espeleología

Cavernas de Venado

Martes, 20 de septiembre de 2011

El fin de semana pasado fui en mi primera expedicion espeleológica oficial con Anthros.org … ya había ido a cavernas, pero había entrado en las que ya se conocían, como algo más didáctico o de práctica. Este fin de semana fuimos a buscar cavernas nuevas, y entramos a una que encontramos.

El sábado salimos en la tarde y llegamos a Ciudad Quesada como a las 9pm. Después de ir a comer algo, organizamos todo el equipo para el día siguiente. Como no sabíamos a lo que íbamos, teníamos que ir preparados: arnés, cuerdas, equipo de ascenso y decenso en cuerdas por si nos tocaba bajar en un pozo y el casco y las luces que es lo usual que se carga a cualquier caverna.  Y todo lo demás que se cargaría a una caminata: camiseta seca, comida y agua, entre otros.  Una parte del grupo había ido ese día  y habían encontrado algunas bocas de cavernas  y lugares que prometían: marcaron los puntos en el GPS e ingresaron en algunas, pero en una se dieron cuenta que no había oxígeno suficiente y les tocó salirse.

Madrugando fuimos a la zona de Cavernas de Venado (Gabinarraca) y dejamos los carros, y nos dirigimos hacia unos potreros. Resulta que por el tipo de suelos (karst) y por las formaciones de hundimientos (dolinas) uno puede predecir la presencia de cavernas. Habiendo una, es probable que existan más, y esas dolinas podrían tener una entrada hacia las grietas subterráneas.  Además, uno de los más veteranos en la exploración de cavernas en Costa Rica, Carlos Goicoechea, quien escribió un libro sobre la Caverna de Venado y la zona había localizado una entrada a una caverna hacía 15 años y la habían llamado Boca Garrapata. Teníamos una aproximación de dónde estaba localizada, pero como eso fue mucho antes que existiera GPS, era apenas un punto de partida.

Caminamos y revisamos los hundimientos, a punta de machete abriendo paso entre la vegetación. Cruzamos potreros con pasto altísimo por el que practicamente teníamos que pasar nadando, escalamos cercas de alambre para movernos dentro de la finca y en varios lugares pensamos que habíamos dado con las entradas, pero nada. Finalmente un hombre que andaba tendiendo a su ganado confirmó que había un par de bocas en un predio cercano y hasta ahí llegamos. El primero estaba rodeado de árboles y se escuchaba agua corriendo al fondo. Armamos las cuerdas para el decenso y dos de los chicos bajaron, mientras que otros dos del grupo subieron a la segunda boca. Habíamos determinado que haríamos la topografía de la caverna en la primera boca, así que nos quedamos esperando pero resulta que esa caverna resultó ser muy cortita y no valía la pena, entonces subimos a la segunda boca. Estaba rodeada de un cerco de alambre de púas, para que no cayera ninguna vaca al pozo, y había muchos árboles alrededor. La bajada al principio era pendiente y después había que descolgarse entre la pared y unas raíces, una bajada de unos 7 metros en dos etapas.  Llegamos a la caverna y resulta que sí había un curso de agua como habíamos sospechado, pero al contrario de lo que habíamos pensado, corría en la dirección opuesta de la boca de más abajo: es decir, aunque estaban aparentemente en la misma falla, corrían en direcciones opuestas.

La caverna se dividía en dos brazos, ambos muy angostos y todo el recorrido era sobre 30 cm de agua, más o menos. En algunas partes había que ir de lado para atravesar, y en otros tenía uno que tirarse al piso y gatear o arrastrarse para pasar. Llegaba hasta un sumidero, yo metí el cuerpo hasta donde más podía sin sumergir la cabeza y no se sentía que terminara, seguramente sí continúa hacia otra caverna, pero decidimos no avanzar más, en caso que fuera un pozo más profundo de lo pensado.

El el piso de la caverna por donde pasaba el agua  vimos fragmentos de tiestos que sospechamos son prehispánicos, creemos que seguro la erosión de la caverna trajo consigo tiestos y tierra y ahí quedaron sobre el camino.  Muchos fósiles de conchas en las paredes y algunos otros que no reconocimos pero podrían ser corales o algún tipo de hueso. Cangrejos, un murciélago y un pez sin temor a los humanos. También un hongo muy extraño, blanco y largo sobre el que había unas gotitas como de ámbar.  Hacia el otro extremo el pasaje se hacía tan angosto que no se podía ir de pie, ni siquiera de lado, así que había que avanzar arrastrándose. Tengo las rodillas moradas de ir gateando sobre piedras! Y después ni siquiera así, había que ir con el pecho al suelo y terminaba en otro sumidero.

No nos dio tiempo de hacer la topografía, pero ya la tenemos presente para regresar y hacerla con tiempo, ojalá quedándonos acampando más cerca del lugar y aprovechar para seguir buscando otras bocas y entradas.  Caminamos de regreso a donde habíamos dejado los carros y vimos un par de pavas y una familia de congos, y más restos de tiestos sobre el camino de tierra.  Llevábamos 12 horas de exploración,  pero parecía como que hubiéramos estado más tiempo de expedición…Y todavía había que regresar hasta San José, pobres los que iban manejando!   Finalmente a las 12:30, ya estábamos en casita, y a dormir.

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