Regreso

Martes, 21 de septiembre de 2010

Se me acaban los días de este viaje, y en 2 semanas estaré de regreso en Costa Rica. Aunque les cuento un secreto: no quiero regresarme.

Acá estoy a gusto, con familia, acompañada, con mil proyectos.  En las mañanas hay alguien esperando que me despierte para contarme sus aventuras de superhéroe, o para charlar un rato mientras tomamos un café. Después voy al gimnasio y tengo un entrenador que sabe qué ejercicios ponerme según el día.  Llego y hay refri llena de cosas ricas para comer.  Cocino comidas deliciosas y exóticas porque se consiguen los ingredientes fácilmente y lo demás ya existe dentro de la alacena.  Trabajo en las noches o tardes o mañanas y respiro aire fresco todos los días. Paso poco tiempo sentada frente a la compu. En pocas palabras:  he estado en un delicioso limbo y no quiero despertar.

Tengo miedo: de un lugar que me suena cada vez más ajeno y de la posibilidad que al llegar lo confirme.  Que los amigos del pasado obviamente han seguido sus vidas y que no haya espacio para mi en sus ajustadas agendas. Que tal vez tengan espacio y yo descubra que ya no tenemos nada en común.  Que no tenga suficiente plata para el estilo de vida que la mayoría de ellos ahora manejan. Que mis hábitos ermitaños me terminen aislando. Que sin celular como que uno no es persona.  Que todos se hayan convertido en hipsters y yo en intolerante.  Que sin carro no se pueda salir. Que con carro no se pueda salir. De la inseguridad. De lo desconocido. De los conocidos que se convierten en desconocidos.

No me decido si es miedo a lo desconocido o más bien soy como un marinero: que no se siente gusto llegando a puerto al no ser que sepa que pronto volverá a zarpar.

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