Perder-Perder

Miércoles, 13 de febrero de 2013

Hoy me siento derrotada. Gorda y derrotada. El lunes tuve una cita médica: hace unos meses había hecho unos exámenes de laboratorio, pero no habíamos revisado los resultados, y tras de eso, estaba notando que mi salud iba empeorando en vez de mejorar.  Pues resulta que la dosis que me recetaron de la medicina es insuficiente y como consecuencia, comencé a ganar peso. Durante navidad y año nuevo aumenté como 10 libras, que es un montón, a pesar de haber continuado en el gimnasio como usual. Asumí que había comido más de la cuenta, entonces comenzando el año en el gimnasio me recetaron una dieta baja en carbohidratos y alta en proteína, y seguí con mi rutina de ejercicios. Un mes después de seguir la dieta estrictamente, el resultado es que no he bajado ni de peso ni el porcentaje de grasa.

Mi cuerpo está en huelga. No quiere usar grasa como energía. Todo el esfuerzo que puse sencillamente fue para mantener mi peso y no engordar otras 10 libras en un mes. Ese es el estado natural de mi organismo. Engordar.

En contraste con NO perder peso, ayer perdí mi trabajo. Como cualquier startup, dependíamos de unos pocos clientes. Uno de ellos se retiró y eso significó que la empresa tuvo que reducirse a su mínima expresión para poder cubrir los gastos. Y mi puesto fue uno de los recortados. Entonces por más que no haya sido algo que yo hice, y que estaban muy contentos con mi trabajo, ahora estoy sin empleo.

Extrañamente, pude lidiar tranquilamente con la perdida del empleo. Es algo que pasa, no es un reflejo de mi trabajo, no hay algo que pudiera haber hecho mejor o diferente: es un tema de cómo funciona la industria. Pero con la falta de pérdida de peso me destruí. En el gimnasio mientras me tomaban las medidas me contenía las lágrimas y trataba de buscarle un lado positivo, pero no fui capaz. Todavía no soy capaz. Tengo un cuerpo que no sabe hacer las cosas normales. Tengo una condición para la cual recetan como santo remedio bajar de peso, pero la misma condición hace que lograr bajar de peso sea virtualmente imposible.  Ya estoy siguiendo una dieta que para cualquier persona normal hubiera resultado en efectos inmediatos y visibles. Si consumo menos calorías mi cuerpo entraría en modo “hambruna” y también se bloquearía para bajar de peso. Si consumo más seguiré aumentando.  Tengo un cuerpo que me exige que le de azúcar y harinas, porque no sabe qué hacer con tanta insulina que produce. Si en algún momento quisiera tener hijos, me enfrentaré a un viacrucis doble: el primero para tratar de concebir, y el segundo para no destruir mi salud completamente si lo logro. Y para terminar, la depresión es usualmente un síntoma que acompaña todo este otro grupo. Y es fácil entender porqué.

Estoy harta. Estoy harta que vivo en un mundo donde no importa los esfuerzos que haga, la gente me juzga por mi peso, como si fuera una falla de mi carácter, falta de fuerza de voluntad, falta de ganas. Como si yo hubiera tomado la decisión de ser así, y como si hubiera una relación directa entre lo que como y mi apariencia.   Estoy harta que para haber logrado la pérdida de peso del año antepasado, requirió 3 horas diarias de ejercicio y una dieta estricta y ni así llegué al peso meta. Estoy harta que lo que me tomó 6 meses lograr, y 6 mantener, se haya perdido en un par de meses, y ahora todo el esfuerzo es sólo para mantener el peso. Estoy harta.

La comida se ha convertido en mi enemigo. No importa lo que coma o no, es una batalla. Tengo una adicción a los carbohidratos y a diferencia de las otras adicciones, no es algo que “pueda dejar”, porque el cuerpo necesita de los carbohidratos para funcionar, y si no los consumo mi cuerpo igual reacciona a como si lo hubiera hecho. Coma o no los coma, estoy jodida. Es como decirle a un alcohólico que tiene que tomarse una copa de vino, pero sólo una.

Y nada. Es como que ha sido una semana de perros y apenas vamos por la mitad.  No tengo herramientas para levantarme el ánimo. Nadie con quién desahogarme y salir por un café y que me digan que va a estar todo bien y no tener al flaco como el único paño de lágrimas.  Terapia de compras tampoco: con ingresos inciertos, mejor tener la mano agarrada a la billetera y evitar el despilfarro. No puedo ir a comerme mis sentimientos como usualmente lo haría porque lo único que hará es que me sienta peor, físicamente (hola hipoglicemia!). fuck.

 

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