Crónica de un roedor asustado.

Jueves, 28 de enero de 2010

Mi relación con los ratones inició hace relativamente poco. Digamos que desde que me pasé a este apartamento,  antes sólo me los había topado en raras situaciones, siempre en zonas rurales.

No es la primera vez q hay roedores acá en la casa. El anterior murió encerrado en una habitación, donde muy generosos le dimos 2 opciones bastante filosóficas: la ruta fácil y la ruta difícil.  Si el roedor escogía el camino fácil, como en la vida, descubriría que la vida fácil sólo lleva a desgracias y una muerte temprana por la promesa de satisfacción instantánea. El camino difícil sería arduo, pero el ratón escaparía con su bien más preciado: su vida.

Es decir, opción A era un balde con una rampa y un rollito de papel para hacer una trampa humanitaria que cuando el ratón entrara en el rollito en busca de la comida, caería dentro del balde y lo podríamos sacar y poner en el lote vacío al final de la cuadra.  Opción B era una ratonera con el cebo amarrado.  Adivinen qué escogió el ratón.

El roedor de este cuento es roedor 2.0. no quiere tener nada q ver con la ratonera y se resiste a caer en ella. Traté de hacer lo mismo que con el primero, encerrarlo en un cuarto con la trampa, alambrina por todas las rendijas para frustrar su escape y esperar a que cayera en la trampa. Nada.  Pasaron los días y nada.  Hasta anoche, que me senté en el computador y a ratos sentía movimiento por el rabillo del ojo.  Alzaba la vista y no veía nada. Seguía trabajando. Fue hasta que me fui a levantar de la silla que lo vi escabullirse desde donde estaba, a escasos centímetros de mi pie hasta la puerta del patio.  Me acerqué para ver si seguía ahí y levanté la cortina.  Entonces lo vi, con cara de desespero, mirando en todas las direcciones buscando para dónde escabullirse y se metió a la otra habitación. Regresé a la puerta #1, quité la trampa, recogí la alambrina y me fui a la puerta #2,  para repetir el proceso.

Pero no me olvido esa carita. esos ojitos como dos chispitas brillantes. las orejas diminutas y ese tamaño que parece que aunque quisiera y se esforzara, no podría activar la trampa porque le falta el peso necesario.  Tengo al ratón encerrado en la habitación con la trampa, pero no puedo negar que cada vez que reviso con un espejo para ver si se activó la trampa, espero que se haya escapado.

Alguien tiene una jaula o trampa humanitaria?

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