Ruta del Oriente: El Peñol

Domingo, 20 de enero de 2008

La Piedra del Peñol en realidad es un Peñón que está en Guatapé, al lado de un gigantesco embalse lleno de archipiélagos que hace no tantos años solían ser las cimas de montañas. Entonces tal vez así se ve más impresionante el asunto, ya que la piedra estaba posada en la cima de una de estas montañas.
The rock

En el costado está escrito el inicio de la palabra “Guatapé”. Verán que no llegaron muy lejos antes de que se les encresparan por dañar la piedra con un mamarracho así.

Obviamente la subimos. Hay que pagar, y creo que es el mejor negocio de la zona. Cobran por que la gente suba y llegue a la cima y tenga sed.. y allá les compre gaseosa, agua, cerveza y les tomen fotos instantáneas. Además de los souvenirs. Camisetas con la piedra, ruanas con la piedra, piedras con la piedra pintada. La última vez que subí fue cuando tenía 5 o 6 años. Recuerdo que no pudimos observar nada desde arriba porque mi mamá no permitió que nos alejáramos del centro, y nos obligó a mantenernos sentadas. Tanta subida para nada, aunque creo que sí nos compraron un helado. Hmmm. Helado.

The rock, the steps and the tourist trap on top

La subida no es difícil. Es una serie de escaleras que están construidas en ladrillo y cemento. Se ven los restos de lo que eran las escaleras de madera, que mi mente infantil recuerda haber subido. No encuentro un dato de cuándo se construyeron las de cemento, así que dejaré la posible falacia de que a los 5 años yo escalé la piedra en escaleras de madera. Suena precozmente intrépido. Uno va subiendo, y hay zonas muy, pero muy angostas, y las paredes de piedra están cubiertas de musgo y lama, es increíblemente húmedo. En algunas partes se ven los lugares donde antes estaban clavadas las maderas, unos huecos redondos sobre la piedra, y me impresiona el temple de acero que debieron haber tenido los 3 que subieron la piedra por primera vez en 1954. Dice la leyenda que tardaron 5 días en llegar a la cima, no dicen cuánto tardaron para bajar. Porque cuando uno sube, uno mira para el piso, y hacia la roca. Pero durante la bajada, hay unos tramos largos donde ves escaleras y después el vacío. Iba con los nudillos blancos. De agarrarme a las barandas. Entonces nos topamos con el chico que nos vendió los mangos. Venía subiendo con una caja de cervezas a la espalda. Le preguntamos que cuántas veces subía cosas al día. Respondió que “por ahí unas diez”. Subidas y bajadas. Debe tener el mejor cuerpo de la zona.

Yo, obviamente, no estoy nada acostumbrada. Hace meses dejé mi costumbre de subir y bajar de mi apartamento por las escaleras en vez de usar el ascensor. Así que mis rodillas y pantorrillas se siguen lamentando. Pero vale la pena la subida, y si lo volviera a hacer, pensaría en la opción de bajar haciendo rappell. La vista es impresionante. Allá arriba aproveché para tomar una que otra foto y un clásico video de la cima. Y comer mango con limón y sal. Siempre hay tiempo para mango con limón y sal.

Las fotos de la piedra y el resto del viaje por el oriente están en flickr. Acá les dejo un video.


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