Blue screen of death cerebral.

Lunes, 12 de noviembre de 2007

El sábado en la tarde descubrí que tengo más paciencia de la que creía. Pasé toda la tarde cuidando a mi abuela en el hospital sin ningún tipo de distracción. Mi abuela no tiene buena conversación, nada de eso de “abuelita dime tu”. No cuenta historias del pasado, no tiene hobbies en el presente y tampoco ve televisión como para hablar de la novela. No le gusta leer, no había tele ni radio en el cuarto, no hace manualidades. Tampoco duerme durante el día. Así que estuvimos mirándonos las caras, haciendo “smalltalk” y tratando que las horas pasaran más rápido. Toda. una. tarde. Menos mal que a eso de las 5:30 presenciamos una telenovela de la vida real desarrollarse en la cama de al lado, completa con recapitulación posterior gracias a la implicada. Brujería, maridos sicóticos, lupus, aneurismas, secuestro de un celular y desapariciones todo mezclado en una historia apenas para leer en “mujer, casos de la vida real”.

Esa misma noche me enfermé yo (algún virus o algo así habré agarrado allá) y fue como cuando el computador un día decide que no quiere trabajar más y le da pantallazo azul y hay que rebootearlo en formato seguro y tratar de reconstruir lo que sucedió, haciendo defragmentación del disco y ver si eso ayuda. Así estoy yo, en un estado vegetativo medio inconsciente: dormir, dormir, ver tele, tejer un poco. Parte de mi plan de salud es alejarme de las fuentes de tensión y por eso decidí darle descanso al computador durante el fin de semana. Mucho trabajo por hacer, y cada minuto que paso frente a la pantalla algún nuevo problema o tarea por hacer resulta. Necesito recuperar energías y subir mis defensas, así que trabajar en artículos, edición de videos y subir fotos a la red no ha sido prioridad.

Me di festivo. Así que me he pasado la mañana viendo mi nuevo canal favorito de cable (Utilísima), tejiendo mi 2da media y tomando té con limón.

Yo lo llamo vacaciones.

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