Vecinos

Domingo, 27 de julio de 2008

Una de las cosas que le hizo falta a Friends eran los vecinos bulliciosos y molestos, no como una aparición cada veintitantos capítulos sino como casi que un personaje más.

En el apartamento que está abajo del mío vive una familia de esas que hacen que los apartamentos o proyectos habitacionales sean tan sui generis como lo son. Una señora, una hija de 15 con su hijo de 2 o 3 años y una niña de 12. Su lengua materna son los gritos. Gritan desde que se despiertan hasta que se acuestan. El niño acompaña los gritos con los suyos propios y copiosas dosis de llanto. Llora porque lo van a bañar. Llora porque lo despertaron. Llora porque no lo dejan salir a la calle. Llora porque sí, llora porque no le dan chocolates, llora porque no. Y es ese llorar manipulador de niño que sabe que haciendo berrinche logra lo que quiere, que llorando es la manera que le prestan atención. Cuando no le funciona el llorar, tira cosas. Ese niño representa todas y cada una de las razones por las que NO tendría hijos. Por miedo a que salgan como él, el anticonceptivo perfecto. Sobra decir que he estado tentada a seguir las tendencias de la original Medea, pero me contengo por cierta injusticia que existe: la culpa al fin y al cabo no es del niño, sino de la terrible crianza a la que está sometido.

Pueden ser las 12 de la noche y el niño anda despierto por ahí, gritando y llorando como si fueran las 3. Al día siguiente lo despiertan temprano y cómo no va a gritar? La mamá le grita porque le cambia el canal del televisor, porque le habla cuando ella está en el messenger chatteando, esto obviamente de noche, cuando yo lo menos que quiero es tener un niño haciendo berrinche a todo volumen. Lo que no entiendo es porqué no usan el sentido común. Si el niño estuviera dormido a las 9pm (como mucho), tendría unas 3 horas de estar tranquila y sin niño llorón. Y yo podría dormir. Y el niño podría dormir. Y tal vez no estaría de mal genio todo el día. Y tal vez dejaría de gritar.

No quiero ser el “mal vecino” que paga con la misma moneda, moviendo muebles de madrugada, escuchando metal a todo timbal y andando en tacones por los pisos de madera a las 5 que me despierto para ir a trabajar. Nada más me gustaría saber qué es lo que se podría hacer para terminar con esta tortura.

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