Ama de Casa

Miércoles, 19 de junio de 2013

Aunque no lo quisiera ni me lo hubiera propuesto, aparentemente en eso me he convertido. Organizo, me encargo de la comida, la ropa y mandados. Me sorprende que ya sean varios meses… no sé si lo disfrutaría más o me daría permiso para disfrutarlo si no fuera resultado de algo fuera de mi control como lo es el desempleo.  Afortunadamente somos más que capaces de vivir con los ingresos que tenemos sin necesidad de comernos los ahorros, pero no tenemos  para ahorrar más, ni planear paseos ni visitas a Colombia y a la larga esas son cosas importantes para nosotros también.

Una de las cosas de estar buscando empleo, es que te toca sentarte a cuestionar qué es lo que quieres hacer. En el pasado, mis puestos eran muy adaptados a mis habilidades y a lo que yo quería y podía hacer. Ahora me planteo el qué me gustaría regresar a hacer, cómo me gustaría trabajar y en qué y es mucho más difícil pintar ese retrato que sencillamente dejarme llevar.  Pero cuando me planteo lo que me gusta, también entiendo por qué no me está disgustando esto de estar en casa, porque al final de cuentas también cumplo con muchos de los objetivos.

Me gusta ayudar a la gente.

Me gusta organizar y ordenar cosas, ojalá categorizarlas. Es como terapeútico.

Me gusta compartir conocimiento.

Me gusta escribir.

Me gusta hacer cosas con las manos

Me gusta trabajar en proyectos creativos

Me gusta imaginar, planear, organizar, documentar y evaluar. La ejecución es lo que menos me gusta.

Me gusta resolver problemas.

Me gusta contar historias.

Me gusta dar consejos y recomendaciones.

 

Ahora, me toca descubrir como poner todo esto a generar ingresos.

 

LANA

Domingo, 5 de mayo de 2013

El viernes en la tarde, una amiga me mandó un msg por gmail, preguntándome si quería lana gratis. Respondí que definitivamente sí. Entonces madrugamos el sábado y fuimos al sótano de una de sus amigas, donde había encontrado unas cajas de lana que dejó una mujer aficionada a las artes manuales después de su muerte hace unos meses.  Salí con 3 libros (1 de patronaje, 1 de costura y 1 de patrones de tejido) una bolsa cargada de telas que todas combinan lindas para un quilt y con múltiples madejas de lana Manos del Uruguay “vintage”, todavía etiquetada y sin ovillar.  De camino nos topamos una venta de garaje, y entre las cosas encontré un sweater de cachemira a 3 dólares en un color precioso que pensé que podría canibalizar para sacarle la lana. La sorpresa fue al llegar a casa y darme cuenta que no sólo me sirve el sweater, sino que se me ve genial y se siente todavía mejor, suavecito y fantástico. Así que gané un sweater, pero perdí metros y metros de lana. Afortunadamente, el plan de domingo era ir al festival de lanas y ovejas de Maryland.

Mi amiga y el novio pasaron por nosotros, recogimos a otra chica y agarramos ruta. Una hora después llegamos al campo ferial, y de una vez fuimos a poner las mantitas a la par de la música en vivo e hicimos nuestro picnic: salsa de tomatillos, ensalada de lentejas con uvas, ensalada capresse, y de postre unas fresas enormes que rellenamos con chispas de chocolate que fueron el éxito.  Luego ya fuimos a recorrer las tiendas y toldos y yo fui en busca de un ovillo de lana particular.

Obviamente me topé un par de ovillos de lana para encaje que estaban muy baratas en otros colores, y las eché al saco, y después encontré el color q estaba buscando en el grosor que requería y listo, a ir a ver ovejitas y a comerme un helado.  Me hubiera gustado estar más tiempo, tal vez ir los dos días en vez de uno y sacar el rato para ver las demostraciones de perros ovejeros, pero como llegamos tarde, no teníamos tiempo de hacerlo todo.

Les quedo debiendo las fotos. Tomé una única foto, de una oveja, pero prefería disfrutar el día y no estar tomando fotos, que a veces causan que en vez de acordarme de una experiencia, me acuerdo de las fotos y no del total. Pero creanme que es una locura de colores y texturas y lana en bruto sin lavar y lana teñida sin hilvanar y lana ya procesada y pasada por la rueca y ruecas y agujas y todo lo que uno pudiera querer. Fantástico. El flaco nos acompañó, y fue un campeón. Era obvio que todo el asunto era mortalmente aburrido para él, pero nos acompañó con ánimo y gusto. Le debo una ida a un Blizzconf o a algún otro evento geek de los que no entenderé nada. Y llevaré mis lanas y agujas.

 

La patria la llevamos en el paladar

Jueves, 2 de mayo de 2013

Este artículo fue publicado por primera vez en inglés el 29 de abril de 2013 en Future Challenges con el título Imigrantes económicos: conservando la cultura a través de la comida. Acá la traducción al español.

¿Como imigrantes económicos, dónde encontramos nuestra identidad cultural? Las respuestas probablemente son tan diferentes como cada uno de los imigrantes que llegan a un nuevo país. Así que decidí preguntarle a algunos de mis amigos latinoamericanos que también han migrado sobre los lazos que los conectan con la cultura de su hogar.

En general pareciera que los lazos culturales se encuentran primero en las personas y segundo en la comida. Que en la medida de lo posible hacemos pequeños sacrificios para obtener los objetos que nos ayudan a conectarnos con nuestro pasado, ya sea comprando ingredientes para cocinar una comida tradicional, pidiéndole a familia y amigos que nos envíen paquetes con comida que extrañamos o descubriendo en la ciudad cuál es la zona popular de imigrantes o sus restaurantes. En general, esta conexión cultural también trabaja en doble vía: una vez que salimos de nuestra tierra cambiamos, y la clave de la felicidad es aceptar esta nueva cultura híbrida.

Box of Traditional Costa Rican food items
En Londres, Diana recibe un paquete de su mamá en Costa Rica. Foto de Diana Trimiño, usada con su permiso.

 

Laura Vidal, quien vive en Francia me contó de un fenómeno extraño: ¡la nostalgia de comida se puede dar aún con platillos que ni siquiera nos gustan! Hay sabores que le recuerdan a Venezuela, a su cultura de origen e infancia y traen recuerdos del calor del hogar, incluso cuando esos sabores no le gustan. Yo he tenido la misma experiencia, cuando me encuentro dispuesta a pagar por un paquete de galletas, aunque de niña las detestara porque eran unas pastas asquerosas que nunca quería comer. Es como si  a través de la distancia, después de años, el valor de los recuerdos de las fiestas de cumpleaños y loncheras le gana a cualquier cuestión de gusto.

Para Katherine Cerdas, quien se mudó de Costa Rica a España, la cultura es algo que llevamos por dentro, algo que cargamos con nosotros como mezcla de  aprendizajes y costumbres. Entonces, cuando llegó la nostalgia, decidió aprender a cocinar en España, para poder cocinar platillos tradicionales costarricenses.

Katherine y yo tropezamos con el mismo reto: encontrar los ingredientes adecuados. Gracias a la globalización, ya hay algunos productos disponibles a través de fronteras, y ella ha sido capaz de encontrar tamales para diciembre hechos por una familia en Madrid, o enviados desde Alemania por correo. Es difícil encontrar los ingredientes regionales y étnicos para muchos platillos, como las hojas de plátano para los tamales, sobre todo si la comunidad imigrante de ese lugar no es particularmente numerosa.

En mi barrio puedo encontrar muchos productos centroamericanos así como peruanos, pero no puedo ir de compras con una receta específica en la mente, tengo que más bien ir a ver que encuentro y trabajar según esos parámetros. Hay supermercados más grandes dirigidos a la comunidad latinoamericana, pero ya que no vivo cerca ni tengo automóvil, no puedo llegar a ellos con facilidad. Internet me brinda la oportunidad de comprar algunos artículos, pero podría terminar pagando 10 veces lo que pagaría en casa por el mismo producto. Con un presupuesto es difícil justificar el gasto. Entonces aprendo a vivir sin eso, o cocino algo similar con ingredientes que sí se consiguen, haciendo mi propia versión de comida fusión colombiana. Aunque por más que pueda prepararme un perro caliente con huevos de codorniz, ensalada de repollo, ripio de papa, salsa de piña y queso encima, comerlo en casa no es lo mismo que parar en un carrito al lado de la calle, sentarse en la acera a comerlo y ver gente pasar.

Una de mis amigas desde kindergarten que ahora vive en USA descubrió esto también – que no es la comida en sí la que logra la conexión cultural, sino la gente alrededor de la mesa, el aspecto social de la comida. En Perú, los almuerzos familiares son importantes y algunos platos sólo se comparten como parte de una ocasión especial: entonces aunque haya restaurantes peruanos alrededor de la ciudad, no está la conexión con la familia y el sabor no es el mismo. Incluso los mismos ingredientes saben diferente cuando se consiguen en un lugar diferente.

La comida también se convierte en un lazo con el nuevo hogar. Para Denise Duncan, una autora Costarricense quien vive en España, esto ha generado algunas cejas levantadas cuando ella visita y las personas se enfrentan a sus nuevas preferencias alimenticias a la hora de la comida. Aunque ella siempre pide a quienes la visitan a España que le traigan una botella de la Salsa Lizano de Costa Rica, cuando ella viaja a Costa Rica ella trae consigo sus gustos recién adquiridos, tomando vinos españoles y usando aceite de oliva virgen, a pesar del costo adicional. Para ella, es parte de la riqueza de migrar, y disfruta ese proceso.

Otra amiga, Paula Calvo, descubrió que tenía más en común con su nueva cultura que con la que dejó detrás. Cuando se mudó de Costa Rica a Europa, se acercó a la historia de su familia. Aunque nunca había conocido a su abuela quien había imigrado de España a Costa Rica, pudo llegar a conocerla a través de las costumbres y tradiciones españolas que resonaron con su propia crianza y estas nuevas experiencias la acercaron a las mujeres de su familia, descubriendo que tenía más en común con España de lo que había pensado. Cuando regresa a Costa Rica y escucha comentarios de qué bueno que no se le ha pegado el acento, responde que aún si hubiera llegado con un nuevo acento, no debería importar. Hablar de una u otra manera no la hace menos persona. Y creo que esa es la lección que debemos aprender, que una cultura no es mejor que otra y que deberíamos estar abiertos al cambio tanto en nosotros como en los demás.

Al final de cuentas, como imigrantes económicos tomamos una decisión de mudarnos a un lugar diferente por mejores oportunidades económicas, para experimentar nuevas culturas y aprender nuevas cosas. Esto no significa que le estemos dando la espalda a nuestra cultura de origen, y tampoco significa que no podemos cambiar. Tal vez no podamos comprar la comida importada, comer en restaurantes de nuestro país y regresar a casa o pedir productos en línea para saciar la nostalgia, pero los aspectos importantes de nuestra cultura, bueno, esos los cargamos por dentro.

Instinto Gaterno

Domingo, 28 de abril de 2013

A la gata le abrimos las ventanas para que pueda entrar y salir de la casa, y tener una vida un poco menos sedentaria. En invierno se las abríamos y ella apenas sacaba la nariz, olía el frío y se regresaba a meterse debajo de las cobijas con el flaco. Pero ahora que primavera ha llegado, le dejamos las ventanas abiertas para que venga y salga a su antojo. Hoy la gata salió como cualquier otro día, con la diferencia que no vino a casa para almorzar. Usualmente ella no se aleja mucho, puesto que hay varios gatos aquí en el vecindario que si bien parecen ser amistosos, a ella no le caen bien y verlos afuera de la casa es garantía que la gata entre corriendo y defienda su territorio de ventanas para adentro. Temprano uno de los gatos vecinos, que es enorme y gris había venido hasta la ventana y trató de meterse, pero como estaba cerrada pegó la nariz contra el vidrio y nada más se contentó con mirar. Después siguió su recorrido.  Me quedé pensando si se habría encontrado con el gato en la calle o si algo le habría pasado. La gata tiene microchip y usa un collar con el certificado de vacunación q dice el nombre de la veterinaria y su nombre, así que si estuviera perdida y la encontraran, nos podrían avisar. Sin embargo, todo eso depende de que la gata esté en un lugar visible, no se le haya caído el collar y no era seguridad de encontrarla viva.

Después que me mudé de Monteverde a San José con la gata,  yo le hice una salida para que pudiera entrar y salir del apartamento por su cuenta, para no interrumpir sus hábitos de gata libre y para que no se aburriera sola en la casa. Un día de tantos, se perdió varias horas, pero yo no me preocupé pennsando que se estaría divirtiendo en la calle.  No me di cuenta que estaba escondida debajo de la cama sangrando por un encuentro con alambre de navajas hasta entrada la noche, cuando me puse a buscar una de mis medias y topé con la bola pegotuda que era la gata en shock. Después de una ida a emergencias y múltiples puntadas, llegó a la casa con la mitad del pelaje rapado y pintado de algo plateado, seguro que antibiótico y lamento que en esas épocas no tenía cámara, porque parecía robocop.  La gata se recuperó y no le quedan indicios que recuerden que casi se le peló la cola como tirabuzón ni que se le podía ver el músculo en su costado y tenía todo el cuello descubierto.  Todas esas imágenes regresaron a mi mente.  El flaco salió a buscarla, miró por el frente y por detrás, la llamó y dió una vuelta por el callejón. Y nada.  Treinta minutos después el flaco salió otra vez, y todavía no aparecía. Me decía que tranquila, que seguro había cazado algo y por eso no tenía hambre, pero yo conozco a la gorda. Ese apodo no es gratis, le encanta comer.  Así que aunque pasé el día hoy en cama por una gripe que me tiene la cabeza como esponja y la nariz como gotera, me levanté, me puse ropa y salí a buscar a la gordibus.

Salimos al callejón y la llamamos. Dí la vuelta por donde usualmente la he encontrado y la volví a llamar, y nada. Dimos la vuelta a la manzana, yo llamándola como la loca de los gatos y nada. Maaaalibuuuu.  Gooooooorda. Gordiiita. Gordibuuuus.  pstt psst psst. Nada. Nos fuimos por el lado lejano de la cuadra, por donde ella no se anima a ir en caso que le hubiera dado de exploradora hoy. Nada. De regreso vimos un gato esconderse debajo de un carro, y era el gato gris grandote que merodea por la casa. Me quedé un rato con el gato gris, y le decía psst psst psst a ver si me hacía amiga de él, como si por hacerme amiga del gato me fuera a dar información de la gordibus.

 

En eso que miraba al gato gris, escuché a la gorda. Escuchaba las plaquitas del cuello y sus maullidos, pero era imposible saber de dónde venían. El flaco no escuchaba nada, pero algo me decía a mí que la gata estaba por ahí, aunque no la pudiera ver.  Me fui entre unos carros, por las partes traseras de unas casas y algo me decía que estaba cerca. Era jugar frío y caliente. De pronto llegué y la escuché más claro, pero muy bajito. Me puse de rodillas y me metí debajo de unos pisos de madera. La escuchaba pero no la veía por ningún lado. De pronto vi un agujero pequeñito en la pared de ladrillos que estaba cubierto de una rejilla metálica y de ahí venían los maullidos! Me acerqué y cuando la gata me sintió más cerca se puso a maullar más duro y a pegar su nariz a la rejilla y ahí sí escuché su canto de “oh miseria” que usa cuando la llevamos en carro a alguna parte.  Estaba en el espacio debajo de la casa, pero por más que busqué, no encontré por dónde hubiera podido meterse. Pensé que seguramente ella tampoco lo encontraba. Llamé al flaco para que se quedara con Malibu y yo me fui a buscar si había entrada más accesible por el frente de la casa, pero no encontré ninguno. El flaco fue a tocar en la casa a ver si nos abrían y ayudaban a rescatar la gata, y mientras eso yo miraba cómo podría lograr que saliera de ahí.  La gata estaba detrás de una tabla atornillada a la pared para tapar el acceso subterráneo, y aunque había suficiente espacio entre la tabla y pared en la parte de arriba y abajo para que la gata pudiera sacar su patita buscando mi mano, no era suficiente para que pudiera salir por ahí. Cuando regresó el flaco a contarme que nadie le había contestado, le pedí  que trajera un desatornillador y con eso quité la tabla por un lado lo suficiente para que pudiera salir la gata, luego dejé todo como estaba originalmente.

 

Mientras la gata estuvo ausente, yo me sentía como la mamá que piensa que ya murió su adolescente porque  no se han reportado por 3 horas, cuando en realidad están pasándola bueno conversando con los amigos.  Que debería dejarla ser, no preocuparme innecesariamente. Pensé en la gata de el flaco que un día se perdió en una casa vacía, y otro día en que la encontraron en la calle y alguien le había pateado tan duro que le rompieron la cadera.  Pensé en el peor de los casos y en el mejor de los casos y agradezco que decidí seguir intentando. No sé si la gata hubiera sido capaz de eventualmente encontrar una salida, pero pienso que si hubiera sido capaz, no se habría perdido del almuerzo.  Así que hoy estoy feliz de tener a la gata acá durmiendo al pie de la cama, porque sé lo terrible que hubiera sido que llegara esta hora, y ella no estuviera con nosotros.

 

Aprendiendo

Viernes, 26 de abril de 2013

Ya voy acomodando cositas en la agenda. Para las próximas semanas tengo unos cursos de escritura creativa, de grantwriting, de manualidades, salidas con las chicas de tejido, hoy fui a comprar mi libro para tejer el sweater y me lo firmó la autora y salió una oferta chévere a la que mandé hoja de vida esta semana. Hay días en los que miro y veo un montón de puestos para los que no estoy calificada que me encantarían, y otros días en los que hay mucho trabajo que podría hacer y me harían miserable.  Entonces un día donde encuentro algo que me parece super chévere y cumplo los requisitos es fantástico.  A veces me pasa eso del síndrome del impostor, donde me pongo a pensar que no sé nada y que mejor no postulo porque no califico. Y habrá veces en los que sea cierto (no tengo doctorado ni estudios en relaciones internacionales, por ejemplo) pero hay otras en las que no me doy tanto crédito. En fin.

Me inscribí como voluntaria en una organización de reutilización creativa de desechos, y espero poderles ayudar en lo que se pueda!  Estoy preparando comidas ricas en casa, voy al gimnasio y todavía estoy esperando encontrar alguna amiga con la cual salir a trotar: el grupo que hay por acá cerca van rapidísimo, con sólo decirles que yo a mi 95% de capacidad apenas me mantenía al paso de convalescencia de una de las chicas que estaba en recuperación de un accidente de tránsito. Pero como hay carrera a finales de Mayo, ya esta semanita que entra sacaré el rato para meterle cardio, y con el grupo del gimnasio iremos a hacer una visita a la ruta.

Ya tengo un nuevo artículo próximo a salir en Future Challenges, y me hace supremamente feliz que les guste lo que escribo. Ya para dos ediciones de la revista que sacan mensualmente seleccionaron mis artículos de entre decenas de muchas otras partes del mundo y a veces cuando me siento un poco desmoralizada por el desempleo me acuerdo que sé escribir, y que lo hago bien y me están pagando por lo que escribo y estoy siendo publicada. Se siente bien.

Esta semana el flaco estuvo con gripa y trabajó desde casa: extrañaba mucho tenerlo cerca todos los días. Cuando recién nos mudamos acá y los dos estábamos trabajando en casa, la gente preguntaba si no nos desesperaba… y pues no! Disfruto muchísimo estar con el flaco y como él no es intenso ni nada, podemos estar los dos juntos haciendo cada uno su vaina e igual estamos compartiendo. Lo malo es que siento que soy ahora yo la que se está enfermando, espero que no me de tan duro a mí como le dio a él!

Pucha, ya me aburrí yo sola con este post. La vida tranquila es poco apasionante! Tal vez algún día comparta otra ves recetas, o manualidades, o paseos y aventuras. Por ahora me comprometo a escribir algo, pero no sé qué tan interesante sea.

Un año más

Viernes, 19 de abril de 2013

Ha sido un cumpleaños extraño. He pasado todo el día en casa, revisando y contestando los innumerables saludos de cumpleaños a través de facebook o twitter. Pensé en salir a almorzar, pero preferí quedarme en casa. No tenía nada hecho, así que me calenté una sopa de lata y eso fue.  El flaco me entregó el regalo ayer en la noche, el de mi hermana llegó también ayer por correo y lo abrí en la mañana. Ahora subiré a cenar donde mi hermano con mis papás y el flaco y mi cuñado y ese será el día.
A pesar de todos los saludos en Facebook, hace falta la llamada, la invitación a tomarse un café o almorzar, la conversada y el abrazo.  Aunque me siento feliz de tener a mi familia cerca, porque he tenido cumpleaños donde he estado alejada de familia y amigos y ha sido difícil, hay un poco de duelo por lo que no fue. Por no tener a los amigos cerca, por no tener amigos nuevos con quién compartir. Por eso preferí quedarme en casa con la gata, leyendo, limpiando la casa, entreteniéndome con juegos bobos en el celular. Porque lo que quería era amigos, y sabía que subir a charlar con mis papás no resolvería esa necesidad y me daba miedo de resentirme con ellos porque no estaban llenando ese vacío. Mejor dejar las cosas así, y darme mi espacio para sentir lo que quiero sentir, sacarlo del sistema y después poder ir a disfrutar de la cena en familia.

Un año más, un año de muchos cambios y retos. Tratando de redescubrir quién soy.

 

Tiempo

Jueves, 11 de abril de 2013

Ya llevo mes y medio buscando trabajo. Durante el día lavo ropa, cocino algo, voy al gimnasio, leo un poco… y paso en internet con la excusa de no perder el contacto, de buscar trabajo pero a veces se me va el día procrastinando y a veces me desanimo de ver que no hay ofertas laborales, o que nada se ajusta a lo que quiero (o puedo) hacer.

Me siento culpable de estar en casa, pero a la vez también sé que está fuera de mis manos. Todas las semanas envío 3 hojas de vida en promedio, pero no recibo respuestas. Hoy tuve una entrevista y resulta que para el puesto tendría que mudarme a Nueva York, entonces ni modo.

Hoy tomé la decisión de que dejaré de sentirme culpable. Toda mi vida hice planes de todo lo que haría si tuviera tiempo. Hoy en día tengo tiempo y además la ventaja que el flaco me apoya.  Entonces en vez de pensar en el hecho que no tengo trabajo, pensaré en que sí tengo tiempo.  Así que haré una lista de cosas que me gustaría hacer con él, asumiendo que igual seguiré buscando empleo por lo menos dos días a la semana. En ningún orden en particular:

1. Tomar clases gratuitas.

2. participar de un voluntariado.

3. tejer un sweater.

4. salir a trotar ahora que llegó la primavera

5. usar la máquina de coser una vez por semana

6. escribir en el blog un poco más

7. seguir cocinando y comiendo sano

8. correr el capitol hill classic 10K

9. socializar (y hacer amigos)

10. seguir cuidando y organizando la casa

A ver cómo me va!

Los milagros del sol

Miércoles, 27 de marzo de 2013

Pasé un fin de semana fantástico en San Francisco, lleno de sol y de amigos y risas y fue lo que necesitaba.  El motivo fue que iba a presentarme en una conferencia sobre descripción de videos para invidentes, para hablar de cómo se podría manejar el control de calidad si se dispusiera un sistema para hacer descripción a través del crowd-sourcing.  Iba representando a mi empresa anterior, porque era un compromiso adquirido desde antes de saber que ya no seguiría con ellos y ya tenía tiempo y energía invertidos en eso, además de tiquetes y hotel para mi y el flaco, quién se pegó al paseo aprovechando que ya un tiquete estaría pago.

En la conferencia aprendí mucho: resulta que en mi ignorancia, hasta hace poco no sabía que para la gente ciega, hay personas que “describen” los videos y películas, y es un servicio que se puede conseguir y usar a través de la televisión. Entonces en esas escenas donde se “muestran” cosas importantes, tales como letreros que nadie lee o que hay acción sin diálogo, una voz describe lo que sucede y las personas que no ven pueden saber qué está sucediendo sin tener que adivinar. Por ejemplo esta descripción de The Green Mile. Obviamente resulta obvio: la descripción ha existido desde siempre, desde que alguien se sentó a la par de otra persona que no podía ver y le narró lo que sucedía frente a ellos. Ahora es que hay maneras mecánicas de hacerlo sin requerir un amigo o familiar.

Nos quedamos en Japan Town, una zona de SF hacia el norte y como su nombre lo indica, estaba llena de personas, comida, locales y TODO Japonés. Estuve en el paraíso. Comi bentos baratísimos, sushi, mochi, crepes con helado de té verde y salsa de frijoles rojos, compré chucherías y cientos de hojas de papel para origami. En las noches salíamos con amigos a recorrer la ciudad y charlar tomándonos algo y el fin de semana me fui a quedar con una buena amiga que conocí gracias a este blog por allá en sus inicios, que ahora vive allá en SF.

Paseamos. Caminamos por el Golden Gate. Subimos la torre, miramos el mar, subimos a los cerros y observamos el panorama. Comimos sabroso, nos empapamos de la ciudad. Quedé con ganas de regresar.

Ya de vuelta en DC, sigo enviando hojas de vida, buscando oportunidades de trabajo, viendo a ver a qué me gustaría dedicarle los próximos años de vida. Poco a poco van llegando los mensajes de “lo sentimos, escogimos a otros candidatos” y los de “cuando hagamos la preselección le avisamos”. En una semana llegan mis papás de visita, y de cierta manera pienso que es fantástico el saber que voy a poder disponer de todo mi día para estar con ellos y así trataré de buscarle el lado bueno a la situación. Ya estamos en medio del festival de cerezos y el sábado iré con mi hermano y el flaco a volar cometas y ver la competencia de cometas, rodeados de hermosos cerezos en flor. No ha cambiado mucho de mi situación actual, los problemas que tenía los sigo teniendo, pero con el sol alejando la depresión, he encontrado energía y ánimo para ver esto como una oportunidad y sacarle el mayor provecho a la situación.

Latina Immigration, Suicide and Belonging

Viernes, 15 de marzo de 2013

I wonder how much of my feelings of not fitting in, ever, had actually to do with having been considered an immigrant all my life, never having the chance to live in a place where I was considered 100% local. It is something most people take for granted, that they have at one time been in a  place in the world where they have felt like they belonged.

In Perú I was always strange because we didn’t do things the Peruvian way, in Costa Rica I had to completely aculturize after bullying in my first few months in school, where I learned lightning fast that speaking in an accent and doing things differently was not going to be a possibility… eventually I was able to feel like I belonged, but only by trying to remove all traces of my past identity. And then, there would be moments in life that I’d be jarred back into reality and reminded me that I was not a tica and did not have the same rights they did. In Colombia I got used to the fact that having a Colombian ID was not enough: I hadn’t studied there, I didn’t have the common experiences and for all intents and purposes, I was foreigner when it came to banking, housing and work.

Now as an immigrant in the USA, I teeter between wanting to fit in and feel like I belong, and letting go of that expectation, because I will always be an outsider. I fear I will be sardined under the “latina” tag, with all the negative stereotypes that conveys and then twice damned because even that group would possibly not consider me “latina” enough, and I can’t really say I’ve felt the full discrimination they might have, because of the lottery that is skin color.

AlJazeera’s The Stream just made a show on the reasons behind the rise of Latina suicides, particularly in New York. Apparently the main causes are feeling like you don’t belong anywhere, lack of parental availability (emotional or physical) , and the divide between expectations at home and expectations outside. They mention that weight issues such as pre-diabetes and obesity also affect teens emotional well-being. I could be a case-study for that as well.   While I did struggle with self-destructive thoughts and tendencies, I can only say that family support and access to mental health specialists when I felt I had reached my breaking point kept me safe.  I am glad people are bringing this out to the open, that there are organizations dealing with making young  immigrants feel integrated and happier. I wish I had known that my feelings were normal and that other kids were going through the same thing, and being able to get in touch with those kids.

As an adult, I feel disappointed that this is still an issue for me, it feels like failure that after all this time, growing up and learning more about life, I still deal with the feelings of inadequacy that being an outsider brings. I still desperately want to belong. It is rough to feel outside all society, and I guess that is why I love internet and the world it opened. It was a place with no nationality, no borders, where the bottom line was the common interests we had and not where we were from.  But as the web closes up with paywalls and pay for access sites, and the “this video is not available in your region”, it is once again bringing forth those barriers.  So I find myself looking outside once again for a way to deal with this.  I am feeling a lot of pressure trying to fit into the USA, and this pressure just comes from within, and my wish to feel like an insider.  Today, an article I wrote for Future Challenges titled A Woman’s Work is Never Done came out, and it touches on this topic: how as female immigrants we have to balance out the expectations we already bring with us with the stereotypes and expectations in our new home:

Girls are being raised to dream big and reach for the moon. Even so, it seems that for many the message being received is that if you don’t actually touch the moon, you’re a complete failure.

As I mention in the ending of my article, I’m still working this out in my head.   As I’ve landed unwittingly into the land of unemployment, I have to accept that this does turn me into a “homemaker” while I find something else.  I either have to redefine what all these words are so that my life makes sense to me once again, or just learn how to deal with expectations and not care.

Niebla

Miércoles, 6 de marzo de 2013

Ha sido un mes difícil. Me gustaría pensar que van mejorando las cosas, pero no es cierto.  Siento que estoy caminando por un valle y las montañas me rodean y están ahí, cerca, pero no soy capaz de llegar a ellas. Vacilo entre momentos de pensar que debería amarrarme bien los pantalones y salir adelante y otros en que sencillamente no tengo la energía de hacerlo.  Cuando trabajaba pensaba en todo lo que haría si no tuviera que trabajar: coser, tejer, cocinar, salir a caminar, ir a ver tiendas, conocer la ciudad. Ahora con costos salgo de mi apartamento. Programo salidas a ver si me fuerzo a socializar y a última hora cancelo para quedarme sentada en el sofá. Cuando logro salir, es una breve pausa en las que no mejora el ánimo, pero me distraigo. Pero todo el camino de ida y regreso nuevamente siento que camino sobre pantano.  Voy como sonámbula, pensando que tal vez pronto despertaré.
El domingo en el mercado, la sola idea de escoger vegetales y tener que interactuar con el señor que vendía las coles de bruselas me hizo sudar frío y quedé paralizada. No era capaz de articular, mi cerebro quedó patinando y sentía ese frío que salía del estómago luchando con la necesidad de quitarme toda la puta ropa de encima. Tuve que ir a esconderme donde no viera la gente, donde no escuchara el ruido, donde pudiera concentrarme en tomar agua y respirar. Se pasó así como vino, pero fue una sensación tan desconocida, tan ajena que todavía no sé qué hacer con esa información.

No logro encontrar felicidad. Las cosas que me alegraban ahora no resuenan.  Busco como adicta el próximo video de internet que me haga sonreir, que me haga reir. Y lo encuentro y lo logra y me siento bien por un par de respiros y nuevamente siento que lo que hice fue llegar a la superficie y tomar una bocanada de aire y nuevamente algo me jala de los pies y me devuelve al fondo.  Sé que la enfermedad que cargo trae consigo depresión. También es una advertencia de los medicamentos que tomo. Estamos todavía en invierno y acá eso también lo han catalogado como causa de depresión : el Seasonal Affective Disorder o SAD. A eso le sumamos lo del desempleo… causas y motivos me sobran,  pero nada hago con eso. Lo que quiero es salir de este hueco.

Que llegue ya mi primavera.

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