Oda a los libros electrónicos

Domingo, 26 de febrero de 2012

Hoy pasé unas 3 horas mirando libros en goodreads y perdí noción del tiempo. Fue como regresar a las épocas en las que la librería internacional era nueva y podía pasar horas de horas mirando los estantes, pero mejor.

Desde  mi infancia fui ratón de biblioteca, y el amor por los libros de mi padre lo heredé sin duda.  Mi colegio en Perú tenía una maravillosa biblioteca, enorme y abierta a todas horas: comía rapidísimo para poder ir a la biblioteca a pasar mi hora de almuerzo y no era la única.  Cada visita podía resultar en 3 a 5 libros bajo el brazo que me llevaría a mi casa para leer en los siguientes días: en el bus, en el aula, en mi cuarto durante la tarde.   Los estantes de las recomendaciones de los bibliotecarios eran invaluables, sabía que un libro seleccionado de esas áreas tendría mayor probabilidad de ser entretenido y exitoso que de las otras zonas misteriosas donde maravillas entre dos pastas  se codeaban con ladrillos del engaño que prometían para entregar enredos incomprensibles. Había libros grandes y pequeños, pastas duras y pastas blandas, todos con su sobrecito y tarjeta en la que iría mi nombre y la fecha en la que debería devolver el libro.  Pero no había manera de saber si un libro valía la pena sin arriesgarse.

Entonces tengo que decir que esta época moderna, en la que puedo mirar en una página web una serie de libros que otra gente ha leído y puedo mirar si los han calificado bien le patea el rabo a esas épocas donde muchas veces me frustraba por no poder saber cuál sería mejor. En aquellas épocas podía sentarme entre estantes y mirar, abrir páginas, leer un capítulo y darle chance al libro. Hoy por hoy ni tiene uno tanto tiempo y ya no tengo acceso a bibliotecas, por lo que me encuentro frente a frente con un libro envuelto en plástico que no puedo abrir ni siquiera para determinar la calidad del papel, tamaño de letra, o si hay dibujitos o no. Hoy en día, sentada a mi computador puedo investigar las razones detrás de buenas o malas críticas a un libro: la gente deja comentarios y especifica qué es lo que no les gustó. A veces son justamente las cosas que también me incomodan y me ahorraron la plata, otras veces me doy cuenta que su disgusto proviene de que no le gustan ciertas cosas que a mi tal vez sí me gustarían, y le doy chance al libro.  Si veo algo que me gusta, inmediatamente puedo hacer otro click y ver cuánto costaría obtenerlo. Si viviera en algún lugar con un sistema bibliotecario decente, podría inclusive entrar en línea y ver si lo puedo descargar sin costo adicional.  Pero si alguien no tiene biblioteca o  tarjeta de crédito o si el libro que busca está bloqueado en su región… igual puede descubrir cómo obtenerlo en la mayoría de casos.  Cualquiera de esas opciones tarda entre segundos  y 3 minutos. Y ZAS. Tengo el libro en mi computador o en mi lector electrónico.

Me imagino con la tecnología de hoy en la biblioteca del ayer: mirar un libro y poder revisar qué es lo que otra gente ha comentado de él. Reconocer nombres de personas que lo han leído y les ha gustado me indicaría posibles amigos con los que me podría llevar bien si a mi también me termina gustando el libro.  Hubiera podido tener un control de todos los libros que leí durante un semestre, y lo que pensé de cada uno de ellos.  Bueno, tal vez eso último no: todavía soy malísima para escribir mis propias críticas literarias.

Hace unos años hubiera estado hoy frustrada: entre viernes y sábado me leí unos 3 libros y me quedé sin más que leer. Pero gracias a internet, a recomendaciones, listas y búsquedas, ya tengo una nueva lista y esta noche podré estar acurrucada con mis gatos, leyendo alguna de mis más recientes adquisiciones: todo con un click.

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