expectativas

Martes, 26 de agosto de 2008

Ya son 27 años de experiencia, debería tener una mejor noción de cuál porcentaje de mis planes a futuro se vuelven realidad. Y planear de acorde, o más bien, dejar de planear.

Viviendo bajo la tutela paterna, en mi mente bailaban imágenes de cómo serían las cosas cuando otra vez estuviera viviendo sola. Me veía activa y deportista, saliendo a las 6am con el frío de la madrugada a calentar suela contra pavimento y pegarme las trotadas en la mañana. Después de todo, correr es gratis. Lo hice UNA SOLA VEZ. Después decidí que ya q correr no era lo mío, me matricularía en el gimnasio de la vuelta y santo remedio. Este es el momento en que todas las mañanas encuentro la excusa perfecta: que está lloviendo a cántaros y no tengo sombrilla. Que tengo migraña, que me vino el periodo, que tengo clases, que tengo cita donde el médico, que tengo pereza y mucho sueño y mejor me acurruco bajo el cobertor de plumas y sigo durmiendo.

También se desplegaron nubecitas sobre mi cabeza donde me veía como la diosa doméstica. Repisas pintaditas y adorables con mis latas de saltinas todas esmaltadas del mismo color con etiquetas retro que dijeran “granos” “arroz” “café” “azúcar”, etc. De repisa tengo la parte de arriba de la nevera y mis etiquetas retro consisten en pedazos de masking tape pintado con sharpie. Soñé con una mesita con mantel amarillo brillante y colorido donde serviría cenas para uno: que mis burritos de queso gouda, eneldo y pepino, que pasta con salsa pesto, que desayunito completo de arepa, quesito, huevo y chocolate. No tengo mesa de comedor todavía, el mantel anda guardado en el fondo de una maleta. Los chococrispis se han vuelto mi dieta Special K. Ni mencionar las noches sociales con sushi hecho en casa, o los asaditos en la terraza, siguen en proyecto. Todavía tengo 3 cuadros en blanco esperando que me llegue inspiración para pintarlos.

Tengo razones y excusas múltiples: llevo poco tiempo viviendo acá y he estado fuera la mayoría del tiempo. Todavía estoy tratando de establecerme con lo básico: sillas, mesas, nevera, cama. Que todo a su tiempo. El problema no es que estas cosas no se hagan, es que me haga la ilusión que sí lo voy a lograr, todo a la vez. Porque estos sueños son en grande.

Entonces decido conformarme con mini éxitos. Como sacar el taladro y poner el tubo para la cortina. Como cortar unas piezas de metal para hacer finalmente una banca. Como coser un par de puffs multicolores, como comprar un par de modestas sillas. Paso a paso. Sin perder la esperanza de que algún día, completaré mi lista de cosas “por hacer”.

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