Panamá Parte 1

Sábado, 23 de abril de 2011

Ya llevo un par de días acá en Ciudad de Panamá y lo estoy disfrutando mucho. Hay algo interesante de esta ciudad y no puedo evitar compararla con lo que conozco. La ciudad para mi tiene un aire como si Puerto Limón se hubiera convertido en metrópolis llena de rascacielos. Se ven edificios modernos junto a apartamentos con aire tropical, construcciones sobre pilotes y esa capa de musgo que cubre todo en el trópico.

El viaje en bus desde San José salió a las 11pm y llegó a Ciudad de Panamá unas 15 horas después, incluyendo las 3 horas que tardamos en la frontera.  El bus era, honestamente, muy incómodo y me hizo extrañar los viajes a Bogotá o a Pasto en Expreso Bolivariano o Magdalena, en los que uno puede descansar las piernas, y si se te cae algo al piso  eres capaz de agacharte por él. En este bus estaban tan pegados los asientos que cuando se me cayó el mp3 al piso, no fui capaz de recogerlo con las manos. Tuve que quitarme los zapatos sin usar las manos (no alcanzaba mis pies) usar los dedos de los pies para encontrar el mp3 y con mi flexible pie levantarlo y depositarlo dentro de un zapato, que luego usando los pies pude levantar hasta alcanzarlo, sacar el mp3 y zafar los cordones del zapato para poder meter mis pies nuevamente sin tener que usar las manos. No podía reclinar mi asiento porque la muchacha detrás se quedó sin rodillas cuando intenté hacerlo.  Lo que sí tenía igual que los buses interdepartamentales en Colombia era el aire acondicionado a nivel siberiano. Creo que era la persona más ridícula en el bus, pero estoy segura que dormí mejor que ninguno. Llevaba mis aditamentos usuales para el viaje por tierra: Doble media, pantalón largo, zapatos cómodos, bufanda, gorro de lana, jacket, guantes, cobija peluda y máscara para dormir, además de alimentos y bebidas por aquello de ataques de hambre a las 3 am. Dormí como un lirón, y eso que ni siquiera tuve que tomarme mis pastillitas para dormir.

En la frontera, nos bajamos del bus y fuimos a hacer fila: faltaba un cuarto para las 5am. La ventanilla abrió hasta las 6 y aprovechando mis dotes narcolépticos, me senté en el piso, cruzé las piernas, apoyé mi mochila en ellas y  la usé de almohada y dormí creo que todo el rato que estuvimos esperando. Luego de llegar a la ventanilla, recibir el sello, había que caminar hasta el lado panameño, unas 3 cuadras. No me imagino esa vuelta bajo la lluvia. Hacer otra fila eterna, y llegando a la ventanilla ver que como requisito para ingresar (que nunca te dicen que hay requisitos al momento de comprar el tiquete) tenía que llevar 500 USD en efectivo (o tarjeta de crédito), tiquete comprado de regreso o de salida de Panamá a otro lugar y pasaporte vigente por 6 meses adicionales.  Una muchacha sufrió por la falta de tiquete de regreso, ahí la vi reclamando que nadie le había dicho.  Luego había que esperar a que tooodos hicieran la fila para que nos revisaran las maletas, mientras tanto fui al supermercado más triste del planeta.   A las 7am (hora panameña) el piso estaba mugrosísimo, con hojas de lechuga mustias, pegajoso y lleno de tierra. Anaqueles polvorientos, una ratonera de pasillos y refris en mal estado, oliendo a que en algún lugar vendían carne de la época de Noriega.  Salí corriendo con mi botella de agua y ya nos revolcaron las maletas y nuevamente a subirnos al bus. Nos dieron sanduchitos, dormí otro gran rato, desperté y ya mi vecino de asiento se había bajado y llegó la hora del almuerzo (también incluido). Miré el paisaje por el pedacito de ventana que me correspondía y aunque suene ridículo, tenía la esperanza de poder ver las dos costas desde alguna montaña, pero era terreno muy plano. Dormí otro rato y ya, habíamos llegado a Ciudad de Panamá.

Crucero saliendo hacia el Pacífico

Ayer me llevaron al Canal de Panamá, a las exclusas de Miraflores.  Primero me pareció sospechosamente angosto el canal. Tomé algunas fotos  pero no había actividad de barcos, al parecer todos pasan a partir de las 2pm. Así que pedimos que nos sellaran nuestros tiquetes de la entrada y aprovechamos para ir a almorzar a la reserva natural de Gamboa. Junto a una fuente de agua, se ve puro bosque y en el río se veían muchas tortugas. De pronto me di cuenta que ey sí, las tortugas tienen hábitats naturales y se la pasan ahí nada más parchaditas en el agua, nadando con la cabecita por fuera y los caparazones llenos de musgo. Regresamos a las exclusas de Miraflores y ahí pude ver un crucero ENORME atravesar el canal, dejando apenas 30 centímetros a cada lado entre el borde del barco y las paredes del canal.

crucero saliendo del canal

Es un circo cuando pasa un barco, sobre todo un crucero en el que los huéspedes se acercan a las barandas a tomar fotos y a mirarnos, mientras los que estábamos en el edificio frente a las exclusas mirábamos desde nuestros balcones a ellos. Un animador gritaba y pedía a la gente que aplaudiera y le diera la bienvenida al crucero, los del crucero nos gritaban de vuelta, todo mundo aplaudía y después nos daban cifras: que cuál era el peso, que cuánto costaba el crucero, que dónde estaba el capitán, que cómo se movía. Básicamente en esa exclusa, hay una bajada de 8 metros, y tardó unos 20 minutos en atravesar esa parte del canal.

Me maravilló la ingenuidad de los inventores. Que ese plan loco que llevaban maquinando diferentes naciones, construyendo desde antes que Panamá fuera una república finalmente hubiera resultado y que ahora uno fuera y pudiera ver esa obra de la ingenería.  Me sorprendió reconocer una sensación que había tenido antes: una cuando vi el Taj Mahal y otra cuando vi las pirámides. Que los humanos han sido capaces de construir cosas maravillosas, magníficas y enormes que perdurarán en el tiempo. Sólo basta tener suficiente poder para que aunque todos piensen que estás loco, nadie se atreva a decírtelo a tu cara.

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