Primiparadas

Lunes, 26 de enero de 2009

Murió un pariente de unos primos, y una tía manda a avisar que hay un sillón de 3 puestos sin cojines y una silla que necesitan hogar, junto con un escritorio y un tocador.  Ni corta ni perezosa di el sí,  lo apunté en mi agenda y contraté un camión para el acarreo: después de todo, un sillón no entra en un taxi.

Cuando llegué al lugar, fui directo al sofá: entonces entre dos personas procedimos a sacarlo de la habitación. Giramos para acá: no pasaba. Giramos para allá: tampoco pasaba. Lo inclinamos a la derecha, a la izquierda y no había manera. Nos sentamos a pensar… si el sillón había entrado, tendría que poder salir.  Tratamos con la silla, de similar construcción. Tampoco hubo como.  Miré la ventana, pero también era estrecha. Pensamos en quitar la puerta, pero entonces la pasada por otras puertas sería igual de problemática.  La única conclusión posible era que el mueble había entrado en partes, y en partes tendríamos que sacarlo.

No había llevado destornillador, porque no se me ocurrió que el sillón habría q desarmarlo, que no pasaría por la puerta y porque ni contemplé la posibilidad de que me hiciera falta. Preguntamos a la señora que estaba en la casa y nada, creía que ya se habían llevado todas las herramientas. Entonces en una mesita, debajo de una revista los ví: dos destornilladores chiquitos amarillos. Entonces regresé a la habitación a zafar las piezas. Me detuve a analizar la estructura y construcción y quedé intrigada: sólo había un par de tornillos, los demás eran unos huequitos que parecían tener unos chazos de madera ahí anclados.  Quité los tornillos que vi, pero tampoco se logró que se moviera el mueble para ningún lado.  Entonces me dio por escarbar uno de los chazos y me di cuenta que debajo de una gruesa capa de mugre y polvo, había enterrado un tornillo.

Los tornillos eran grandes, y de los dos destornilladores enanos que teníamos, sólo uno funcionaba, el otro había quedado redondeado me imagino que tras de uso y abuso por años.  Además de estar oxidados, tenían toda la pinta de haber sido atornillados únicamente para su armado en la habitación, y nunca después. Entonces recordé una vieja lección: la coca cola se come el óxido y safa tornillos pegados. El flaco tenía una cocacola trasnochada que había guardado hacía un par de días en su maletín, se la pedí y procedí a bañar los tornillos con coca-cola. Minutos después de ver el líquido burbujear, probé y los tornillos se deslizaron suavemente de la madera. Una maravilla. A medio proceso, llama mi tía y resulta que lo único que nos vamos a llevar es el sofá y la silla, que ni el tocador ni el escritorio.  Cuando llega el camión, lo que tenemos es una serie de tablitas que fácilmente hubieramos podido llevar en un taxi, pero el servicio ya está pago, así que ni modo. Montamos las 3 tablas, y nos vamos.

Moraleja:

1. ir a ver los muebles antes de contratar cualquier servicio. Así podrás saber si necesitas un camión o no.

2. asegurarse de qué es lo que uno se va a llevar: pedir un camión para 4 cosas y sólo tener que transportar 1 es un gasto innecesario.

3. Ir preparado con destornilladores y otras herramientas.

4. Llevar  coca-cola.  Aunque después de ver cómo se come el óxido, es probable que ya no se les antoje para quitarse la sed.

Próximo paso: limpieza y hacerle cojines al sillón. Que emoción!

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