New York, New York
Martes, 23 de junio de 2009
La primera vez que fui a Nueva York fue por tierra con mi hermano: íbamos con una misión. Comer, caminar, conocer y ver teatro. De hecho, la obra que eligió me generó sospechas porque era de muñequitos. Muñequitos que cantan y bailan. Fue un fin de semana perfecto: me encantó la ciudad, la gente, hasta la obra de muñequitos resultó una maravilla que ha pasado a la historia de internet (Avenue Q). Pero mi hermano reventó mi burbujita de felicidad cuando me hizo caer en cuenta que era el fin de semana del 4 de julio, por lo que los neoyorkinos estarían todos en sus casas de playa y verano, escapándose de la ciudad para las festividades. Fue una ciudad sin estrés.
No sabía qué esperar de la ciudad, excepto que iría sin una red de seguridad, a confiar en que todo saldría bien. Y así fue. Me quedé en la casa de la coordinadora de voluntarios en Brooklyn, y por 3 días sentí que era parte de la ciudad (esa parte que anda por ahí sin celular, eso sí). Caminaba al metro, me subía en el tren, hacía como chorroscientos mil transbordos, llegaba a NYU, pasaba en la conferencia y regresaba a casa. Sólo que el recorrido de la mañana lo hice con otros inquilinos de la casa hacia el metro, y durante la conferencia el primer día a la hora del almuerzo me encontré con mi amiga de la conferencia sobre el SIDA en México. Pasamos conversando disfrutando la conferencia, salimos a cenar a un restaurante peruano y fuimos a la fiesta de inauguración del evento en una discoteca donde tomamos y bailamos y pasamos bien. Después por helado pinkberry (había escuchado de él y quería saber qué era la cosa) y conversación en un parque y a la casa.
El día siguiente me encontré nuevamente con ella, pero también con una chica con la que llevé un par de cursos en la U el primer año. En la noche me encontré con una twitera española a quien había conocido en Hungría y con otras twiteras españolas y salimos a disfrutar la noche, primero en un bar belga (en el que sólo venden cerveza y papas fritas) y después a un lugar mexicano donde nos cobraron una fortuna por las margaritas más malucas del mundo y listo.
El último día lo pasé sola, salí a recorrer las calles de Greenwich Village y tropecé con el restaurante que me habían recontra recomendado la noche anterior. Después de comer la mejor hamburguesa que he probado en mi vida, regresé a la conferencia a ver Sita Sings the Blues, maravillosa película, y de ahí en carrera a agarrar el bus que me traería a Washington DC.
Tengo un impulso cuando viajo, de imaginarme en el lugar que estoy de visita. Me gustaría vivir en Nueva York. Me puedo imaginar en el día a día, alquilando una habitación, comiendo comida callejera, cocinando en casa, conociendo las calles como propias. Pero quién sabe: es lo mismo que he pensado de Washington DC por años. Así que si alguien conoce alguna oportunidad laboral para alguien como yo en Washington DC o Nueva York, me avisan!

Medea. Peruano-colombiana bilingüe, costarricense por costumbre.









si tiene su encanto, yo volvería feliz y me encantaría trabajar allá en “la gran manzana” ojalá en manhattan…
Nueva York y Washington, DC? No podiras haber escogido dos ciudades en EEUU mas distintas entre si para enamorarte!
Ola! Sou do Brasil participei da Campus Party 2009 e gostaria de manter contato.
Gracias!
Ana Frank