Los Ezequieles de mi vida Parte 2

Lunes, 23 de mayo de 2011

Hace dos años honré a los Ezequieles y Ezequielas del mundo. Hoy hablaré de  un Ezequiel en particular. Uno del que hace un año me estaba despidiendo sabiendo que me iba a otro país y no sabíamos que nos depararía el futuro.

Ezequiel. …novios que son el buen chico. El buena gente. El que no es el más guapo ni el más emocionante ni el más cotizado pero tiene un corazón de oro. Es el viaje en botecito de pedales del parque de diversiones, no la montaña rusa.

Repetimos la depedida en enero con muchas más lágrimas y tristeza, porque en mi mente ya creía saber qué tenía el futuro para nosotros: un adiós y el cierre de ese capítulo. Un fue muy bonito y mejor nos despedimos.

…el chico Ezequiel es como el Dr. Salinas de Café con Aroma de Mujer. Un hombre bueno, soltero, sin vicios, destinado a nunca tener a su Gaviota porque ella siempre se irá con el otro. El Ezequiel es por el que apostaríamos aún sabiendo que va a perder ante Sebastián Vallejo. Aunque Sebastián sea un borracho que hace numeritos en la calle, que te ignora unos meses y que después vuelve a buscarte aunque está casado, el Dr. Salinas nunca podrá contra él.

Pero pasó el tiempo y aunque no se perdió el contacto, por mi lado traté de ir reconstruyendo la vida, acostumbrándome a la ausencia. Después de todo, uno emigra y siente que pierde las raíces; que no tiene sentido aferrarse a un pasado.  Que, como decía una valla hace muchos años en Las Palmas…  Atrás ni pa coger impulso.

Los Ezequieles estarán ahí con sopa de pollo cuando estés enferma, te harán cariño en la cabeza cuando estés tirada en la cama llorando porque te acaban de dar malas noticias. Son los que te acompañan a las fiestas de familia, a los funerales, a hacer trámites aburridos que tardan todo el día. Es justamente con el que te sientas frente a frente, cada quién en su computador, trabajando un viernes o sábado en la noche, mandandose mensajes por messenger y jugando con los pies debajo de la mesa. A veces los modelos de Ezequiel vienen sin chip culinario, pero no importa… los Ezequieles quieren hacer las cosas bien y aprenderán a cocinar. Tal vez no lo más rico e inspirado, pero siempre podrán sorprenderte con unos pancakes, una sopita, o unos sanduchitos que no tendrás que levantarte a preparar. Nunca te celarán, no te controlarán ni se sentirán intimidados porque tengas tu propia vida aparte de la relación.

De pronto nació la posibilidad de que el Ezequiel se viniera de visita, como ya habíamos venido juntos años atrás. Y una vez acá, que pudiera conseguir un trabajo. Y que una vez que tuviera trabajo, pues así podía quedarse y estaríamos juntos nuevamente.  Pero cuando te dan un no rotundo en un consulado, de pronto quedás con las manos vacías.

Hay momentos de duda. De querer tener un Rhett Butler en la vida, que te sorprendan de alguna manera para sacarte de la rutina. Pero recapacitemos: en una relación hay que hacer las cosas de a dos, no es todo problema de ellos. Que si quiero hacer algo más que comer y ver películas, es cuestión de decirlo y organizarlo. Ellos son llevaderos y se apuntan a cualquier plan. Es cierto, no bailan, pero nunca te van a hacer un numerito de celos porque bailes con cualquier otro, o te metas en grupos de baile o salgas con tus amigos a bailar. Que de ellos no es la culpa que en vez de salir uno se quede todo el día en la cama sin hacer nada: uno puede hacer planes de picnic, o de ir a la montaña, de ir a caminar.
Eso sí. Muchas veces ellos dirán que no. Te tocará ir a hacer todo eso sola. Pero cuando regreses a casa empapada después de la caminata porque les agarró un aguacero, allá estarán con un chocolate caliente y una toalla esperándote.

Entonces ¿qué hacer cuando te destraman los sueños y deseos? ¿Cuando los cuidadosos planes, tranquilos y estables, resultan insuficientes?  Pues uno hace esas cosas que anteriormente pensaba que nunca haría.  Decidís que no hay que cumplir con las expectativas de nadie más que de las propias. Que las cosas se pueden hacer a como uno quiere y decide y no como se “estila”.

En julio, en el Medellín en el que nos conocimos y disfrutamos juntos, mi Ezequiel y yo iremos a una oficinita, firmaremos un papel, nos intercambiaremos anillos y diremos que sí. Sabemos que no será fácil el proceso de resolver residencias y cambiar de país y muchas mudanzas, pero tenemos muy claro que queremos estar juntos, trabajar hombro a hombro y que sea para siempre.  Y que cuando nuevamente lleguen las épocas de calma, de quieta felicidad en conjunto, de rutina de vernos las caras todos los días todo el tiempo, de salir a los mismos lugares y hablar con la misma gente y hacer las mismas cosas, nos parecerá lo más maravilloso del mundo.

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