Vuelve la mula al trigo

Martes, 9 de agosto de 2011

En enero del 2006 publiqué un post llamado Hamstereando. Fue uno de mis reiterados intentos de ponerme en forma, de bajar de peso, de agarrarle el gusto al ejercicio.  Alguna gente se ofendió, otra gente trató de hacerme entender que había algo más allá de lo que percibía: el post llegó a tener 29 comentarios. De hecho, uno de los comentarios era muy crítico y una chica, Iris, me contactó en aquel entonces para demostrarme que no era cuestion de ser un hamster: que se podía salir a las calles y correr y que eso fuera algo que se hiciera por gusto y no obligación.  Fui con ella  a la carrera Sol y Arena en Puntarenas, en los que corrió por la playa: la vi salir de la meta acompañada de un montón de otras personas, y la vi llegar con una cara de triunfo sobre el cansancio. Había mejorado su marca personal.

Me gustaría decir q ese fue el punto de cambio, que ahí fue que yo descubrí que se podía ejercitar y ser feliz. Pero no. Dejé el gimnasio cuando cambié de trabajo, nunca aprendí a comer ordenadamente y desde entonces he subido y bajado de peso repetidas veces.

Pensé que tendría q tomar un momento cumbre en mi vida para bajar de peso. Pero ni eso, llego el momento de mi boda y feliz amarré mi vida a la de otra persona pesando más de lo que he pesado en toda mi vida.  Pero algo había cambiado.

Resulta que hace unos meses me inscribí en un curso de espeleología. Fui a unas exploraciones de cavernas que me dejaron con ganas de más, pero rápidamente me di cuenta que tenía que hacer algo y bajar de peso, porque hay muchas grietas y gateras en las que sencillamente no podría pasar. En corredores me lanzé a una, y estuve ahí atrapada mientras averiguaba cómo podría hacer para que tetas, abdomen y caderas pasaran por ahí. Fue un parto fue vergonzoso, y supe que no podría repetirse tal humillación.

Al final del curso, conocí a una chica guatemalteca espeleóloga también que recién se había mudado a Costa Rica mientras hace su maestría. Y resulta que vive cerca de mi casa y en las mañanas sale a trotar. Por un impulso que todavía no comprendo, le dije “ey, avisame cuando salgás a trotar que te acompaño, yo nunca lo he hecho pero nunca es tarde”. Y un par de meses después las dos estábamos saliendo 3 veces por semana recorriendo 6.5 Km en menos de una hora y conversando. Descubrí que me gustaba correr, sentir el pavimento bajo los pies, ver los carros y la gente y tener esos pequeños lugares de las calles q se convierten en favoritos. Pero mis pies no lo soportaron y me dio fascitis plantar y llegó al punto que ni siquiera podía caminar sin cojear y con mucho dolor.

Reposé del ejercicio casi 2 meses y mi peso aumentó.  La recomendación había sido comprar zapatillas adecuadas para correr con suficiente acolchonamiento, pero entre gastos inesperados y necesarios que tuve q hacer y clientes mala paga, pues la situación económica no me lo permitía. Tampoco sabía cuál tipo de zapato debía comprar: de lo que leía lo más importante era ir a una tienda especializada donde miraran mi pie y determinaran el tipo de zapato que yo necesito.   La otra recomendación fue bajar de peso.

No saben ustedes el chichón q me dio. O sea, justo me meto en esta locura de salir a trotar para bajar de peso, y no sólo la báscula no se movió ni un gramo durante los 2 meses de ejercicio, sino que mis medidas AUMENTARON. Y ADEMÁS gracias a trotar, me había jodido mis pies y con costos podía caminar. No hay justicia. No quedó más remedio: tendría que ponerme a dieta.

Las dietas y yo somos viejas amigas. Me han servido para bajar de peso en el pasado. Lamentablemente apenas se termina la dieta, regreso a comer como antes, todas las cosas deliciosas que no me había permitido y zas, subía nuevamente y aumentaba. Lo que necesitaría es algo que fuera posible mantener de por vida. Que fuera saludable. Que no requiriera comprar barritas marca X o inscribirme a un plan en el que me cobraran esta vida y la próxima por adelantado.  Entonces conseguí una recomendación de nutricionista y manos a la obra.

Ya llevo 12 días siguiendo el plan alimenticio. Me gusta mucho, tiene perfecto sentido y a ratos me siento tonta porque no es nada nuevo. Básicamente: comer menos harinas, comer más frutas y verduras, tratar de que la comida sea lo más natural posible y de evitar alimentos procesados. Tomar agua y comer siguiendo estas cantidades y proporciones según mi peso actual, actividad física y peso meta.  Y EJERCICIO.

Entonces no hubo de más. Salí a caminar. Y caminando me di cuenta que me hacía falta correr. El fin de semana pasado caminé con mi hermana hasta la tienda de zapatos y de regreso.  Y me inscribí en una carrera de 8K, Corre por mí.

Así es. Ni bien llevo semana y media de haberme reunido con una nutricionista que me recomendó hacer ALGO de ejercicio y comer bien, y voy y me inscribo en una carrera… y ni siquiera  la de 4k, de una vez a los 8. Ya tengo un plan de entrenamiento progresivo en 5 semanas, para darle tiempo a mis pies de sanar, mi amiga guatemalteca regresa de Guate y nuevamente saldremos a trotar en las mañanas. Estoy comiendo sano, me siento fuerte y sé que lo lograré. Ahí estare: el 2 de octubre ingresaré al Estadio Nacional sudada, cruzaré la meta y estaré con una sonrisa de oreja a oreja.

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