Celebraciones

Martes, 22 de abril de 2008

No me acuerdo cómo fue mi fiesta de 18. Dudo siquiera que lo haya celebrado con salida a algún lado a estrenar cédula y mayoría de edad. Y así ha sido desde entonces. En general los bares me aburren a muerte. La única razón que encontraba para ir era para socializar, o escuchar música que no tenía en mi casa, pero usualmente prefería ir a tomar a la casa de alguien, y hacer básicamente lo mismo, pero sin chupar humo ajeno y pagando precios razonables por el trago.


Este año cuando sabían que mi cumpleaños caía en sábado, todos preguntaron: ¿y qué, donde va a ser la fiesta? Es como un estándar. La foto sentado en el escritorio del colegio el primer día de clases con lápiz en mano. Como tener una fiesta de 15 años en salón de fiesta y con vestido de gala con 158 invitados que cualquier otro día en el colegio no te dirigen la palabra. Como comprar un montón de cerveza que no vas a ser capaz de tomartelala toda solo porque comienza la ley seca y podrías necesitarla.
Como la despedida de soltera con bailarín exótico que te pone las bolas en la cara mientras te mueres del asco. Cosas que se supone que la gente hace para ciertos momentos hito de la vida. De las anteriores, la única que practiqué fue la de la carrera contra los policías antes de la medianoche del miércoles de semana santa. Lo único que quedaba eran 3 cajas con 24 latas cada una de rock-ice, y mi novio del momento metió todas en el carro. Ninguno de los dos tomaba rock-ice.

Así que este año decidí que sí iba a celebrar el cumpleaños, pero a mi manera. No en un bar de noche, sino con un paseo al aire libre en domingo, a compartir y conversar sin quedar afónico por el volumen de la música.

El parque ecológico El Salado será para mi paradero de domingos de desparche. Con un par de tiquetes integrados te dejan en la puerta. Entonces hay río y ranchitos para las comidas y restaurantes y manguita para tirarse y ver pasar la tarde. Como no conocía el lugar, y no sabía que esperar, llevamos comida para hacer sánduches y comer frutas y picar tortillitas con guacamole… resulta que allá hay lugares donde comer y los precios son hasta buenos.

Pasamos la tarde un tiempo al sol, y otro bajo un techito: y menos mal. Se desató un aguacero impresionante a la mitad de nuestro partido de poker y tuvimos que interrumpir la mesa de juego debido a las goteras. Se conversó bueno, nos reímos bastante, comimos hasta quedar un poco más que satisfechos… ¿cómo no tener más cumpleaños así?

Lo único que me dio DEMASIADA rabia del lugar fue que cobran el baño. 500 pesos por ir a mear, y eso después que pagaste 3000 para entrar al parque. Obviamente la gente no va a pagar para ir a orinar, así que yo no les recomendaría disfrutar tanto en los charquitos de agua. EW. Si me hubiera tocado ir al baño mientras estuve allá, mi ira hubiera hecho gala de mi nombre.

Lo único que me quedó faltando del cumpleaños fue la torta con velita y pedir el deseo. Sencillamente no hubo momento, pero por ahí me contaron que no hay fecha de expiración para eso, que es cuestión de hacer el ritual y listo. Así que lo haré. Porque yo escogeré mis rituales bobos, así me resista de por vida a hacer el baile del billete en cualquier boda.

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