Llegando a casa
Jueves, 5 de noviembre de 2009
El aeropuerto me recibe sorprendentemente libre de filas y bastante eficiente. En 10 minutos salí de migración, con mis maletas a la zona de espera. Tuve uno de esos momentos Love Actually, cuando uno se pone a observar a los que llegan de viaje y a quienes los reciben. Las familias, los novios, los amigos con cálidas bienvenidas, y los choferes de hoteles y servicios de transporte o rentacar con sus letreritos para los que vienen en un plan distinto al reencuentro. Recordé la última vez que estuve esperando por transporte: Fue en Bogotá, y a la llegada había un grupo vallenatero esperando a algún viajero. Un montón de gente, me imagino que la familia del que regresaba esperaban cargados de flores y uno tenía un sombrero vueltiao en la mano. Cuando llegó el viajero, vestía traje de ejecutivo y porte de hombre serio, pero apenas arrancó el grupo a tocar y él se dio cuenta que era para él, se echó a llorar. Trataba de esconder las lágrimas mientras se le iba la familia encima con flores, le pusieron el sombrero, y aunque estaban creando una congestión en la salida de los viajeros, creo que todos nos quedamos ahí tranquilos viendo el reencuentro y recordando o imaginando lo que debe ser llegar al lugar que uno siente como el hogar. Creo que no hubo ninguno de los que estábamos ahí viendo que no se haya conmovido.
Una vez vi a mi hermana, fue como si el tiempo no hubiera pasado: las nuevas tecnologías de una manera extraña permiten que uno continúe conversaciones que tuvo por medios digitales en el mundo análogo sin ningún bache. Eso de “y qué contás” se resume básicamente al tiempo transcurrido desde el último chat hasta verse en persona. Llamadas telefónicas a amigos exitosas, otras que no lograron concretarse. Tránsito denso, lento, inmóvil, y la lluvia lo hace más pesado. Mi hermana y sus magistrales atajos que nos hicieron cruzar la ciudad en unos milagrosos 60 minutos. Estar con hambre, buscar algo inmediato que sustituya el desayuno y almuerzo inexistentes de hoy.
Y otras cosas no cambian: llegar al apartamento y que la gata me salude apenas llega el carro con una retahíla de maullidos, como contándome su día. Sentarme a tomar un tecito con mi hermana, la desempacada de maletas y entrega de regalos y traidos. Me muestra los cambios que hay en el apartamento, yo reconozco la cocina, y luego nos conectamos a la red.
Y sigue lloviendo. Y parece que para mañana no parará. Irma viene con fuerza y pienso que menos mal tengo paraguas y varios zapatos para cambiarme, porque la lluvia que se viene es cosa seria. Pero de la mojada me preocuparé mañana. Por ahora apagaré acá y me dormiré abrazada a mi gata.

Medea. Peruano-colombiana bilingüe, costarricense por costumbre.









welcome home. no hay mejor sensación.
Que bueno que salió bien el viaje
Hacías falta! Espero que no te mojes mucho, aunque hoy dijeron en las noticias que mañana no lloverá tanto
Me alegra que la gente vuelva a casa. Mi hermana volvio a casa este fin de semana y supongo que debio haber sentido algo parecido. Sin embargo por esta casa colombiana se le extrañara a la Medea que no estará en los eventos en los que siempre está. Pero volvés por estas tierras? De todas formas que disfrutes por alla. La lluvia es una circunstancia. Habré mejorado desde entonces? Un saludo
que maravilla de post, de esos que los que no estamos en casa queremos escribir