Elevación
Martes, 18 de Agosto de 2009
No me acordaba de la creciente sensación de triunfo que acompaña el sencillo hecho de tener un pedazo de plástico amarrado a un hilo, y sentir que el viento te lo arrebata de las manos y lo lleva al cielo, tan alto que sientes que aún si tuvieras todo el hilo del mundo, podría seguir elevándose, sostenido ahí, inmóvil en el cielo.
Quedé encantada. Yo sé que hay magia en ciertos actos, cuando nos aproximamos a eventos que retan nuestra capacidad de creer en lo imposible. Cuando uno pone una semilla en la tierra y emergen plantas que crecen poco a poco, hasta que te das cuenta que es imposible que todo eso haya estado contenido en ese puntito llamado semilla. El hechizo también es tangible cuando uno hace fuego sin usar fósforos, y te das cuenta que de el choque de dos rocas o el roce de palitos o el brillo del sol a través de un vidrio tienen en su interior una chispa, una llama, la energía para incendiar todo un bosque, o cocinar tu cena. Y creo que vicariamente, cuando uno se acerca a la experiencia de volar.
Entendí perfectamente por qué Leonardo daVinci se obsesionó con el vuelo. Porque con la cometa en la mano sientes que el viento y el cielo te llaman. Te jalan y te piden acompañarlos, y uno quisiera hacer ese momento, en el que la cometa es la extensión de tu brazo, eterno.
Pero se disfruta justamente por lo fugaz. Porque el viento que mantiene la cometa en el aire repentinamente puede cambiar de dirección o detenerse. De pronto, deja de soplar: entonces comienza a caer la cometa, y uno recoge el hilo lo más rápido que puede, esperando que tal vez con un poco más de tensión la cometa se anime a seguirse elevando. La cometa se rebela, y de pronto arranca nuevamente hasta el infinito y el hilo se desliza fulgurante y se lleva la piel de los dedos y manos, castigándonos por limitar su libertad. Sigue el estira y afloje, el entregar un poco de hilo y recoger otro tanto, manteniendo el balance entre la cometa y el aire. La cometa también es envidiosa, no resiste ver otra que esté más alta y más lejana porque entonces gira errática alrededor del hilo de su contrincante, enredándola y haciéndola más pesada, trayéndola abajo consigo.
Lástima que lloviera temprano, y que se nos hiciera corta la tarde de volar cometas. Creo que mi cometa se resintió, porque la mía se suicidó en el regreso a casa, partiendo sus dos columnas de balso en un momento no determinado. Un final poco poético para un plástico que lo que quería era volar.

Medea. Peruano-colombiana bilingüe, costarricense por costumbre.
















El lunes pasado en el parque mi niño me pidió una cometa. Yo nunca en la vida he volado una… asi que el proximo fin de semana seguramente te entenderé mejor.
Saludos.