Los Ezequieles de mi vida

Sábado, 24 de octubre de 2009

Si han leído el blog, han leído el libro o están comenzando a ver la serie argentina de Ciega a Citas, sabrán de lo que les hablo.

Entre toda la lista de hombres con los que sale Lucía, hay un personaje que parece estar sacado de mi vida. Ezequiel. En lo que respecta parejas, he tenido una lista larga de novios que son el buen chico. El buena gente. El que no es el más guapo ni el más emocionante ni el más cotizado pero tiene un corazón de oro. Es el viaje en botecito de pedales del parque de diversiones, no la montaña rusa. Ezequiel de Robotech es el prototipo de hombre con el que casi siempre termino de novia. Para quienes no hayan leído el blog, el chico Ezequiel es como el Dr. Salinas de Café con Aroma de Mujer. Un hombre bueno, soltero, sin vicios, destinado a nunca tener a su Gaviota porque ella siempre se irá con el otro. El Ezequiel es por el que apostaríamos aún sabiendo que va a perder ante Sebastián Vallejo. Aunque Sebastián sea un borracho que hace numeritos en la calle, que te ignora unos meses y que después vuelve a buscarte aunque está casado, el Dr. Salinas nunca podrá contra él.

Antes no era tan fan del Ezequiel. Tuve algunos novios con los que terminé o de los que me escapé y a los que boicoteé hasta que me terminaran porque eran “poco emocionantes”. Porque ya no había magia. Porque no bailaban. Porque el sexo era bien, pero escaso y poco inspirado. Porque eran aburridos. Porque las salidas eran siempre a comer. Porque con ellos engordaba cualquier cantidad de kilos. Porque pasabamos muchas noches no haciendo nada frente al tele, viendo Evangelion, películas malas o la serie de moda. Porque con los Ezequieles nunca es un flechazo romántico que te deja enamorada con mariposas en el estómago como en las películas. Es más bien algo lento pero seguro. Que arrancas con fé en un futuro y poco a poco van surgiendo los sentimientos. Hay que competir con los mensajes que constantemente nos mandan los medios, esos que nos tiran las películas con príncipes azules y novelas y la idea de la montaña rusa de las relaciones. Que si nos quedamos con el Ezequiel nos estamos conformando y perdiendo de otras oportunidades.

Tenemos que darnos cuenta que los hombres como con los que soñamos no existen. Así como las mujeres perfectas de ellos tampoco. Siempre tendremos que llegar a un acuerdo, renunciar a algunas cosas a cambio de otras. Que fijo, te aparece el que crees que es el chico de tus sueños porque es guapo y tiene el trabajo con futuro pero resulta ser de los que no se traen nada bueno, que dicen que llaman y te dejan plantada, que no te dejan tomar decisiones, los que se desaparecen unos días sin reportarse para demostrar quién tiene el control, los que tienen otras mujeres y todo mundo sabe y te miran con compasión y eres la última en darte cuenta, los que nunca te presentan en casa, los que nunca te mezclarán con sus amigos. En cambio, si cambias algunas otras nociones superficiales, puedes conseguir un Ezequiel.

Los Ezequieles estarán ahí con sopa de pollo cuando estés enferma, te harán cariño en la cabeza cuando estés tirada en la cama llorando porque te acaban de dar malas noticias. Son los que te acompañan a las fiestas de familia, a los funerales, a hacer trámites aburridos que tardan todo el día. Es justamente con el que te sientas frente a frente, cada quién en su computador, trabajando un viernes o sábado en la noche, mandandose mensajes por messenger y jugando con los pies debajo de la mesa. A veces los modelos de Ezequiel vienen sin chip culinario, pero no importa… los Ezequieles quieren hacer las cosas bien y aprenderán a cocinar. Tal vez no lo más rico e inspirado, pero siempre podrán sorprenderte con unos pancakes, una sopita, o unos sanduchitos que no tendrás que levantarte a preparar. Nunca te celarán, no te controlarán ni se sentirán intimidados porque tengas tu propia vida aparte de la relación.

Hay momentos de duda. De querer tener un Rhett Butler en la vida, que te sorprendan de alguna manera para sacarte de la rutina. Pero recapacitemos: en una relación hay que hacer las cosas de a dos, no es todo problema de ellos. Que si quiero hacer algo más que comer y ver películas, es cuestión de decirlo y organizarlo. Ellos son llevaderos y se apuntan a cualquier plan. Es cierto, no bailan, pero nunca te van a hacer un numerito de celos porque bailes con cualquier otro, o te metas en grupos de baile o salgas con tus amigos a bailar. Que de ellos no es la culpa que en vez de salir uno se quede todo el día en la cama sin hacer nada: uno puede hacer planes de picnic, o de ir a la montaña, de ir a caminar.
Eso sí. Muchas veces ellos dirán que no. Te tocará ir a hacer todo eso sola. Pero cuando regreses a casa empapada después de la caminata porque les agarró un aguacero, allá estarán con un chocolate caliente y una toalla esperándote.

No siempre es fácil. Decidir quedarse con un Ezequiel es una inversión a largo plazo. Pero a la larga, quienes terminamos con los Ezequieles tampoco somos las Claudia Schiffer de ellos. Ellos también tuvieron que dejar de lado sus fantasías de relaciones ideales. Nosotras nunca seremos tan otakus como ellos. No sugeriremos por voluntad propia ver una nueva serie de anime. No somos un par de gemelas japonesas. No cocinamos tan rico como podríamos. No seremos tan esculturales y atractivas. Ellos también apuestan por uno, por la relación, por lo que está tangible. Y se meten de lleno.

Entonces brindo por los Ezequieles y las Ezequielas. Los que le apostamos a la quieta felicidad en conjunto. Los que aceptamos que aunque nos dicen que el pasto es más verde en otros campos, sabemos que el de nuestra finca es el más saludable. Y también brindo por el Ezequiel específico de Ciega a Citas, que cuando se dio cuenta que lo tenían como un peor-es-nada, tomó las cartas en el asunto y cortó con la relación. Porque lo valemos.

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