¿Por el derecho a no decir nada?

Martes, 14 de julio de 2009

Yo no me había hecho una opinión antes de ir. Porque si bien defiendo la idea de escribir de lo que uno quiera, nunca he sentido que sea algo que se deba defender, puesto que no he sentido que esté bajo ataque. Hasta pensé que tendría mucho en común con el panel de Campus Party  El blog antes del blogger.

Blogueo también desde antes de que saliera blogger al panorama: desde q arranqué con mi diario en OpenDiary.com  (por allá en 1999) me ha gustado esto de desahogarme y contar cosas a través de la web para un público de extraños que luego d un tiempo dejan de serlo.  Tampoco tengo un blog con “tema”. Escribo de lo que se me ocurre, de las cosas que me van interesando y hasta he perdido la disciplina de escribir periódicamente.  De hecho, partiendo de la tésis que exponen, yo estoy absolutamente de acuerdo con que no hay una obligación social impuesta a escribir sobre algún tema específico.

Un blog es una herramienta que aguanta todo lo que se le escriba.  Desde su inicio ha sido un cuaderno de apuntes: un web-log, que a punta de código y html uno subía las ideas y enlaces, creando páginas nuevas y a mano agregando los links desde la página principal.  Pero lo que no comprendo es lo que percibí como una actitud a la defensiva: como si alguien en algún momento estuviera obligando a las futuras generaciones escribir sobre x o y temas. Y que X o Y temas fueran políticos o algo así. Yo puedo decidir escribir sobre “tonterías”. Y ese es mi ethos. De eso me amarro y cumplo con ese compromiso con el lector. Puedo escribir sobre mi vida, y entonces escribo de cosas personales… ese es el acuerdo. Puedo escribir sobre la problemática del agua en Medellín, o sobre modas en la calle.  O puedo pegar enlaces a cosas que me gustan. O escribir poemas. O usar un tumbler y nada más reseñar imágenes que me gustan.  Quiera o no, hay  un discurso.  El no hablar de un tema denota algún tipo de posición al respecto: la de no querer hablar de ello.  El silencio está cargado de significado. Un blog escrito por chicos de un barrio violento, que nunca menciona la violencia sino que es todo sobre el reggaetón dice mucho sobre la situación que se vive, y cómo se enfrentan a ella. Y hay una responsabilidad tácita: la de responder por lo que uno deja escrito y de las consecuencias de lo que diga o calle. Hay una obligación personal de algún tipo. Una misión. Por más aparentemente insignificante que pueda ser.

Creo que no es posible escribir sobre “nada” y sin ninguna agenda. Creo que el que sea que abre un blog TIENE algún tipo de discurso.  Así sea la decisión de ir en contra de todo lo preestablecido: eso ya en sí es un discurso y una corriente. Y si bien no es un contrato con la sociedad, de cierta manera es un contrato con uno mismo.  El que no lo haga, pues escribe un primer post y se aleja del blog. Pero siempre hay un propósito: sea personal o sea público.  Y que quiéralo o no, cualquier cosa que usted escriba tiene el potencial de cambiarle la vida a alguien. Y que a la larga, escribir acerca de recuerdos, memorias, poemas, cocina, manualidades, niños, política, problemática social, tecnología, gadgets, innovación, chistes, humor: también responde a algo muy personal, a un deseo de compartir lo que les gusta o no, lo que saben, sienten o piensan.

Lo que es importante para una persona puede no serlo para otra. Mis blogs favoritos tratan sobre diversos temas, de todo un poco. Sobre videos y cosas graciosas, sobre técnicas para hacer objetos curiosos como calamares gigantes de fieltro, sobre la vida de la gente que es cercana a mi. Para muchos, estos blogs no tratan de nada, pero para mi me han cambiado la vida: me alegran los días, me han hecho reir, me han enseñado a hacer cosas lindas que después se convierten en parte de mi, a hacer alquimia en la cocina con pocos ingredientes y mucha imaginación. También han sido puentes hacia el corazón de otros, ventanas hacia nueva música que alegra mis días y noches y gracias a algunos blogs (y las personas detrás de ellos) viví de los más intensos momentos de mi vida.

También leo blogs que tienen un tema y pretenden cambiar al mundo. Carajo, escribo para uno de ellos.  Y me gusta la producción masiva que tienen gracias a que hay muchos trabajando (pago o voluntario) para llenarlos de contenido. Y me gusta también que pretenden poner su granito de arena. Que escriben para un público que quiere conocer de cosas nuevas para ellos. Que escriben para alguien, y que ese alguien parece gustar de muchas de las cosas que me gustan a mi.

Pero eso no me lleva a mi a menospreciar a los que pretenden hacer otra cosa con sus blogs que no me anime a mi. Ya sea promover una empresa, una iniciativa, una persona o ideología… esos blogs también valen la pena, y tienen un valor para muchos otros aunque yo no se los vea. Por eso son populares, por eso tienen visitas, por eso tienen lectores y una comunidad y la gente quiere imitarlos y eventualmente puede que consiguen algún tipo de patrocinio. Y el que alguien quiera lucrarse de lo que escribe o encuentra en la red tampoco es algo para despreciar. Mucho menos si lo logran.

Me recuerda al tonto debate de los de la élite teatral: la defensa del teatro “culto” vs. el teatro al que la gente va.  Eso que del teatro se sufre, y uno tiene que trabajar con las uñas, por amor al arte. El de menospreciar al actor que trabaja en una sexycomedia porque a la larga le gusta hacer reir a la gente por un rato, aunque sea con el chiste fácil. A la sensación de superioridad por poder cancelar función si no llega nadie: de por si, el estado o el teatro paga, porque se está haciendo algo que “educa” al pueblo (aunque el pueblo no vaya porque no entienden ni un carajo). A la larga el que actúa en la comedia de situaciones y sale en paños menores trabaja a teatro lleno por más de mil funciones. Logra vivir de las tablas. Mientras que el que se dedica a las obras cultas le toca buscar camello en otra parte porque la temporada termina en una fecha establecida: guste o no la obra.

¿Es posible defender una manera correcta de hacer algo sin despreciar una manera distinta de hacerla? No sé.  Tal vez no, porque no me sale este post sin sentir que escribo “en contra” de lo que propusieron en el panel. Y no es en contra del tema, sino de la manera como se enfocó. En un debate de nosotros vs ellos. Cuando en realidad la división la creamos nosotros mismos.

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