Costa Rica

La patria la llevamos en el paladar

Jueves, 2 de mayo de 2013

Este artículo fue publicado por primera vez en inglés el 29 de abril de 2013 en Future Challenges con el título Imigrantes económicos: conservando la cultura a través de la comida. Acá la traducción al español.

¿Como imigrantes económicos, dónde encontramos nuestra identidad cultural? Las respuestas probablemente son tan diferentes como cada uno de los imigrantes que llegan a un nuevo país. Así que decidí preguntarle a algunos de mis amigos latinoamericanos que también han migrado sobre los lazos que los conectan con la cultura de su hogar.

En general pareciera que los lazos culturales se encuentran primero en las personas y segundo en la comida. Que en la medida de lo posible hacemos pequeños sacrificios para obtener los objetos que nos ayudan a conectarnos con nuestro pasado, ya sea comprando ingredientes para cocinar una comida tradicional, pidiéndole a familia y amigos que nos envíen paquetes con comida que extrañamos o descubriendo en la ciudad cuál es la zona popular de imigrantes o sus restaurantes. En general, esta conexión cultural también trabaja en doble vía: una vez que salimos de nuestra tierra cambiamos, y la clave de la felicidad es aceptar esta nueva cultura híbrida.

Box of Traditional Costa Rican food items
En Londres, Diana recibe un paquete de su mamá en Costa Rica. Foto de Diana Trimiño, usada con su permiso.

 

Laura Vidal, quien vive en Francia me contó de un fenómeno extraño: ¡la nostalgia de comida se puede dar aún con platillos que ni siquiera nos gustan! Hay sabores que le recuerdan a Venezuela, a su cultura de origen e infancia y traen recuerdos del calor del hogar, incluso cuando esos sabores no le gustan. Yo he tenido la misma experiencia, cuando me encuentro dispuesta a pagar por un paquete de galletas, aunque de niña las detestara porque eran unas pastas asquerosas que nunca quería comer. Es como si  a través de la distancia, después de años, el valor de los recuerdos de las fiestas de cumpleaños y loncheras le gana a cualquier cuestión de gusto.

Para Katherine Cerdas, quien se mudó de Costa Rica a España, la cultura es algo que llevamos por dentro, algo que cargamos con nosotros como mezcla de  aprendizajes y costumbres. Entonces, cuando llegó la nostalgia, decidió aprender a cocinar en España, para poder cocinar platillos tradicionales costarricenses.

Katherine y yo tropezamos con el mismo reto: encontrar los ingredientes adecuados. Gracias a la globalización, ya hay algunos productos disponibles a través de fronteras, y ella ha sido capaz de encontrar tamales para diciembre hechos por una familia en Madrid, o enviados desde Alemania por correo. Es difícil encontrar los ingredientes regionales y étnicos para muchos platillos, como las hojas de plátano para los tamales, sobre todo si la comunidad imigrante de ese lugar no es particularmente numerosa.

En mi barrio puedo encontrar muchos productos centroamericanos así como peruanos, pero no puedo ir de compras con una receta específica en la mente, tengo que más bien ir a ver que encuentro y trabajar según esos parámetros. Hay supermercados más grandes dirigidos a la comunidad latinoamericana, pero ya que no vivo cerca ni tengo automóvil, no puedo llegar a ellos con facilidad. Internet me brinda la oportunidad de comprar algunos artículos, pero podría terminar pagando 10 veces lo que pagaría en casa por el mismo producto. Con un presupuesto es difícil justificar el gasto. Entonces aprendo a vivir sin eso, o cocino algo similar con ingredientes que sí se consiguen, haciendo mi propia versión de comida fusión colombiana. Aunque por más que pueda prepararme un perro caliente con huevos de codorniz, ensalada de repollo, ripio de papa, salsa de piña y queso encima, comerlo en casa no es lo mismo que parar en un carrito al lado de la calle, sentarse en la acera a comerlo y ver gente pasar.

Una de mis amigas desde kindergarten que ahora vive en USA descubrió esto también – que no es la comida en sí la que logra la conexión cultural, sino la gente alrededor de la mesa, el aspecto social de la comida. En Perú, los almuerzos familiares son importantes y algunos platos sólo se comparten como parte de una ocasión especial: entonces aunque haya restaurantes peruanos alrededor de la ciudad, no está la conexión con la familia y el sabor no es el mismo. Incluso los mismos ingredientes saben diferente cuando se consiguen en un lugar diferente.

La comida también se convierte en un lazo con el nuevo hogar. Para Denise Duncan, una autora Costarricense quien vive en España, esto ha generado algunas cejas levantadas cuando ella visita y las personas se enfrentan a sus nuevas preferencias alimenticias a la hora de la comida. Aunque ella siempre pide a quienes la visitan a España que le traigan una botella de la Salsa Lizano de Costa Rica, cuando ella viaja a Costa Rica ella trae consigo sus gustos recién adquiridos, tomando vinos españoles y usando aceite de oliva virgen, a pesar del costo adicional. Para ella, es parte de la riqueza de migrar, y disfruta ese proceso.

Otra amiga, Paula Calvo, descubrió que tenía más en común con su nueva cultura que con la que dejó detrás. Cuando se mudó de Costa Rica a Europa, se acercó a la historia de su familia. Aunque nunca había conocido a su abuela quien había imigrado de España a Costa Rica, pudo llegar a conocerla a través de las costumbres y tradiciones españolas que resonaron con su propia crianza y estas nuevas experiencias la acercaron a las mujeres de su familia, descubriendo que tenía más en común con España de lo que había pensado. Cuando regresa a Costa Rica y escucha comentarios de qué bueno que no se le ha pegado el acento, responde que aún si hubiera llegado con un nuevo acento, no debería importar. Hablar de una u otra manera no la hace menos persona. Y creo que esa es la lección que debemos aprender, que una cultura no es mejor que otra y que deberíamos estar abiertos al cambio tanto en nosotros como en los demás.

Al final de cuentas, como imigrantes económicos tomamos una decisión de mudarnos a un lugar diferente por mejores oportunidades económicas, para experimentar nuevas culturas y aprender nuevas cosas. Esto no significa que le estemos dando la espalda a nuestra cultura de origen, y tampoco significa que no podemos cambiar. Tal vez no podamos comprar la comida importada, comer en restaurantes de nuestro país y regresar a casa o pedir productos en línea para saciar la nostalgia, pero los aspectos importantes de nuestra cultura, bueno, esos los cargamos por dentro.

Cavernas de Venado

Martes, 20 de septiembre de 2011

El fin de semana pasado fui en mi primera expedicion espeleológica oficial con Anthros.org … ya había ido a cavernas, pero había entrado en las que ya se conocían, como algo más didáctico o de práctica. Este fin de semana fuimos a buscar cavernas nuevas, y entramos a una que encontramos.

El sábado salimos en la tarde y llegamos a Ciudad Quesada como a las 9pm. Después de ir a comer algo, organizamos todo el equipo para el día siguiente. Como no sabíamos a lo que íbamos, teníamos que ir preparados: arnés, cuerdas, equipo de ascenso y decenso en cuerdas por si nos tocaba bajar en un pozo y el casco y las luces que es lo usual que se carga a cualquier caverna.  Y todo lo demás que se cargaría a una caminata: camiseta seca, comida y agua, entre otros.  Una parte del grupo había ido ese día  y habían encontrado algunas bocas de cavernas  y lugares que prometían: marcaron los puntos en el GPS e ingresaron en algunas, pero en una se dieron cuenta que no había oxígeno suficiente y les tocó salirse.

Madrugando fuimos a la zona de Cavernas de Venado (Gabinarraca) y dejamos los carros, y nos dirigimos hacia unos potreros. Resulta que por el tipo de suelos (karst) y por las formaciones de hundimientos (dolinas) uno puede predecir la presencia de cavernas. Habiendo una, es probable que existan más, y esas dolinas podrían tener una entrada hacia las grietas subterráneas.  Además, uno de los más veteranos en la exploración de cavernas en Costa Rica, Carlos Goicoechea, quien escribió un libro sobre la Caverna de Venado y la zona había localizado una entrada a una caverna hacía 15 años y la habían llamado Boca Garrapata. Teníamos una aproximación de dónde estaba localizada, pero como eso fue mucho antes que existiera GPS, era apenas un punto de partida.

Caminamos y revisamos los hundimientos, a punta de machete abriendo paso entre la vegetación. Cruzamos potreros con pasto altísimo por el que practicamente teníamos que pasar nadando, escalamos cercas de alambre para movernos dentro de la finca y en varios lugares pensamos que habíamos dado con las entradas, pero nada. Finalmente un hombre que andaba tendiendo a su ganado confirmó que había un par de bocas en un predio cercano y hasta ahí llegamos. El primero estaba rodeado de árboles y se escuchaba agua corriendo al fondo. Armamos las cuerdas para el decenso y dos de los chicos bajaron, mientras que otros dos del grupo subieron a la segunda boca. Habíamos determinado que haríamos la topografía de la caverna en la primera boca, así que nos quedamos esperando pero resulta que esa caverna resultó ser muy cortita y no valía la pena, entonces subimos a la segunda boca. Estaba rodeada de un cerco de alambre de púas, para que no cayera ninguna vaca al pozo, y había muchos árboles alrededor. La bajada al principio era pendiente y después había que descolgarse entre la pared y unas raíces, una bajada de unos 7 metros en dos etapas.  Llegamos a la caverna y resulta que sí había un curso de agua como habíamos sospechado, pero al contrario de lo que habíamos pensado, corría en la dirección opuesta de la boca de más abajo: es decir, aunque estaban aparentemente en la misma falla, corrían en direcciones opuestas.

La caverna se dividía en dos brazos, ambos muy angostos y todo el recorrido era sobre 30 cm de agua, más o menos. En algunas partes había que ir de lado para atravesar, y en otros tenía uno que tirarse al piso y gatear o arrastrarse para pasar. Llegaba hasta un sumidero, yo metí el cuerpo hasta donde más podía sin sumergir la cabeza y no se sentía que terminara, seguramente sí continúa hacia otra caverna, pero decidimos no avanzar más, en caso que fuera un pozo más profundo de lo pensado.

El el piso de la caverna por donde pasaba el agua  vimos fragmentos de tiestos que sospechamos son prehispánicos, creemos que seguro la erosión de la caverna trajo consigo tiestos y tierra y ahí quedaron sobre el camino.  Muchos fósiles de conchas en las paredes y algunos otros que no reconocimos pero podrían ser corales o algún tipo de hueso. Cangrejos, un murciélago y un pez sin temor a los humanos. También un hongo muy extraño, blanco y largo sobre el que había unas gotitas como de ámbar.  Hacia el otro extremo el pasaje se hacía tan angosto que no se podía ir de pie, ni siquiera de lado, así que había que avanzar arrastrándose. Tengo las rodillas moradas de ir gateando sobre piedras! Y después ni siquiera así, había que ir con el pecho al suelo y terminaba en otro sumidero.

No nos dio tiempo de hacer la topografía, pero ya la tenemos presente para regresar y hacerla con tiempo, ojalá quedándonos acampando más cerca del lugar y aprovechar para seguir buscando otras bocas y entradas.  Caminamos de regreso a donde habíamos dejado los carros y vimos un par de pavas y una familia de congos, y más restos de tiestos sobre el camino de tierra.  Llevábamos 12 horas de exploración,  pero parecía como que hubiéramos estado más tiempo de expedición…Y todavía había que regresar hasta San José, pobres los que iban manejando!   Finalmente a las 12:30, ya estábamos en casita, y a dormir.

La naturalidad con la que asumimos la violencia

Domingo, 14 de agosto de 2011

Esta semana viví algo que nunca había tenido que pasar: al medio día, trotando por Sabanilla un extraño me atacó en media calle armado con un cuchillo.

Es difícil para mi escribir estas palabras y tratar de hacerlo de una manera coherente, pero lo he tomado como parte del ejercicio que debo hacer para sanar.  Porque si bien físicamente no salí tan mal del encuentro, emocionalmente todavía estoy tratando de averiguar hasta dónde van las heridas.  Parte es vergüenza y un sentimiento de culpa.

De un golpe con el cuchillo en la mano el tipo me cortó en la ceja y en la misma línea debajo del ojo hay un golpe. Luego me tiró al suelo, con lo que mi codo resultó bastante golpeado y raspado. De eso fue lo que primero me di cuenta, ya que tenía la cara bañada en sangre y me dolía el codo. Ya en mi casa noté que mi pecho tenía morados. De milagro no resulté apuñalada, el cuchillo era un cosa enorme del que recuerdo el color oscuro de la hoja y que tenía un tipo de sierra en parte de su filo.  El auricular de mi audífono tiene unos rayones: fueron hechos con la sierra de ese cuchillo, el sólo pensar que el audífono estaba en mi oreja al momento del ataque me hace agradecer que no hubiera sido más grave nada.

Porque al principio yo no entendí lo que me estaba pasando. Estaba escuchando música y vi a un joven que me saltó en frente y lo primero que se me pasó por la mente es que se veía perturbado, pensé que tal vez necesitaría ayuda y cuando subí las manos para quitarme los audífonos y escuchar lo que tenía para decir fue cuando me agarró con fuerza del pecho y vi el cuchillo. No entendía lo que decía, no lo escuchaba. Movía la boca y yo trataba de alejarme de él mientras gritaba pidiendo ayuda.  Había un carro cerca y yo nada más me preguntaba por qué no hacía nada el conductor. Yo trataba de alejarme y huir y recuerdo que el tipo acercaba el cuchillo hacia mi con fuerza y en mi mente logré pensar que ya me estaba apuñalando y yo no lo estaba sintiendo.  Después fue el golpe en la cara, me tiró al suelo y salió hacia el carro y yo desde el piso miraba cómo corría con algo negro con blanco en la mano y pensaba que ahora iba a atacar a los que iban en el carro, cuando resulta que abrió la puerta, se subió y el carro se fue.

Me levanté y vi que se me había caído el audífono, con su cable pelado y pensé que eso era lo que se había llevado, los audífonos. Me fui a sentar a la acera, llevé la mano hacia mi cara y vi que estaba sangrando. Una chica me pasó una taza con agua a través de las rejas de su casa y un señor desde la UCR me decía algo que yo no entendía, sospecho que ofreciendo ayuda pero mi mente no estaba funcionando bien. Escuchaba una música y no sabía de donde salía, cuando vi que en mi mano derecha tenía agarrado el celular que ya sin los audífonos estaba en modo parlante. Sentía que estaba en una nube de algodón. Más gente llegaba a mi alrededor y una señora salió a preguntarme si estaba bien. Yo nada más le dije. Sí, nada más creo que estoy sangrando un poco. Entró a su casa y salió con pañitos húmedos, yo trataba de limpiarme pero no estaba logrando hacerlo bien. Pensé en pedir un espejo y un señor me dijo dónde debía limpiarme, y después pidió permiso para ayudarme. Me limpió y miró la ceja y junto con otro muchacho que había aparecido debatieron si necesitaba o no puntos, ganando el que pensaba que se veía superficial y que no haría falta. Extrañamente, la gente preguntaba de primero “muchacha, se llevaron algo?” tal vez porque la respuesta a la pregunta “le pasó algo” era bastante obvia.

Al rato me di cuenta que andaba una mochilita a la espalda, y al pasarla al frente y abrirla vi que había un casco y unas luces de espeleo y me acordé del motivo por el que andaba trotando por ahí. Llamé a mi amigo a ver si por casualidad sí andaba en su casa para avisarle que me habían atacado, pero que andaba el equipo y ya iba para allá. Él subió por mi y me acompañó a su casa. No me podía comunicar con mi hermana porque el teléfono me tiraba a la contestadora, le mandé un mensaje.

Lo que me sorprende de todo el asunto es cómo asumí que no necesitaba ir a un médico, que ya había pasado y no era nada. Que como no me habían robado, no había nada que denunciar. Llamé un taxi desde la casa de mi amigo y me fui para la casa  a bañarme. Mi camiseta estaba cortada y rasgada, me senté a remendarla. Finalmente mi hermana llamó asustada, me preguntó si necesitaba algo y le dije que nada más quería compañía y un abrazo y ella pidió permiso en el trabajo y vino a hacerme compañía.  Pasé la tarde tranquila, tratando de pensar en otras cosas. En la noche una amiga me mandó un mensaje a preguntar si iba al Art City Tour y le dije que no, que estaba como q golpeada y asustada y que no quería salir. Me llamó y hablamos un rato y me preguntó que a qué hora iba a hacer la denuncia. No se me había ocurrido. O más bien, sí se me había ocurrido ir a hacer la denuncia, pero asumí que no era tan grave, que no tenía nada que denunciar.

Que ella me preguntara eso me hizo darme cuenta que sí tenía que denunciar. Que si los maleantes siguen haciendo lo que se les da la gana incluso al mediodía en una calle transitada es porque creen que no tienen nada que perder. Porque gente como yo o como otros creemos que no podemos hacer una denuncia porque no sabemos quién fue, ni tenemos información. Según los vecinos el carro había sido un elantra y el color era como café o naranja o un color ahí intermedio. Yo no recuerdo la cara del que me atacó, si ni siquiera en el momento estaba consciente de lo que estaba sucediendo como para recordar señas.  No se habían llevado nada “de valor”.  Pero sí me había golpeado, y si no me acuchilló fue porque le dio miedo o no supo cómo o porque ya había mucha gente mirando, pero que nadie debería pasar por algo así.  Entonces fui con ella al día siguiente a denunciar, primero a la policía para que por lo menos lleven la patrulla por esos lados con más frecuencia, y ellos me recomendaron que fuera al OIJ.

Lo primero que uno nota en el OIJ es que uno no está sólo ni es el único. Extranjeros, locales, gente asaltada, atacada, robada. Una señora al a quien al quitarle la cartera le rompieron un dedo de la mano. Un señor al que se metieron al lugar que estaba cuidando y lo golpearon en la cabeza, lo tiraron a la parte de atrás de un camión  y lo dejaron en un monte no sin antes golpearlo y patearlo.  Después de esperar una hora por mi turno ya pasé a ventanilla y allá les conté la historia y me di cuenta que recordaba más detalles de los que inicialmente pensaba. Recordaba la camiseta del tipo, el pelo y también  a la mente se me venían flashbacks de cómo yo veía el cuchillo venir hacia mí. Es extraño pero la manera en la que pude entender lo que me había sucedido fue contándolo. Caí en cuenta que lo que el señor quería probablemente era el celular que tenía en la mano y con el que venía escuchando música.  Pero como me tenía agarrada con la mano derecha y tenía el cuchillo en la mano izquierda, yo giré mi cuerpo alejándome de él lo más que podía, por lo que la mano que tenía el celular  le quedaba mucho más lejos. Cuando traía la mano con el cuchillo hacia mi cuerpo seguro era tratando de quitarme el teléfono, pero yo lo único que veía era ese cuchillo y trataba de esquivarlo, pero el tipo no tenía una mano libre para arrancarme el teléfono de la mano.

En la OIJ me preguntaron si iría a medicina forense. Pregunté que para qué y me contestaron que como estaba denunciando al individuo por agresión, necesitaría cómo probar las agresiones: como no había ido a un hospital o médico, la manera sería en Medicina forense. Así que acepté y me citaron en San Joaquín de Flores al día siguiente. Y fui. Y la espera fue corta, muchas personas estaban allá con heridas causadas por accidentes de tránsito, y otro par por agresión como yo. Entré, me midieron los golpes y me mandaron para la casa. Salí y el sol de mediodía iluminaba todo. Ya que estaba en Heredia, había hecho planes de visitar a una amiga. No me podía comunicar con ella por celular ni por teléfono público y no sabía cómo llegar a su casa. Yo sé donde vive, he llegado hasta ahí, pero no sabría cómo decirle a un taxista que me llevara, no sabía cómo se llamaba la zona para averiguar una ruta de bus y la gente que conocía el área me decía por facebook que nada más tenía que caminar hasta el colegio y agarrar culquier bus.

No pude. La idea de salir caminando sola por ahí me hizo entrar en pánico.  No estaba reaccionando como normalmente lo haría, sentándome a esperar tranquila o preguntándole  a alguien o lanzándome a la aventura. Decidí darme un tiempo a ver si me componía, pero sólo pensaba que el bus que sí sabía para dónde iba era de regreso a mi casa y que sería lo mejor nada más regresarme a la casa y meterme en mi cama y todo estaría mejor.  Sentía mucha rabia conmigo misma de no poder funcionar, de no poder resolver algo. Una señora detrás mío lloraba y caí en cuenta que estaba en la puerta de la morgue y que quienes estaban entrando y saliendo del edificio eran personas con problemas mucho más serios que el mío. Mi hermana llamó  y en vez de palabras al contestar se me salió el llanto. Por la impotencia, por sentirme vulnerable, por el sabor de cobardía y el sentimiento de culpa por sentir todo lo anterior.  Al final ella logró comunicarse con mi amiga, decirle dónde estaba y  mi amiga pasó por mi y ya me pude ir a su casa en donde conversamos, tejimos, cocinamos y la pasamos tranquilas.  Mi hermana pasó por mi y así no tuve que regresarme sola a casa.

Parte del impacto emocional es el hecho que después del ataque, lo único que pensaba era que afortunadamente el tipo no se había llevado nada. De una vez, automáticamente, desconté el hecho que me hubiera herido para pensar en las cosas materiales.  Pero sí me arrebató algo y es mi seguridad. Tengo que darme cuenta que ahora me da miedo salir sola a la calle. Que la luz del sol ya no es sinónimo de más seguridad. Que si voy por la calle y se me acerca alguien, mi corazón se acelera. Que cuando se me vienen imágenes del ataque a la mente si le doy rienda suelta a mi cerebro termino yo agarrando a puñaladas a quien me atacó, o reventándole la cabeza contra el suelo como si fuera una escena de Spartacus.  No quiero ser el tipo de persona que cuando piensa en qué haría si esto vuelve a suceder lo que primero se le venga a la mente es que debería comenzar a entrenar Krav Maga a ver si aprendo como causar la mayor cantidad de daño posible.  No quiero sospechar de la gente, no quiero andar con miedo. No quiero llorar cada vez que salgo al semáforo. Ni apretar los dientes todo el tiempo hasta que me duelen las mandíbulas.

Me da rabia que toda persona que se ha enterado de lo que me pasó tenga una historia (o varias) usualmente peor. Que la reacción principal es pensar qué hicimos para merecernos eso: que no debería andar con el celular si voy a trotar, que no debería andar audífonos, que no debería salir a trotar sola, que todo mundo sabe que es peligroso trotar afuera de la UCR, que no debería haber pasado por esa calle, que… pero no! No hay NADA que haya hecho que haya estado mal. La persona equivocada no soy yo, es el maleante que cree que puede atacar gente a plena luz del día porque sabe que las leyes, o más bien, la ausencia de ellas lo protegen.  Yo tengo derecho de salir a la calle por mi cuenta sóla y que no me suceda algo malo. Tengo derecho a tener bienes y que no me los traten de quitar a la fuerza. Tengo derecho a no tener miedo. A ser feliz otra vez. Y a no sentirme culpable porque no he podido nada más “superarlo” como si debiera estar feliz que no fue peor. Estoy agradecida con la providencia porque pudo haber sido mucho peor, pero eso no lo hace aceptable.

Ya hice lo que podía: denunciar al individuo, reportarlo a la policía, dejar un registro en el que tal vez ya no se salga con la suya como mero “asaltante” sino como el agresor que es. Y cada vez que escribo o que cuento lo que me pasó pierdo la vergüenza de haber sido víctima.  Porque de pronto ahora entiendo un millonésima parte de lo que es ser víctima de algo y cómo está amarrado  a la vergüenza: antes me parecía ridículo que una víctima de agresión se culpara a sí misma, pero uno lo hace. No es coherente pero es lo que pasa por mi mente.   Ahora nada más me queda poder salir a la calle otra vez a trotar. Desde ese día he encontrado excusas convenientes para no hacerlo pero en realidad no necesito excusas sino que hay una razón. Me da miedo. Y nada más espero que ese miedo se me quite pronto.

Vuelve la mula al trigo

Martes, 9 de agosto de 2011

En enero del 2006 publiqué un post llamado Hamstereando. Fue uno de mis reiterados intentos de ponerme en forma, de bajar de peso, de agarrarle el gusto al ejercicio.  Alguna gente se ofendió, otra gente trató de hacerme entender que había algo más allá de lo que percibía: el post llegó a tener 29 comentarios. De hecho, uno de los comentarios era muy crítico y una chica, Iris, me contactó en aquel entonces para demostrarme que no era cuestion de ser un hamster: que se podía salir a las calles y correr y que eso fuera algo que se hiciera por gusto y no obligación.  Fui con ella  a la carrera Sol y Arena en Puntarenas, en los que corrió por la playa: la vi salir de la meta acompañada de un montón de otras personas, y la vi llegar con una cara de triunfo sobre el cansancio. Había mejorado su marca personal.

Me gustaría decir q ese fue el punto de cambio, que ahí fue que yo descubrí que se podía ejercitar y ser feliz. Pero no. Dejé el gimnasio cuando cambié de trabajo, nunca aprendí a comer ordenadamente y desde entonces he subido y bajado de peso repetidas veces.

Pensé que tendría q tomar un momento cumbre en mi vida para bajar de peso. Pero ni eso, llego el momento de mi boda y feliz amarré mi vida a la de otra persona pesando más de lo que he pesado en toda mi vida.  Pero algo había cambiado.

Resulta que hace unos meses me inscribí en un curso de espeleología. Fui a unas exploraciones de cavernas que me dejaron con ganas de más, pero rápidamente me di cuenta que tenía que hacer algo y bajar de peso, porque hay muchas grietas y gateras en las que sencillamente no podría pasar. En corredores me lanzé a una, y estuve ahí atrapada mientras averiguaba cómo podría hacer para que tetas, abdomen y caderas pasaran por ahí. Fue un parto fue vergonzoso, y supe que no podría repetirse tal humillación.

Al final del curso, conocí a una chica guatemalteca espeleóloga también que recién se había mudado a Costa Rica mientras hace su maestría. Y resulta que vive cerca de mi casa y en las mañanas sale a trotar. Por un impulso que todavía no comprendo, le dije “ey, avisame cuando salgás a trotar que te acompaño, yo nunca lo he hecho pero nunca es tarde”. Y un par de meses después las dos estábamos saliendo 3 veces por semana recorriendo 6.5 Km en menos de una hora y conversando. Descubrí que me gustaba correr, sentir el pavimento bajo los pies, ver los carros y la gente y tener esos pequeños lugares de las calles q se convierten en favoritos. Pero mis pies no lo soportaron y me dio fascitis plantar y llegó al punto que ni siquiera podía caminar sin cojear y con mucho dolor.

Reposé del ejercicio casi 2 meses y mi peso aumentó.  La recomendación había sido comprar zapatillas adecuadas para correr con suficiente acolchonamiento, pero entre gastos inesperados y necesarios que tuve q hacer y clientes mala paga, pues la situación económica no me lo permitía. Tampoco sabía cuál tipo de zapato debía comprar: de lo que leía lo más importante era ir a una tienda especializada donde miraran mi pie y determinaran el tipo de zapato que yo necesito.   La otra recomendación fue bajar de peso.

No saben ustedes el chichón q me dio. O sea, justo me meto en esta locura de salir a trotar para bajar de peso, y no sólo la báscula no se movió ni un gramo durante los 2 meses de ejercicio, sino que mis medidas AUMENTARON. Y ADEMÁS gracias a trotar, me había jodido mis pies y con costos podía caminar. No hay justicia. No quedó más remedio: tendría que ponerme a dieta.

Las dietas y yo somos viejas amigas. Me han servido para bajar de peso en el pasado. Lamentablemente apenas se termina la dieta, regreso a comer como antes, todas las cosas deliciosas que no me había permitido y zas, subía nuevamente y aumentaba. Lo que necesitaría es algo que fuera posible mantener de por vida. Que fuera saludable. Que no requiriera comprar barritas marca X o inscribirme a un plan en el que me cobraran esta vida y la próxima por adelantado.  Entonces conseguí una recomendación de nutricionista y manos a la obra.

Ya llevo 12 días siguiendo el plan alimenticio. Me gusta mucho, tiene perfecto sentido y a ratos me siento tonta porque no es nada nuevo. Básicamente: comer menos harinas, comer más frutas y verduras, tratar de que la comida sea lo más natural posible y de evitar alimentos procesados. Tomar agua y comer siguiendo estas cantidades y proporciones según mi peso actual, actividad física y peso meta.  Y EJERCICIO.

Entonces no hubo de más. Salí a caminar. Y caminando me di cuenta que me hacía falta correr. El fin de semana pasado caminé con mi hermana hasta la tienda de zapatos y de regreso.  Y me inscribí en una carrera de 8K, Corre por mí.

Así es. Ni bien llevo semana y media de haberme reunido con una nutricionista que me recomendó hacer ALGO de ejercicio y comer bien, y voy y me inscribo en una carrera… y ni siquiera  la de 4k, de una vez a los 8. Ya tengo un plan de entrenamiento progresivo en 5 semanas, para darle tiempo a mis pies de sanar, mi amiga guatemalteca regresa de Guate y nuevamente saldremos a trotar en las mañanas. Estoy comiendo sano, me siento fuerte y sé que lo lograré. Ahí estare: el 2 de octubre ingresaré al Estadio Nacional sudada, cruzaré la meta y estaré con una sonrisa de oreja a oreja.

Caverna Corredores

Lunes, 28 de febrero de 2011

Anoche regresamos de Ciudad Neily, en donde andaba de gira con el grupo de espeleología Anthros (GEA). A mi me encantó todo. Me pareció genial la caminata, la caverna fue increíblemente aventurera, entre otras cosas me tocó nadar en ríos subterráneos, escalar, encaramarme y pasar por un agujero del diámetro de mi cuerpo.  Salimos llenos de barro hasta las orejas y fue fantástico y maravilloso y quedé enamorada de la experiencia.

1. Planear la ruta con antelación vale oro: hay q tener en cuenta la hora pico, la presa, carreteras cerradas y puentes caídos (te estoy mirando a vos, puente de Acosta). No hacerlo puede sumarle HORAS a un viaje que ya de por sí es largo.

2. Si en las recomendaciones le piden no llevar jeans ni tenis a la caverna… No lleve jeans y tenis. Y si decide irse en tenis y jeans y se cholla toda y además se tuerce el tobillo por usar zapatos sin buen soporte, por FAVOR no haga como la María Dolores del grupo que hizo que la cargaran todo el camino de regreso al carro, para que después no tuviera ni inflamado el tobillo.

3. Un pulpo puede pasar por un orificio mucho más pequeño que él: mientras su pico cartilaginoso logre pasar, el resto del cuerpo se puede estrujar y hacerlo también. En una caverna habrá momentos en los que desearás haberle prestado más atención a los pulpos cuando te toque atravesar un orificio que a todas luces parezca tener un diámetro es más pequeño que el del pantalón que te pusiste en la mañana.

4. Algo que aprendí de caminar en ríos y cavernas: Tenés que dar todo paso con mucha seguridad. Hay muchos tramos que si la pensás demasiado, no lo lograrás porque te puede dar miedo. A veces nada más hay que dar el paso: uno de fijo ha hecho mayores distancias bajándose de una cama camarote o brincando un charco.

5. Las botas de hule son una buena compra: Con volcarla le sacás el agua, y se secan super rápido y además brindan buen soporte a los tobillos.  Según los muchachos con experiencia en la espeleología, los zapatos caros igual se desbaratan en 3 meses de estarlos metiendo en cavernas: además, si te toca comprar botas nuevas, no te costarán un ojo de la cara.

Yo me compré unas que me quedaron perfectas en la tienda, pero cuando me las fui a poner en el calor de Ciudad Neily descubrí que me quedaban un toque ajustadas: no podía meter el pie con doble media. Así que nada más usé las medias de futbol y a pesar de estar preocupada por el tamaño, salí con mis pies en excelente estado: ninguna ampolla ni laceración causada por las botas. Un éxito completo.

6. Las cavernas no son para personas fóbicas: si le tiene miedo a ensuciarse, a las arañas, murciélagos, a nadar, a los espacios cerrados o a las alturas, mejor piense en otro tipo de hobby.

7. Las barras de proteínas son buenísimas para ahuyentar el hambre durante estos paseos y son muy livianas. Con una manzana estarás listo para horas de esfuerzo, aunque parece que la opción más popular sigue siendo la lata de atún abrefácil.

8. Si el primer día usted se lastimó lo suficiente como para que la tuvieran que sacar cargada… lo lógico sería que le toque descansar el pie al día siguiente. El que usted vaya a la caminata del segundo día no nos hará pensar en que tiene poderes sobrehumanos sino en que se aprovechó de los pobres muchachos que tuvieron que cargarla el día anterior.

9. La zona sur del país todavía está muy conservada. Ríos con renacuajos y peces, y cientos de ranitas diminutas hicieron que fuera un paseo libre de zancudos y mosquitos.

10. El llevar un colchón inflable puede sonar un toque ridículo, pero hará que puedan descansar en la noche en vez de quedar más aporreados al despertarse, lidiando con piedritas y palos debajo de la tienda de campaña.

11.  Esto lo aprendí de mi amigo Edgar Rincón. Si vas a empantanarte varios días durante un paseo, no tiene sentido ensuciar más ropa de la cuenta.  Usar la ropa sucia del primer día todos los otros días es completamente aceptable. Confirmado al ver que los más experimentados también hacen lo mismo. Tal vez cambiamos camisetas y ya.

12. Pocas veces he ido a campamentos mejor organizados. El transporte entre todos, las comidas, el entrenamiento, el lugar.  Espero que se repita muchas veces en el futuro.

En caso de emergencia

Viernes, 18 de febrero de 2011

Un artículo en la red y un recuento de lo que he visto suceder en la red me hizo pensar en el uso que le damos a las redes sociales, qué tanto confiamos en ellas y si confiamos lo suficiente como para usarlas en caso de emergencias. Queda mucha tela por cortar, mucho por investigar  y descubrir, como por ejemplo cuál es el patrón de uso en Costa Rica de las redes sociales en momentos de crisis, pero acá va un poco de lo que me pasa por la cabeza respecto a este tema.

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Pasa el tiempo

Sábado, 5 de febrero de 2011

Ya en el 2011. Inserte cliché aquí de cómo pasa el tiempo y uno no se da cuenta.

Qué ha sucedido en 2 meses de no escribir en el blog? Pues fui  a Colombia a pasar  Navidad y Año Nuevo. Me vi con familia y amigos y la verdad es que disfruté mucho. Estuve en el Nevado del Ruiz, en Medellín, en Támesis y en los carnavales de Negros y Blancos en Pasto que fueron una locura completa. Maravilloso.
Regresé a Costa Rica  y me fui a Monteverde a visitar amigos de cuando vivía por allá, y respiré aire más limpio, vi cielos llenos de estrellas,  y animales salvajes por los jardines. Me hizo gracia la naturalidad con la q mi amiga buscó a los gatos para encerrarlos en la casa una noche que salimos porque hay un jaguar merodeando en la zona y no sabe distinguir entre mascotas y almuerzo.

Ahora estoy en San José, nuevamente metiendo las manos en el teatro, escribiendo mucho para el trabajo. Creo que si hay una causa para dejar de escribir en el blog es que me la paso haciéndolo todo el día, y cuando puedo apagar el computador no se me antoja escribir más.

En twitter y facebook publico esos pequeños detalles del día a día, ya este espacio está quedando reservado para las conferencias o foros a los que voy y me sirve como un lugar para apuntar.

No prometo nada, pero si me tienen en sus feeds RSS espero que no me eliminen por inactividad.

Acá seguimos.

Aparente ausencia

Sábado, 13 de noviembre de 2010

A ratos pienso que tengo este blog abandonado, que ya no escribo, que a dónde se habrá ido mi disciplina para publicar a diario… pero entonces recuerdo que no era disciplina sino una necesidad fulgurante de plasmar mis pensamientos velozmente sobre algún medio, como si fueran un fósforo que después de encendido tenía tiempo contado antes de apagarse para siempre.

Pero resulta que no he dejado de escribir: más bien mi trabajo consiste específicamente en hacer eso.  Y que me encanta y también lo hago en mi tiempo libre, pero está repartido en muchas otras plataformas: en twitter, facebook y en los diferentes blogs y foros en los que participo.

Y mi pecado es que soy mala cacareando mis huevos.  O pienso que los aburriré. O que nada tiene que ver con ustedes, pero recuerdo que se han mamado mis posts bulímicos de cuanta conferencia tengo la oportunidad de ir y todavía algunos no me han abandonado.

O son artículos en otro idioma, y no estoy segura de qué tanto vayan a entender o crean que se confundieron de blog. En fin. Tampoco me crean que me la paso trastornada pensando en Oh Dios Mío Qué Haré Con Mi Blog.  Hace muchos años dejé de revisar las estadísticas y de la misma manera como yo ya casi no dejo comentarios en ninguna parte, asumo que sucede lo mismo con ustedes, que podrán leerme pero es en otra parte, en otro lugar o no van a dejar tampoco un comentario y ya.

Pero muy adentro considero que tal vez perdí la chispa. Que dije todo lo que tenía para decir sobre mi. Que el hecho de que ya todos sepan mi nombre y apellido, o que si no lo saben lo puedan averiguar súper fácil también me intimida un poco. Ya no puedo hablar de mis fantásticos enamoramientos crónicos si mi novio lee esto, o de lo horrible que es trabajar cuando disfruto un montón mi trabajo y lo que hago y mi vida. Creo que era más fácil publicar cuando estaba insatisfecha. Cuando las cosas me indignaban más, cuando pensaba que mi opinión valía mucho y tenía peso y no me preocupaba mucho de lo que decía. Porque les he de confesar: yo no leo lo que ya he escrito. No sé si estará bueno o malo. Si ha perdurado en el tiempo.  No tengo ese índice cerebral de saber qué escribí y cuándo, pero de pronto me acuerdo de algo y sospecho que ya lo he dicho. Y tal vez no. Y eso que pienso que es lo más novedoso desde que se inventó la mantequilla de maní que ya viene con mermelada ya lo he escrito todos los años.

Todo esto para contarles que intentaré de cacarear más los huevos que pongo en otros nidos. Mis artículos repartidos. Esos que he enlazado como quien no quiere la cosa indirectamente a través de la lista de otras páginas que está ahí a la izquierda de estas palabras.

Y en fin. Espero que sigan leyendo.  Aunque ya no sea tan entretenida como antes.

Transcyberiano: El Pensador Visual

Viernes, 5 de noviembre de 2010

Jimmy Figueroa entra como el plan B, pero entra con los tacos de frente para capturar la atención de la gente, mostrando un video en el que alguien se desliza por un tobogán de agua, salta una rampa y vuela por el aire y cae en una piscinita inflable. La idea es que él planeó este chistecito por mucho tiempo antes y la idea es que planear algo loco puede dar resultados.

El resto de mis notas están después del corte.

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Transcyberiano: A toda máquina con El Fusil

Viernes, 5 de noviembre de 2010

Estuve este último día del Seminario Transcyberiano en San José Costa Rica , y aproveché para tomar notas de las charlas en las que estuve. Despues de las presentaciones, Cristian Cambronero fue el keynote del día, haciendo la apertura del día de conferencias. Si gustan leer de lo que se habló y presentó, sigan después del corte.

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