Al mal tiempo…

Lunes, 6 de febrero de 2012

Es como un novio que te termina, no porque hayas hecho algo malo sino porque no le caen bien tus padres.   Como cuando tienes un trabajo que no te emociona mucho y estás pensando en renunciar en poco tiempo y te llega una carta de despido.  Cuando estás buscando alquilar una casa y encuentras una que es perfecta y cumples todos los requisitos pero una vez que te ven los caseros, dicen que ya no está en alquiler y que no te la van a dar.  Cuando sacaste una buena nota en el examen de admisión de la U y te inscribes en la carrera que has soñado y te da el puntaje; pero cuando te fijas unos meses después, no pudiste entrar, porque subió la nota de corte.  Cuando nunca has tenido una relación cercana con tus tíos y primos, pero en el momento que se enteran que conseguiste una pareja que no aprueban, te dejan de hablar.

Pues como así es como me sentí cuando el gobierno de Costa Rica me notificó que no le darían la residencia al flaco, aunque nos hubiéramos casado, porque sólo los ciudadanos tienen derecho a la reunificación familiar: como residente, yo no tengo derecho a tener a mi familia conmigo.

La rabia que tengo con el gobierno es épica. Ni siquiera tuvieron la decencia de notificar al FAX que pidieron como requisito para tramitar los papeles, sino que alguien tuvo que ir en persona para que le dieran el documento un mes después porque no dan datos por teléfono. Se salvaron de la pataleta que tengo atravesada: Al cabo que ni quería. Quédense con los narcotraficantes que nunca tienen que solicitar una visa porque las pagan. Quédense con los que pagan chorizos y entregan dinero a cambio de una residencia o un pasaporte. Quédense con los que llegaron a casarse con indigentes y les dieron la nacionalidad. Quédense con todos los que llegan sin tener que pedir visa porque su pasaporte les permite estar en el país sin restricción, no porque sean buenas personas sino porque tuvieron la suerte de nacer en un país determinado.

Yo me voy.

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