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Viernes, 30 de julio de 2010

Me gustaría contarles de la ciudad de Dallas, la situación nacional, las fiestas y salidas y paseos.

Pero no, no tengo nada de eso para contar. En cambio podría decirles que mi respeto por las amas de casa aumenta cada día más, sobre todo si son madres.  Que mis planes de dieta se ven truncados por comidas ricas llenas de carnes y tortillas y ensaladas monumentales, pero también de meriendas y snacks.  Que mi sobrino cada 2 o 3 días me pregunta si me voy a quedar a vivir con ellos, y cuando le cuento que todavía me voy a quedar un rato más, aunque no a vivir, me responde que estará muy triste cuando me vaya.

Que cambio pañales y juego con niños y tengo a un bebé en brazos durante diferentes momentos del día. Que estoy viendo narconovelas en la noche con mi hermano y me da nostalgia el hablado colombiano.  Que hay días en los que tengo que llegar a colgar la ropa empapada en el baño por jugar con agua en el jardín y otros días en los que bailo música ochentera en medio de los pasillos de los supermercados porque mi sobrino me lo pide.

Paso menos tiempo frente al computador que nunca.  Igual logro hacer el trabajo que necesito hacer y me he vuelto más eficiente.

Y también les contaría que a pesar de llenar mis días de actividades, igual me queda tiempo para extrañar al flaco. Y ya.

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