Bajo Presión

Domingo, 3 de Mayo de 2009

¿Por qué ya no escribo tanto como antes? ¿Será culpa de twitter, o será la evolución natural del blog? Talvez en esa época necesitaba escribir creativamente como un escape de las labores típicas del trabajo, y ahora mis labores típicas del trabajo son escribir.

En los primeros días del blog, me sentaba a escribir todos los días.  Era parte de mi rutina en la oficina, había un momento en el día en el que le robaba tiempo a mis labores y me dedicaba a desahogarme. Era más importante el ejercicio de poner mis dedos en las teclas y dejar volar mi imaginación que el de escribir algo interesante. Escribía de lo que fuera. De mi viaje en bus, de la gente, de la oficina, de las rutinas, del desayuno… cuando no tenía de qué escribir me lo inventaba. Fueron buenas épocas aquellas, de disciplina y rutina blogeril.

Tal vez es como el geniecillo del que escribió BlackBetty hace un par de días sobre las ideas: a mí me están llegando en momentos cuando no puedo poner las manos sobre el computador, y se me van de la mente con la misma velocidad con la que llegaron.

Otra opción es que los sujetos de quienes hablaría… leen mi blog. Mis amigos casi todos se mueven en el ambiente digital, entonces lo que escribe pasa el filtro de “Qué pensarían si lo leyeran”. Ya casi no publico posts emos, ni pseudo-depresivos ni de esos en los que vilipendio a media humanidad.

Pero probablemente tiene que ver con otra cosa: Ahora, cuando no tengo algo para escribir, no lo hago. Pero más serio aún es que tampoco saco el tiempo en el día para sentarme y pensar que tal vez sí tengo mucho para escribir, sólo que hay que darle forma en mi cabeza. Ya gasté mis puntos de gracia con lo de escribir lo que a uno le nace, y ahora me toca sentarme a escribir tal vez por disciplina, cuando no me nace, las ideas no fluyen. Como hoy, que les contaré algo un poco cotidiano.

Acabo de terminar una semana de no ir al supermercado. Eso no sería extraño, excepto porque desde hace una semana y media estaba con que ya no había NADA en la casa para comer y que ya tocaba ir al super. El lunes pasado descongelé y limpié la nevera y saqué los tarros misteriosos. Limpié también los estantes donde guardo la comida y me encontré con que tengo la costumbre de comprar cosas que después no me acuerdo que he comprado. Así que hice cuentas y con lo que quedaba en la nevera, tendría suficiente para comer durante la semana. Que hasta que no terminara todo lo que hubiera, no compraría cosas.  Claro, ya no tenía helado, ni cereal, ni masa para brownies, ya no tenía té negro ni jugos. El queso tambíen se había terminado, no tenía galletas ni mecato de ningún tipo. Necesitaba maíz dulce y frijolitos molidos. Pero había estado pensando tanto en lo que no había, que me olvidé de considerar lo que sí había.

En mi casa se iba al mercado cuando se necesitaba ir. No hacía falta esperar a fin de mes, no experimentaba lo que decía una amiga, que al final de mes era que comían todos los granos secos porque se habían terminado ya la carne del mes. No. Pero eso de ir al súper cada q se antoja, es terrible para la economía. Termina uno comprando cosas que ya tiene, y olvidando lo que iba originalmente a conseguir.  Y voy a tratar de romper ese mal hábito.

Y tal vez es poca cosa. Pero me sentí orgullosa.

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