Por qué no me gusta navidad.

Miércoles, 7 de diciembre de 2011

De esos días en los que una lee un blog y se pone a comentar y resulta que el comentario es larguísimo y más bien merece su propio post, así que acá va uno sobre por qué navidad y año nuevo son fechas complicadas para mí.  Sé que mis papás leen este blog, y por eso he dejado de escribir muchas cosas, pero necesito sacar estas ideas y este es el mejor lugar para ello. Así que una advertencia: este post habla de mis papás, mi relación con ellos, mi apatía con la navidad y bastante historia familiar.

Mi familia es extendida… no en el sentido de número sino en geografía: tengo hermanos a cada lado de los Estados Unidos, una hermana en Costa Rica y padres en Colombia.  Las familias de mis papás están entre Oaxaca, México y Colombia, repartidas en diferentes departamentos.

Navidad la pasábamos un año en Perú, otro en Colombia y en Colombia se repartía entre una vez pasábamos navidad con la familia de mi papá y a la siguiente pasábamos con la familia de mi mamá.  Los años nuevos eran a la inversa y entre una y otra fecha había un viaje torturante de día entero por carretera entre Bogotá y Medellín.  Siempre estábamos de visita, adaptándonos a lo que otros querían hacer y creo que mis papás no tuvieron el chance de plantearse a sí mismos que era lo que ellos querían. Creo que pensaron que lo mejor para nosotros sería celebrar navidades como se supone que se hace, con toda la familia y los tíos y primos como toda la demás gente, pero cuando llegábamos éramos forasteros y en realidad esa sensación de “estar en familia” no la sentimos nunca.

Entonces nunca tuvimos tradiciones propias, o algo que nos uniera en estas fechas. Había navidades en Perú que éramos sólo mis papás y hermanos en la casa, una cena y regalos… y no faltaba la tradicional pelea por cualquier cosa trivial que resultaba en que alguien lloraba, otro gritaba y nadie conversaba a la mesa porque nadie lo estaba pasando bien. Una vez nos reunimos con otras familias de esas expatriadas como la nuestra y entre peruanos, colombianos, guatemaltecos y hondureños: los niños pasamos jugando y creo que todos los adultos  aceptaban que desearían estar en otra parte y con sus propias familias, pero como dice el dicho en inglés: misery loves company.  Ni bien aquí ni bien allá, siempre había algo que hacía falta.

Con los años no ha mejorado la cosa. Navidad sigue siendo una fecha que me genera más estrés y desidia que placer. Es imposible pasarlo juntos, pero también está el asunto que probablemente la razón por la que eso no sucede es porque no es prioridad para ninguno.

También está el peso de la ausencia: es como que si no vamos a estar todos los hermanos, no vale la pena hacer el esfuerzo. No hablo por los demás, pero en mi caso particular, a veces me da pereza porque aunque yo haga el esfuerzo de venir y estar y pasar en familia, con mis padres me queda la sensación que mi compañía no es suficiente si no están mis otros hermanos: que pesa más la ausencia de los que no están que la presencia de los que sí.

A esto creo que se le suma la culpa de no tener “la familia colombiana”TM. Nos han vendido el cuento  que uno debería tener esa familia que siempre almuerza en familia los domingos, que se escriben y se llaman todos los días, que están enterados de la vida de todos. Esa familia colombiana celebra navidad de una manera bastante específica que nunca he sabido qué implica, pero estoy segura que no damos la talla.     Yo soy feliz no teniendo esa familia, pero sospecho que a mis papás a veces les parece que fue que fallaron en algo porque no somos así.

Entonces viene el asunto:  quiero liberarme de ese peso. Con mi nueva y recién formada familia, quiero poder armar nuevas tradiciones que se ajusten a lo que nosotros queremos aunque sea completamente diferente a lo que hacen los demás.   El flaco tampoco tiene tradiciones navideñas familiares, así que estamos en las mismas; pensando en qué cosas  evitar de la  navidad, recordar que sí nos ha gustado  y descubrir qué podría gustarnos para hacer año tras año.

Ya he avanzado un poco con mi lista: me gusta hacer los regalos de navidad. Los calendarios de adviento me gustan también, y ya hice uno para la familia de mi hermano el año pasado, y otro para mi hermana este año.  No me gustan las novenas, tampoco la música guasca.  Me gustan las galletitas decoradas y las casas de gengibre. Me gusta ver Love Actually. No me gusta dar regalos por compromiso. No me gusta el amigo invisible. Me gusta la buena compañía y no me gusta la melancolía en nochebuena.   Ahí seguire poniendo en la lista, agregando las ideas del flaco y pronto podremos tener nuestra propia navidad.

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