en el Tesoro

Domingo, 29 de abril de 2007

A veces me asusto de lo influenciable que soy cuando no estoy preparada para ataques al subconsciente. Hoy me pasó en El Tesoro.

Odio que gasten millones para contratar expertos que asesoren a los diseñadores en cómo construir y decorar justo de la manera precisa para hacerme sentir que tengo que comprar y comprar, y si no lo hago soy insuficiente, insignificante. Donde la ausencia de bolsas de shopping en mis manos representan mi fracaso como miembro productivo y activo de la sociedad.

No tolero sentirme emocionalmente manipulada de esta manera. Porque soy una persona que SABE que el dinero no es sinónimo de felicidad, porque me he desligado de mis bienes materiales en el pasado, porque he vivido la vida sencilla de tener techo y comida y plata para buses, y sobreviví. Porque he tomado la decisión consciente de que la plata NO lo es todo para mi. Porque me he salido de trabajos con buen salario por buscar otras oportunidades que permitan mi crecimiento personal… aunque paguen menos.

Salí del centro comercial sintiéndome desmoralizada por no tener suficiente dinero, por no poder comprar en las tiendas bonitas, por no tener poder adquisitivo para hacer algo más que caminar dando vueltas y vitrineando, y pensando en todo lo que podría hacer para tener más dinero, más status y ojalá un apartamento tipo Loft en el Poblado. Comencé a cuestionar mis decisiones de vida: por qué estudiar lo que estudio si la plata está en otras partes. Por qué dejé un trabajo de con salario fijo por la inestabilidad del freelance. Por qué me mudé a un país donde abunda el desempleo y subempleo y por qué me imaginé que sería diferente para mi, que me adorarían y buscarían contratar en toda parte? Qué voy a hacer a fin de mes, cuánto más me durará el poco dinero que tengo? De pronto desperté de esos pensamientos circulares… esta que está pensando no soy yo. Es un lado oscuro que sale y exige estas cosas y no piensa en lo que hay que dar a cambio.

Pero hoy tuve que batallar conmigo misma para recordar lo que ya sé. Lo que he aprendido. Para reconfirmarme que no me he equivocado al escoger mi oficio: Que las apariencias son una cosa diferente a la realidad. Yo no sé cual será el estado de cuentas de todas esas niñas lindas con bolsas y bolsas cargadas de ropa. No sé si estarán sobregiradas, si la plata será propia o papi paga o si llegarán a sus casas sintiéndose que aunque compraron lo suficiente para llenar esas cuatro bolsas de ropa, todavía no es suficiente: que deberían haber comprado más.

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