Adaptación

Domingo, 29 de julio de 2007

Tener pareja a mi siempre me ha cambiado… de pronto cosas que no me interesaban se vuelven atractivas y comienzo a sumarle música, intereses y actividades nuevas al repertorio de “cosas para hacer un sábado en la noche”.

Cuando voy a donde el flaco usualmente seguimos sus pautas: comemos arepa con algo, jugamos Frets of Fire, vemos series de anime, jugamos emulador de NES, o lo veo jugar Wow, siempre y cuando no se esté dedicando a pescar que para mi tiene el equivalente de entretenimiento de ver pintura secar. Debido al tamaño de nuestras casas, usualmente voy a la de él. En mi casa no hay manera de no tropezar encima de los otros habitantes (pa y ma), entonces me siento mal cuando por respeto tienden a encerrarse en su cuarto para darme “espacio” o cuando deciden brindarle atención a mis amigos y casi que les hacen responder un cuestionario con preguntas que van desde “¿que planes tienes para los próximos 5 años?” a “¿cuál es tu posición frente a las políticas de despeje de Uribe?”. La otra situación incómoda para mi es que tienen la tendencia de asomarse y fijarse en la película que uno está viendo para ver si se quedan a verla, y lo calculan perfectamente para entrar justamente es la única escena de desnudos de la película de acción o resulta que es algo como “La Pianista” y me pongo de todos los colores sintiendo que les debo alguna explicación por mis elecciones cinematográficas. Así que por respeto a todos los involucrados, usualmente me evito úlceras y no traigo invitados a casa.

Hoy fue la excepción: cuando iba a salir a una reunión en la mañana, mi mamá me enfrentó con el temible “Usted tiene la casa de hotel” y decidí que tal vez es estrés por no saber en qué y con quién empleo el tiempo libre. Después de todo ayer me hizo por teléfono la escenita de : así que va “a ver películas” con un “amigo”… acaso es un “amigo con derecho”?

Así que “mi amigo” el flaco vino para acá con el plan de hacer cupcakes para estrenar el kit que me regaló mi cuñada y mientras se hacían, ver el par de películas que alquilamos ayer y no les encontramos donde traían subtítulos: La Vida de los otros en Alemán y La maldición de la flor dorada en chino.

No contaba con que las películas se quedaran sobre la mesa de su casa, donde las habíamos dejado frustrados antes de subir a bajar los codecs y entretenernos con SuperMario 3… él se trajo la caja vacía. Ya era tarde, así que decidimos que en vez de quequitos, estrenaríamos la “previously loved” wafflera. Mis papás estaban sentados en la mesa del comedor jugando scrabble, nosotros nos refugiamos en la cocina con la puerta abierta. El plan B resultó ser las cosas que me gustan a mi: waffles con almíbar de fresas frescas, chocolate caliente, después programas de cocina en la tele y tejido. Entre los programas de cocina, decidí que estar en un sofá con espacio para que pase el espíritu santo entre nosotros era perfecto para avanzar con mi media tejida. Así que fui a buscar mis materiales y me fijé en el otro proyecto que tengo pendiente: una bufanda de Gryffindor tejida circularmente. Confiada en el trabajo adelantado anteriormente enseñándole los “algoritmos” y “fórmulas” para tejer, regresé a la sala, le puse la bufanda en las manos y pasamos el resto de la noche tejiendo.

¿Lo más lindo? Al final me dice con las manos llenas de bufanda: “hey, la próxima vez que salgamos me llevas esto para seguir haciéndolo”. Houston, tenemos un nuevo fan del tejido.

Creo que la noche fue provechosa para nosotros y confusa para mis papas… por sus caras creo que no saben cómo clasificar al chico flaco y alto que cocinó postres y tejió feliz con la hija mientras veían No te lo Pongas, programas de cocina y torneos de poquer por TV.

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