi a mis papás socializar casi nunca. Sí, tenían fiestas grandes donde llegaba muchísima gente que se quedaba hasta después del toque de queda la mañana siguiente. Pero así que mi mamá tuviera una amiga que iba a visitar a la casa, no. Que mi papá se sentara a tomarse algo con amigos, tampoco. Cuando sucedía, era todo un acontecimiento, no era algo cotidiano. Invitar gente a la casa implicaba catering, meseros en traje con guantes blancos y bandejas plateadas y vestidos nuevos. Al vivir lejos de la familia, tampoco teníamos navidades en grupo, de esas donde la gente se ríe y comparte y toma y baila y se divierte, compartiendo experiencias del pasado. Porque las navidades en “familia” eran cada dos años y en vez de sentirse fraternidad, parecía reunión de 10 años de graduación de colegio, donde cada quien trata de demostrar qué tan lejos ha llegado, aunque no sea todo verdad.

Ahora por eso, creo que todos somos un poco disfuncionales. No nos llamamos “sólo para hablar”. No compartimos los mínimos detalles de la vida. Nos hablamos cuando tenemos algo para informar, y cada vez más a través de email. En cualquier caso, no es fácil estar repartidos en Norte, Centro y Sur América, y Asia. Intentamos visitarnos lo más que se pueda, y son esos viajes los que representan la goma que nos une. Yo hablo más con mi cuñada que con mi hermano.

Creo que uno de mis planes secretos al venir acá era mejorar la relación con la familia. Eso nunca sucedió. Me enfrenté a gente metiche (aunque me digan que así es la familia), a gente llena de mal genio y gritonas empedernidas. A la única persona en el mundo a quien le aguanto esas cosas es a la misma que compartió el útero conmigo… y eso porque yo grito más duro. Sencillamente no estoy preparada para lidiar de tanta malacrianza de extraños. O de gente cuya única conexión con uno es un lazo de sangre muy, muy líquida.

Mientras más estoy metida en este ambiente, me doy cuenta que no tengo lazos familiares, que se supone que son los más fuertes. Así como no aprendí a establecer lazos con la familia, tampoco sé hacerlo con las demás personas. Puedo perfectamente imaginarme mudándome a algún otro lugar del mundo en 1.5 años. Sin raíces. Para decidir si voy a quedarme en Colombia o si me regreso a Costa Rica no siento que haya alguna de las dos opciones que “quiera” hacer más que la otra. Es una decisión que está completamente en la cabeza, en un balance de pros y contras. Todo depende de factores externos y lo que resulte de la vida, del estudio, del trabajo.

Esto me preocupa. Porque no tengo raíces afectivas, ni geográficas ni familiares. Quisisera tener un lugar en el que piense como “mi casa” o “mi hogar”, pero no existe. Ni siquiera se podría decir que “home is where the heart is”, porque no sé donde está mi corazón. Y si me preocupa es porque de alguna manera las cosas son así porque así lo he querido.

El Viaje

Domingo, 30 de diciembre de 2007

Este año fue mi viaje. Cambié de vida, de amigos, de país, de profesión y de actividades.

Aprendí que la humildad es el sabor de helado q menos me gusta.

Aprendí que mi papá y mamá son héroes de la cotidianeidad. Me han aguantado mis malos humores por todo este tiempo, con un absoluto mínimo de quejas. Me gustaría decir lo mismo de mí. Obviamente no puedo.

Aprendí por qué es que hay tanto paisa en Costa Rica. Acá la situación laboral es jodida. Y tampoco es cuestión de no tener tetas.

Aprendí que uno puede prescindir de muchas cosas. Especialmente las materiales, siempre y cuando tenga techo y comida.

Aprendí a no hacerle tanto caso a lo que me dicta mi “experiencia”. No hay recetas para la vida. A veces uno agarra los ingredientes más incongruentes y sale algo maravilloso. En la cocina, en las relaciones, en todo.

Este año termina con muchas cosas buenas, y puedo decir con toda certeza que se me cumplieron los deseos que tenía para mi vida en el 2007:

Venirme a estudiar y cambiar de vida.

Tengo salud.

Tengo pareja.

Estoy rodeada de amigos, algunos han venido de diferentes partes del mundo: Costa Rica, USA, Canadá, Bogotá.

Estoy con mi familia.

Tengo trabajo.

Soy feliz.

Pasó la navidad

Miércoles, 26 de diciembre de 2007

Una de las cosas geniales de haber vivido tan lejos de la familia por tantos años, es que pude disfrutar de la cena familiar en su compañía, y con la compañía de otras personas, quienes, como yo en el pasado, estaban esta vez lejos de la familia.

Navidad es de esas celebraciones que se pasan mejor en familia. Para estar lejos, mejor ni celebrarla. Por eso yo era de las que cambiaba turnos en el trabajo, hacía intercambio si podía para estar el 24 o 31 bien ocupada. También me gustaban esas horas sola en las oficinas, cuando todos se van y uno queda esperando q pasen las horas, en complicidad con el guarda, el del parqueo y la del aseo que también se quedaban haciendo lo mismo.

Pero esta navidad hubo pernil arreglado y preparado por mi mamá, con arroz con ajonjolí, tomates rellenos con ensalada de aguacate, natilla y buñuelos y soufflé de zanahoria.

Hubo tele, conversación y vino. Una enferma que durmió mientras llegó el 25 y después le servimos las opciones vegetarianas del menú. También hubo amanecida, y el flaco y yo durmimos agarrados de las manos.

La mañana siguiente fue un desayuno navideño a la peruana: chocolate y panetón. Los regalos fueron durante la mañana, porque no queríamos incomodar a las visitas abriendo regalos con ellos presentes. Así que recibí los traídos del niño en la mañana, y entregué mis regalos: este año, todos hechos a mano por mi.

Después almuerzo con sobras, más deliciosas q la noche anterior. Después visita a donde los suegros y cerramos con ida al cine.

El balance final: altamente satisfactorio.

Mi tío

Lunes, 10 de diciembre de 2007

Ayer lo sentí en la mañana, ese día recibiría una llamada. En la tarde lo confirmaron: mi tío finalmente dejó de respirar y después de 2 años de luchar contra el cáncer y 1 de nada más sobrevivir con él ya no tiene que preocuparse por eso.

Pasé todo el día donde mi abuela, mientras se recibían llamadas y visitas a lo largo de todo el día. Mañana en la madrugada llegarán sus cenizas y la misa será en la tarde. De pronto se me ocurrió preguntar si no tendrían fotos de mi tío, ya que sólo lo vi una vez en mi vida y no tengo recuerdos de él. Entonces salieron álbumes de papel negro con fotografías pequeñas pegadas con gotitas de goma en las puntas. Ahí aparecía mi mamá en sus trajes de semana santa, todos los hermanos posando frente a la casa, los cerdos, los caballos, los sombreros para ir a misa. Después las fotos de mi tío como bebé, como niño en el colegio, haciendo la primera comunión, en su boda con la inmencionable primera esposa.

Es gracioso cómo nos hacemos una imagen de una persona según lo que nos cuentan. Si me tocara contar la historia de la vida de mi tío, sería la siguiente:

Nació en una finca, donde mi mamá y tías lo criaron, mi abuela daba las órdenes, ellas le daban el cariño y afecto. Creció y maduró y cometió un error: se enamoró de una mujer muy bella, que como la bruja de blancanieves, escondía un alma negra. Mi mamá al enterarse que se había casado le dijo “eres un bruto”. No podían tener hijos, así que adoptaron a un niño. A los dos años quedaron embarazados y el primer hijo putativo quedó relegado. Después siguió una niña.

Estos niños crecieron y se convirtieron en la pesadilla de cualquier padre. Sufrieron de abandono por causa de la madre, quien se fugó. Después ellos decidieron ir a buscarla y tuvieron que aguantar abusos físicos por culpa del padrastro. El niño adoptado descubrió que lo era en la calle, y entonces cometió la imprudencia de robarse la plata del mercado más de una vez y dejar a la familia sin comida, decían que era porque iba a comprar drogas. Lo echaron d la casa a los 18. La niña se fugó a los 14 con el circo para ir a una zona tomada por la guerrilla, el otro chico decidió que el reggaeton era su vida, y se dedicó a una vida de traqueto wannabe. Los tres en cada visita a las casas de la familia, se robaban algo. Eran hábiles mentirosos. Ya nadie sabía si creerles sus historias de tragedias, o qué.
el libro que escribió
A mi tío lo embrujaron cuando trabajó en el Chocó y tuvo que irse de ahí porque lo estaban volviendo loco. Se enamoró y casó con su segunda mujer, quien ya tenía una hija de un matrimonio anterior. A veces los niños regresaban a la casa, y entonces corrían los insultos. Eventualmente mi tío se enfermó, y comenzaron los tratamientos médicos. Poco a poco se fue perdiendo y hace poco más de un año, estuvo hospitalizado y lo daban por muerto. Quienes estuvieron a su lado durante su enfermedad fueron sus 2 hijos adoptivos, los biológicos brillaron por su ausencia. Logró reponerse, pero completamente disminuido. Regresó a su casa, y mi tía lo ha mantenido y cuidado con la ayuda de mi prima. El hijo mayor natural de vez en cuando regresaba a casa diciendo que estaba muerto de hambre, que necesitaba un lugar donde dormir, y ahí seguía su cuarto. Pero después de un tiempo se volvía un ser violento, robaba al descaro, llevándose electrodomésticos y plata, y se iba contra su papá a pegarle, y la hija de mi tía tenía que defender a su papá y a ella misma con una tabla de la cama. Lo echaron nuevamente, pero siguió llegando a comer los domingos. Mi prima circense llamaba a insultar a mi tía, a pedir plata y a insinuar que mi tío se gastaba toda su plata en esa bruja y no les daba nada a ellos. No creía que mi tío estaba ya moribundo y que era mi tía quien con su trabajo lograba mantener la casa muy humildemente.

Mi mamá fue varias veces a visitarlos, a llevarles un mercado, a ayudar. Vio los huecos en las paredes causadas por el primo reggaetonero y escuchó como llamaba a su papá padrastro, escuchó de las historias de mi primo adoptivo quien llamaba seguido y no pedía nada. Le tocó contestar llamadas de la niña insufrible quien solo llamaba a insultar y a decir que mi tío no era su papá. Según lo que cuentan de la mamá, es probable que hasta eso sea cierto, que ellos no son hijos de él.

Hace dos semanas publicó un libro, y muchos dicen que esa fue la única razón por la que resistió tanto tiempo. Parece que mi primo adoptivo logró convencer a los otros dos de ir a pasar con mi tío, que ya estaba por morirse. Había plantado árboles, criado hijos y escrito un libro. Y así murió mi tío, rodeado de su familia disfuncional y preparado para irse. La dedicatoria que le hizo a mi mamá dice montones en su sencillez.

Mañana conoceré a casi todos los protagonistas de la historia. Mañana su misa es a las 5.

familia

Jueves, 29 de noviembre de 2007

Hoy mi mamá me contó que conoceré a un tío abuelo al cual nunca había escuchado nombrar. Medio hermano de mi abuela, nacido después que mi bisabuelo enviudó y se casó con una muchacha muy joven y muy linda, a quien años después asesinaron y la encontraron desnuda en la cama después de 8 días de no saber de ella.

Cada vez se pone más interesante mi familia.

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